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miércoles, 16 de mayo de 2007

Soy lo que leo cuando leo, por Miriam Hergenreder

Aunque las distancias y el tiempo a veces nos desconciertan con su atrevida interferencia, suelen tener el mérito de permitirnos vivenciar sucesos que valen la pena: el reencuentro con ciertas personas especiales y el resurgir de lazos de comunicación. En los últimos tiempos me han sucedido un par de ellos, y además -en este caso- me permitieron recuperar a una querida amiga docente, quien es la lectora adulta más voraz y feliz que conozco… ¡Gracias Miriam!....por acercar tus palabras al blog y espero muuuuuchos escritos tuyos más.
Gabriela

Soy lo que leo cuando leo,

cuando abro la cubierta de un libro

y me sumerjo en lo profundo …

de un océano, del tiempo,

de un espacio ilimitado de sensaciones

y deseos inconfesados, pero presentes.

Soy lo que leo

cuando me visto con la piel de un personaje,

y sufro, río, sueño, amo, siento.

Cuando me es cómodo su vestido de época

y huelo el humo de la cocina,

me paseo en los salones victorianos

o cabalgo al viento por la justicia.

Soy lo que leo

cuando cierro los amados libros

y vuelvo a “la vida real”

con las mismas ganas de vivir

que mis héroes o heroínas de novela,

cuando reconozco en una mirada abierta

o en una sonrisa encendida

esos personajes que animan

las páginas de mis novelas.

¿Cuánto tiempo más nos puede llevar...?

Hay ocasiones en que me pregunto… ¿cuánto tiempo más nos puede llevar producir cambios significativos en las experiencias áulicas vinculadas a la enseñanza y el aprendizaje de la lengua?
Ya llevo quince años percibiendo a mi alrededor tan escasas revisiones, tan arraigados y fosilizadas prácticas, tan acendrada negativa a modificar/cuestionar/poner en duda contenidos que tal vez están más cerca de la gramática de Nebrija (1492) que de las tendencias actuales del saber lingüístico… que me dan sinceras ganas de tener una pataleta, un buen berrinche como los de mi infancia.
Sí, es para reírse, pero una sólo logra que se le suba la presión y las cosas siguen igual…
Mis practicantes me dicen: “Pero me dijeron que haga elaborar oraciones para aprender la letra s”, “Me dieron como tema la clasificación de los sustantivos”, “Tengo que preparar análisis de oraciones”…
Y yo los miro desalentada y les pregunto: ¿qué me dicen sobre lo que aprendieron y acordamos poner en práctica?, ¿qué leímos ayer?, ¿qué tienen para argumentar el respecto?, ¿les parece que es posible trabajar esos contenidos?... ¿yo les enseñé a hacer eso? Y ellos me miran, pobres, más desalentados que yo…
No se asombren de que mi lema en relación con mis ex alumnos ya docentes sea: “Yo no me hago cargo de lo que andan haciendo por el mundo”, porque la verdad es que me niego a avalar ciertas prácticas que evidencian que el sistema los devoró, que tres años de esforzado proceso de análisis no fue suficiente y no tuvieron el valor de defender lo que sabían… Ah, sí, tengo por allí unos pichones maravillosos, creativos, osados, irreverentes que se atrevieron a romper las reglas, a desafiar directivos y al status quo, que piensan, y crecen y crecen y siguen creciendo.
Gracias, Alejandra, por hacer tanto porque tus chicos aprendan, y por entibiarme el corazón con la certeza de que es posible cambiar la educación…
Gabriela

miércoles, 9 de mayo de 2007

Soy lo que escribo, soy como escribo... (2da. Parte)

Como prometí tiempo atrás, continuaré poniendo a disposición de ustedes, mis estimados lectores, los trabajitos de escritura de dos grupos de alumnos de Polimodal surgidos a partir del texto Eres lo que escribes, eres como escribes (www.escribesinfaltas.blogspot.com), el cual generó una serie de producciones que escapándose del corsé del esquema propuesto se internaron en planos inusitados de la significación personal que para estos chicos tiene la escritura... Perdónense las pequeñas falencias, pues el producto tuvo un poco de espontáneo y no se retrabajó con la sistematicidad habitual que solemos dar al proceso de escritura, tienen estos textitos algo de diamantes en bruto, haciéndonos pensar acerca de cuándo es que los grandes abandonan/pierden/rehuyen ese vínculo particular con la palabra escrita...
Eres lo que escribes, eres como escribes
Soy lo que escribo porque así soy.
Porque me tranquiliza
Porque el tiempo pasa más rápido.
Porque me gusta.
Soy lo que escribo cuando estoy sola.
Cuando pienso en algo o alguien.
Cuando estoy bien.
Cuando me pasa algo malo.
Soy lo que escribo, por lo tanto me gusta escribir para desahogarme.
O también para ver lo que pienso o quiero.
N. C.
Soy lo que escribo porque cuando escribo me desenvuelvo.
Porque doy lo mejor de mí tratando de olvidar lo feo.
Porque al escribir no interesa si el día es bueno o desagradable.
Porque desahogo penas en una frase...
Soy lo que escribo cuando tengo muchas ganas de escribir.
Cuando produzco algo que me gusta.
Cuando lo que expreso es interesante.
Cuando creo un poema o un cuento.
Soy lo que escribo, por lo tanto con mis palabras se darán cuenta de mi estado de ánimo.
Descubrirán lo que pienso.
Se imaginarán que es lo que siento.
Conocerán todo de mí.
B. A.
Soy lo que escribo porque escribo lo que siento y pienso…
Porque desahogo mis pensamientos,
Porque imagino… e imagino sin importar lo que queda por esperar,
Porque es el resultado de mis confusos impulsos,
Porque es la manera de expresar mi forma de vivir,
Porque cada palabra vale tanto como mis pensamientos.
Porque debo saber que tengo mucho por entender y comprender en esta vida,
Porque siempre están presente los límites, los tiempos justos e injustos,
Porque tengo millones de ilusiones por escribir,
Porque tengo mucha tinta por derramar en un papel hasta darle un fin.
Soy lo que escribo cuando lo hago por mi propio interés.
Cuando alimento mis saberes, mis gustos e ideas.
Cuando pienso, y pienso lo que quiero, aún cuando nunca llegue a alcanzar mis deseos.
Cuando me expreso sin importar quién lo va a leer o lo que se va a interpretar o criticar de él.
Soy lo que escribo, por lo tanto dejo surgir de mí, mis más profundas palabras que lleguen al corazón,
que hagan derramar lágrimas de las personas más difíciles de llorar,
por lo tanto las hojas hablan de mis sueños, tristezas y certezas.
Cada renglón describe cada minuto que vivo, porque es un reflejo de mi alma, de mi interior.
D. S.

domingo, 29 de abril de 2007

Agradecimiento a Diario UNO de Paraná por tener en cuenta mis pequeños logros

Diario UNO de Paraná -Entre Ríos, Argentina- nuevamente adhirió a un logro que me toca muy de cerca, tanto en lo que respecta a mi profesión como al crecimiento personal.
En este caso, llegado el dato hasta ellos, tuvieron la gentileza de llamarme para realizar una entrevista en relación con mi presentación de la ponencia "¡Alohomora!... O de las puertas que abrió Rowling" en el 10° Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro, en la 33° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Pongo a disposición de ustedes la misma, en la cual tuve el gusto de dialogar con Liliana Bonarrigo acerca de la literatura fantástica (para niños, jóvenes y adultos), la lectura y ciertas tendencias en esta y el cine actual.
Este medio ya había apoyado mi labor anteriormente, pues no sólo se interesaron cuando viajé a Madrid en el 2005, sino que me ayudaron en dicha ocasión en que debía costearme los gastos a Buenos Aires, desde mi provincia.
¡Muchas gracias!
Gabriela Monzón
Para acceder a la entrevista completa en la versión on line de UNO: hacer click en la foto:

domingo, 15 de abril de 2007

¡Alohomora! Rowling me abrió una puerta... en la Feria del Libro

Me parece adecuado contarles a todos aquellos que visitan este blog, que han navegado en torno a esta isla, indagado en sus ensenadas y cavernas... que el trabajo de investigación "¡Alohomora!...O de las puertas que abrió Rowling" -transformado en ponencia- viajará a la Feria del Libro de Buenos Aires.
Me fue informado por el Comité de Selección del 10° Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro, que el domingo 22 de abril, a las 10:00 de la mañana, expondré en la Sala Alfonsina Storni.
Imaginen el orgullo y la alegría de llevar a este evento un resumen de ese "mamotreto", "mi pequeño monstruito", como dimos en llamar al engendro que fue mi Trabajo Final de Postítulo con mi querida Lila Daviña -profesora, guía y amiga- que coordina no sólo el Postítulo de Actualización Académica en Literatura para Niños del Instituto "Almirante G. Brown" de Santa Fe, sino que me ayudó con él...
Gracias... a todos los que me han alentado y me alientan a aprender y a crecer...
Gabriela

domingo, 25 de marzo de 2007

Soy lo que escribo, soy como escribo... (1a. Parte)

A partir de la interesante iniciativa de www.escribesinfaltas.blogspot.com, a la que me sumé gustosa, se me ocurrió llevar a dos de mis grupos de alumnos de Polimodal el texto Eres lo que escribes, eres como escribes, para promover el debate y la reflexión sobre su propia escritura.
Y como sucede más de una vez... las propuestas que uno piensa evolucionan inesperadamente o se transforman de manera inusitada. Así sucedió esta vez, pues aunque pretendía reflexionar acerca de las normas de la lengua escrita, la situación se transformó en una instancia de valoración de la escritura como modo de expresión único. Por esto, les propuse a continuación la creación de un texto personal a partir del completamiento de una estructura que implicara desarrollar la idea de la campaña… y he aquí el resultado.
Puestos a crear y reflexionar, este grupo de adolescentes expresó con sus palabras su vínculo con la escritura.
Nota: A raíz del número de textos, los presentaré en varias etapas.
Eres lo que escribes, eres como escribes
Soy lo que escribo porque mi personalidad me identifica en mis expresiones.
Porque mi imaginación es un mundo de alas.
Porque la vida me ha enseñado a valorar la sabiduría.
Porque es la forma de expresar lo que siento.
Soy lo que escribo cuando mis palabras surgen de la nada.
Cuando mis sentimientos se convierten en historias.
Cuando mis sueños se vuelven realidad.
Cuando mi alma está angustiada.
Soy lo que escribo, por lo tanto me describo como soy,
es mi forma de pensar,
mis propias ideologías
y mi propia historia.
C. M.
Soy lo que escribo porque me reflejo en la escritura.
Porque me muestro como soy.
Porque expreso lo que siento en cada momento.
Soy lo que escribo cuando necesito desahogarme.
Cuando necesito que me escuchen.
Cuando un amigo fiel que no le cuente a nadie.
Cuando simplemente quiero escribir.
Soy lo que escribo, por lo tanto si leés podés conocerme,
Y saber lo que siento y pienso en cada momento.
No intentes corregirme así soy yo.
N. A.
Soy lo que escribo porque escribo lo que siento.
Porque refleja mi estado de ánimo.
Porque me hace sentir mejor.
Porque me siento más aliviada.
Soy lo que escribo cuando necesito expresarme.
Cuando no me siento bien.
Cuando estoy feliz.
Cuando me invade la soledad.

Soy lo que escribo, por lo tanto podés conocerme

a partir de lo que escribo,

porque las palabras simplifican mi forma de ser y pensar.

V. S.

Soy lo que escribo porque con la escritura trato de huir de la realidad.

Porque me gusta crear mis propias formas de expresión.

Porque necesito mostrar mis sentimientos a alguien.

Porque con las palabras vuelo a otro mundo de fantasía.

Soy lo que escribo pues cuando estoy bien , escribo bien.

Pero cuando no tengo ganas, no escribo nada.

Porque cuando estoy mal, lo hago todo desprolijo.

Porque cuando estoy aburrida, invento frases y poemas.

Soy lo que escribo, por lo tanto soy lo que soy.

Podría armar un diccionario con mis propios términos,

pues a través de mis palabras los demás

me pueden ver como una persona sensible.

R. G.

Soy lo que escribo porque reflejo mi personalidad.

Porque demuestro mis problemas.

Porque escribo lo que siento.

Porque me tranquiliza.

Soy lo que escribo cuando estoy triste,

cuando tengo problemas,

cuando extraño a alguien o algo,

cuando estoy mal.

Soy lo que escribo, por lo tanto todos pueden conocerme.

Si lees lo mío, podrás darte cuenta de los que siento y soy.

Mi escritura representa todo lo que quiero.

S. W.

sábado, 24 de marzo de 2007

En defensa de la fantasía…

En estos días en que los argentinos nos detenemos a reflexionar muy particularmente acerca de las libertades, los derechos humanos y los eventos trágicos de nuestra historia que aún siguen impunes, no puedo menos que recordar los tiempos de mi escolaridad en los que de ninguna manera hubiésemos podido leer lo que les es dable leer a mis alumnos hoy.
¿Por qué se me ocurre a mí pensar en esto cuando habría tantos otros aspectos desde los que abordar la cuestión? Sencillamente, porque en este oficio en el que las palabras son el centro de mi diaria tarea, en el que albergo la esperanzada convicción de que apropiarnos de nuestro decir contribuya a hacernos libres, no puedo más que detenerme a analizar que aún hoy la fantasía, la imaginación, el juego, la invención, son temidas y sospechadas.
Luego de veinticuatro años de democracia no hemos superado aún la mordaza y circulan soterradas corrientes que miran de reojo y con desprecio cuando las palabras crean, cuando se llenan de doble sentido, cuando se les da por el disparate, cuando se alían en el descalabro de lo establecido y estereotipado, cuando recuperan lo diferente, lo extraño, cuando rompen la norma.
A veces esta sociedad insólita y más alucinante que cualquier ilusorio relato de ciencia ficción, sigue caratulando y segregando aquello que le incomoda. Y no por nada: la literatura, y particularmente lo fantástico, tienen el poder de decir sobre el mundo y el ser humano en ocasiones tanto o más que el y “educativo” supuesto realismo... y eso es de temer.
Me tomo el atrevimiento de presentarles a continuación una serie de fragmentos del libro de Graciela Montes: El corral de la infancia. Acerca de los grandes, los chicos y las palabras. (Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991) en los que la autora reflexiona maravillosamente sobre esta cuestión:
“[…]en 1978, durante la dictadura militar, un decreto que prohibió la circulación de La Torre de cubos, de Laura Devetach, hablaba en sus considerandos de exceso de imaginación –“ilimitada fantasía” dice- como una causa principal para desaconsejarlo. En fin, la fantasía es peligrosa, la fantasía está bajo sospecha, en eso parecen coincidir todos. Y podríamos agregar: la fantasía es peligrosa porque está fuera de control, nunca se sabe bien adónde lleva.
[…]
Pero ¿de qué se acusa en realidad a la literatura infantil cuando se la acusa de fantasía? ¿Por qué tanta pasión en la condena? ¿En nombre de qué valores se lanza el ataque? ¿Qué es lo que se quiere proteger con ese gesto?
Estoy convencida de que, en esta aparente oposición entre realidad y fantasía, se esconden ciertos mecanismos ideológicos de revelación/ocultamiento que les sirven a los adultos para domesticar y someter (para colonizar) a los chicos.
[…]
De que la realidad resulta escandalosa puedo dar testimonio personal. Cuando en 1986 edité una serie de libros para niños donde daba cuenta con palabras sencillas pero sin pelos en la lengua de lo que había sucedido en nuestro país durante la dictadura y hablaba, por primera vez en un texto para chicos, de los desaparecidos, las críticas de los sectores más reaccionarios de la educación se centraron en que ésos no eran temas para tratar con los chicos. Para muchos no estaba mal hablar de derechos humanos, por ejemplo, siempre y cuando uno se mantuviese en el terreno del deber ser; uno podía enumerarlos y decir que había que respetarlos pero de ninguna manera relatar sus violaciones.
Esa cuidadosa desrealización de la realidad es la que campea en nuestros libros de historia, que se convierten en galerías de héroes, villanos y fechas patrias, es decir en una auténtica deshistorización de la historia.
En síntesis, el manejo de la pareja realidad/fantasía le permite al adulto ejercer un tranquilo y seguro poder sobre los niños. Con esas dos riendas, los adultos -no porque sí sino seguramente por motivos muy profundos, por viejas tristezas y viejas frustraciones, tal vez tratando de proteger la propia infancia de toda mirada indiscreta- podemos mantener a los chicos en el corral dorado de la infancia.
El corral protege del lobo, ya se sabe; pero también encierra. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos controladores, tanto la fantasía descontrolada -la que se atreve a todo, la que se vuelve fácilmente sensual o sangrienta y cruel- como la realidad se cuelan dentro del corral. Están en los juegos de los chicos -donde uno vive, muere o se salva fantásticamente pero con intensidad muy real-, están en los disparates, en las retahílas (siempre me acuerdo de una que jugábamos cuando era chica para elegir quién era mancha: “Bichito colorado mató a su mujer con un cuchillo de punta alfiler. Le sacó las tripas las puso a vender: ¡A veinte a veinte las tripas de mi mujer!”), en los viejos cuentos (en los que creo que se refugiaron los chicos por falta de fantasías nuevas) y también en algunos libros que burlaron la vigilancia de los pedagogos y circularon con sus locas fantasías y sus intensas realidades por todas partes.
[…]
En fin, es una búsqueda nueva; ni el sueñismo de la fantasía divagante ni el realismo mentiroso. Más bien exploración de la palabra, que es exploración del mundo y que incluye en un solo abrazo lo que suele llamarse realidad y lo que suele llamarse fantasía. Es decir, literatura.
Durante muchos años pesó más el platillo de lo infantil; ahora está empezando a pesar el platillo de la literatura. La literatura, sospecho, nos va a sacar del corral.
[…]”

Colaboración en adhesión a la “Semana de la memoria”

“Y al país lo remataron, y lo remataron mal. Lo partieron en pedazos, y ahora hay que volverlo a armar”
(Para el pueblo lo que es del pueblo, José Tcherkaski y Piero, 1973)
Me complace presentar a continuación el primer aporte ofrecido a este blog de parte una colega -la Profesora Araceli Beltramino- que generosamente me acercó un trabajo realizado con alumnos de 3° año Polimodal de la Escuela N° 65 “Monseñor Jorge Schöenfeld” de Aldea “Santa María” (Entre Ríos - Argentina).
Los chicos editaron -en el transcurso de 2006, bajo la coordinación de la docente mencionada y el profesor Julián Gómez- una publicación denominada “3° sin fronteras”. De la segunda edición de esta presento el Editorial puesto que es representativo de la producción y dos artículos. Estos fueron elaborados en el marco de las reflexiones efectuadas en la “Semana de la Memoria”, en la cual recordamos el pasado para que no nos vuelva a suceder: el golpe militar del 24 de marzo de 1976 que instauró la dictadura en la Argentina durante siete años de horror.
Editorial
Tercero sin fronteras: comenzó a caminar hace unos meses. En ese momento, la posibilidad de realizar una revista nos pareció una meta lejana, casi inalcanzable. Sin embargo, el esfuerzo común y la convicción con la que emprendimos el proyecto nos permitió dar el primer paso.
En consonancia con una de los primeros objetivos planteados, el primer número de la revista fue el fruto de un proceso de trabajo colectivo de indagación, análisis y escritura. Así como también nos posibilitó expresar las opiniones, expectativas y deseos compartidos. Otros de los objetivos fundantes de la revista consiste en pensar un espacio de diálogo, intercambio y reflexión con la comunidad educativa.
Desde luego que no fueron pocas las dificultades que tuvimos que enfrentar para continuar con la revista.
Sin embargo a pesar de los obstáculos logramos seguir adelante, uniéndonos y trabajando como grupo.
“Tercero sin fronteras sigue caminando. Ahora damos nuestro segundo paso”
Literatura ¿para todos?
Es cierto que no siempre valoramos lo que tenemos hasta que nos pasa algo que nos hace verlo, en el tiempo de la dictadura (1976-1983) no se podía leer libros que cada lector eligiera, sobre todo textos con ideas de izquierda. Muchos libros de escritores conocidos fueron prohibidos. A pesar de esto, algunos siguieron escribiendo secretamente y hubo otros que se fueron para poder escribir y publicar sus libros.
La mayoría de los libros que se prohibieron fueron de la literatura infantil ya que en ese tiempo se usaba a la literatura para chicos como una voz maternal que “respaldaba un paternalismo reglado desde afuera por los valores de óptica adulta” y no aceptaban las libertades de aquellos textos debido a que lo diferente o raro era peligroso, prohibido. También así hubo maestros que siguieron enseñando literatura a sus alumnos a pesar de lo prohibido, uno de ellos fue Paulino Guarido quien dijo: “¡Cómo me gustaría que alguno de esos pibes que ahora son padres leyeran esto! Solamente para que sepan que a pesar del miedo nosotros manteníamos nuestros ideales. Y que gracias a poder vencer algunos miedos hoy Bartolo se encuentra vivito y coleando.”*
Resumiendo quisiera señalar que estamos mejor, ahora podemos leer y expresarnos libremente, sin que nadie nos prohíba leer lo que nosotros queremos; por eso valoremos los libros que tenemos sino siempre vamos a lamentar de nunca haber valorado lo teníamos.
J. W.
*Nota: “Paulino Guarido es maestro y, actualmente, es el Secretario General de la Seccional La Matanza del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires (SUTEBA). Su testimonio forma parte de la Propuesta Didáctica "Libros: Memoria con futuro", elaborada por Claudia Rodríguez Paoletti y publicada en la revista La Educación en nuestras manos N° 75 (Buenos Aires, SUTEBA, marzo de 2006).” Estos datos sobre el mencionado docente, así como las palabras citadas en el artículo fueron extraídas de http://www.imaginaria.com.ar/17/6/la-torre-de-cubos.htm.
El miedo a perder la literatura
Para nosotros es muy importante la libertad que brinda la democracia, porque permite tener libres pensamientos y actitudes ya sea leyendo un libro o informándote a través de la radio o televisión.
En la época de la dictadura cierta literatura no tenía lugar, sólo se podía leer la ficción que el estado permitía, pero hubo una a la que atacaron más: la literatura infantil.
Los militares no querían que los chicos leyeran ciertos textos porque los afectaría, decían que los cuentos como “La torre de cubos” de Laura Devetach no cumplían los requisitos de un cuento infantil de la época que debía formar al niño por encima de la estructura y arte de los textos literarios. Cuando se produjo el dictamen de prohibición* se acusó a dicho cuento de tener “graves falencias tales como simbología confusa, objetivos no adecuados al hecho estético, etc.” Les molestaba que en esta obra literaria apareciera la óptica del niño, sus deseos, sus críticas y su participación.
Incomodaba que los chicos tuvieran como deseo cambiar la realidad.
Por más que en el ’76 estuviera prohibido escribir, leer o hablar ciertos temas en los medios, no quiere decir que esto haya afectado el pensamiento literario.
Desde la postura de Beatriz Sarlo “todo lo relacionado a la literatura que había comenzado en la época no se interrumpió, sino que continuó con dificultad de conseguir estos textos en condiciones de persecución y clausura”.
V. G.
*Nota:
El Boletín N° 142 de julio de 1979 por el cual el Ministerio de la Provincia de Santa Fe prohibió el uso de La torre de cubos en las escuelas.

viernes, 16 de marzo de 2007

Proyecto educativo busca “sponsor”

La educación parece estar siendo obligada a ingresar en el sistema económico que prima en el mundo… Claro que esta no atrae inversores entusiastas como el fútbol, el automovilismo o el programa televisivo ese de "el gran pariente que lo ve todo" en el que vemos a diario que la estupidez da fama. Porque dicen por ahí que la educación no es provechosa en términos monetarios, pues es una inversión que implica inmensos costos y magros réditos. En mi país, los docentes sabemos que al ingresar en esta profesión -en otros tiempos de considerable estima- vamos a estar subyugados a una alicaída clase media trabajadora que apenas sobrevive, vamos a gozar de desprestigio y recriminaciones sociales varias, y además vamos a ser unos entes multiuso/multifunción como un innovador artefacto electrónico: algo de psicólogos, de asistentes sociales, de padres,… y sí, algo de educadores que intentan -a veces con empecinamiento- construir saberes con una población variopinta de rebeldes niños y adolescentes. Aún así… algunos creemos en esta maltratada profesión, y no nos cabe duda de que en ciertas ocasiones hay reclamos sociales pertinentes hacia nuestro hacer: poco compromiso vocacional, escasa formación, achatamiento generalizado de la creatividad, el entusiasmo, las ganas de aprender y de enseñar (de lo cual no analizaré las causas en este caso, pero en otro texto he arriesgado alguna que otra idea). Repito, aún así algunos estudiamos, creamos, nos esforzamos, y… estamos a punto de ser aplastados por el agobio de cargar el fardo en solitario, dado que el estado no prevé alternativas para una escuela distinta en la cual docentes y alumnos puedan diseñar juntos nuevos modos de aprender/enseñar que como todo en este mundo… necesita de billetes. De este modo, cuando con mis alumnos de 8° año nos vemos ante la decisión de seguir haciendo nuestro libro de cuentos como proyecto de trabajo de Lengua y Literatura, sabemos -ellos y yo- que la única posibilidad de concretarlo es que debamos vender algo, ofrecer un baile, hacer una rifa, pedir nuevamente y con vergüenza la generosa colaboración de pequeños y esforzados comerciantes de la ciudad… para solventar los gastos que supone (unas cuantas resmas de papel, pegamento, cartón y tinta). Monto que quizá para muchos parecerá irrisorio: monedas, una propina y a veces ni eso; y para algunos es inalcanzable. Un proyecto que fue premiado a nivel nacional por una Fundación -y gracias a ella, y a todos los que me ayudaron- llevé a Madrid con orgullo de principiante para contar a otros colegas; un proyecto que ya lleva siete años reinventándose; un proyecto que pasada la euforia y archivado el certificado y las fotos, está como antes… empezando de cero. Y es entonces cuando uno, ante la perspectiva de desvelarse una noche entera para realizar un baile o poner cara de piedra al ofrecer una rifa, empieza a soñar con obtener una milagrosa fuente de financiamiento que no nos obligue a mendigar unas resmas de papel, unos cartuchos de tinta, unas hojas de color... La única alternativa de hacer cosas diferentes en la escuela es desfallecer en el intento de solventar los proyectos o conseguir un mecenas. Y estos, si pertenecen al mundo de las multinacionales o a la estratosfera empresarial, tienen rígidos requisitos en sus programas de ayuda, planes gigantes de estructura preestablecida en los que sólo por milagro podrían encajar estas pequeñas cosas… Como nuestro libro de cuentos, como la Biblioteca “Humberto Sapo Verde” (y sus libros extraviados), y tantos otros, que son "pequeños" eventos... Pequeños sólo para los otros, no para los que los soñamos, los vivimos, los creamos, los disfrutamos y sufrimos en el proceso de hacerlos realidad.
Gabriela

miércoles, 14 de marzo de 2007

Una Biblioteca y yo ...de luto

Hay ocasiones en que uno se cuestiona seriamente porqué sigue contra viento y marea en esta profesión, y dichas circunstancias suelen coincidir con aquellos momentos en los que uno se desalienta, en los que sufre reveses sin sentido, en los que se enfrenta a la realidad de que no todas las personas que están a nuestro alrededor se hallan comprometidas con la educación, el crecimiento, el desarrollo de las capacidades humanas, con el contagio de los valores… Momentos –precisamente- en los cuales, aquellos proyectos en los que se invirtió tiempo, sacrificio, esfuerzo, dedicación, se ven estúpidamente dañados. Una biblioteca de literatura infantil y juvenil en una institución educativa cualquiera de la Argentina no es tan común como aquellos que peleamos por la lectura, los libros y la literatura deseáramos que fuera. Y cuando se tiene, como producto del compromiso, de la imaginación, de la delirante idea de que leyendo contribuimos con la posibilidad de ser más libres… la amamos, la cuidamos, la protegemos, hacemos todo para que crezca, para que otros puedan disfrutarla… Bueno, eso creía hasta ayer… Hoy estoy de luto, la Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil “Humberto, Sapo Verde” del Profesorado en el que yo trabajo está de luto… Se han “desaparecido” tantos libros, se han roto y maltratado tan atrozmente… que el proyecto está herido de muerte. Robar un libro es una estupidez; dañarlo también; dejarlo tirado por allí sin devolverlo… igualmente. No sólo porque es propiedad material de alguien, sino porque es creación intelectual y artística de una persona que creyó que ofreciéndonos su obra podríamos ser mejores seres humanos, y si nos apropiamos de él arteramente o somos cómplices deliberados o involuntarios de ese daño… ¿qué calificativo cabe?

Gabriela

domingo, 11 de marzo de 2007

Los alumnos piensan y opinan II

Tomar conciencia de nuestras flaquezas y de nuestras virtudes no parece ser una habilidad muy extendida en la humanidad, y no es necesario aclarar que en el ámbito educativo parece suceder lo mismo que en cualquier casa de vecino, como suele decirse.
Ahora bien, la realidad nos da sorpresas de vez en cuando y estas provienen de nuestros alumnos puestos a pensar en sus dificultades a la hora de trabajar en el ámbito escolar. Veamos un ejemplo de análisis responsable y maduro, y pensemos si nos es posible hacernos cargo de la parte que nos compete como adultos y docentes.
Es muy común escuchar acusaciones de todo tipo hacia nuestros jóvenes alumnos, y no es una mala idea arriesgar como posible teoría que sus características están directamente relacionadas con las de los "grandes" que tienen a su alrededor... para bien o para mal.
Los chicos de 9° año pensamos en relación con nuestra forma de trabajar
Nuestras fortalezas:
Somos inteligentes, capaces.
Cuando queremos y nos lo proponemos: podemos estudiar, lograr una meta, portarnos bien o cambiar nuestra disciplina.
Nos ayudamos.
Cuando algo nos interesa prestamos atención.
En grupos (de no más de 4) trabajamos bien.
Somos un buen grupo, bastante compañeros.
Ya nos conocemos nuestras mañas (vicios) y nuestra forma de trabajar.
Nos defendemos.
Hacemos las tareas, repasamos.
Algunos no nos enganchamos en pavadas (bobadas).
Nuestras debilidades:
Somos distraídos, charlatanes, inquietos, contestadores.
Nos mandamos macanas (equivocaciones), provocamos disturbios, nos metemos en cosas que no debemos.
Cuando alguien hace un chiste pequeño, se transforma en una bomba y se arma un lío.
Nos burlamos mucho, ponemos apodos o sobrenombres.
Nos ponemos a hacer pavadas cuando nos aburrimos.
No atendemos las explicaciones ni a los demás.
Hacemos silencio por muy poco tiempo.
El conocernos mucho ha llevado a tomarnos confianza y faltar el respeto.
No estudiamos.
Salimos del aula sin permiso.
Hacemos enojar a los profes.
No nos gusta escribir.
No participamos.
Mandamos cartitas en clase.
Pensamos mucho y actuamos poco.
Aunque no nos gusten las ideas de los demás no hacemos nada.
Algunos hacen como que no entienden y hacen perder el tiempo.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Los alumnos piensan y opinan I

Hace unos días leí en un blog de educación el afligido y desesperanzado comentario de un docente que reclamaba por los alumnos actuales a los que debía enseñar. Hacía alusión a su apatía, sus actitudes poco respetuosas, su lenguaje; e incluso reclamaba como contrapartida acerca de las permanentes exigencias que se hacen a los docentes y las cualidades que se esperan de ellos y del sistema educativo.
Todos en ocasiones nos dejamos llevar por la melancolía y recordamos supuestos buenos viejos tiempos en los que las cosas eran distintas… porque nosotros éramos otros y el mundo también.
Sin embargo, vivimos hoy, hoy somos docentes y estos son los alumnos que tenemos. No nos queda otra actitud que asumirlo, y en ocasiones ellos podrán sorprendernos, pues aunque muchos no lo crean… piensan, tienen ideas propias, opinan.
En algunas situaciones en las que les hemos brindado la oportunidad de que se planteen seriamente la educación que esperan de nosotros, lo que desean de la escuela, cuáles son sus responsabilidades: han realizado certeros análisis, nos han dicho crudas verdades. Vale la pena ofrecer un espacio para conocerlas.
Los chicos de 8° opinamos:
PORQUE LOS PROFESORES SON LA FUENTE DE LA ENSEÑANZA…
No nos gusta que:
Nos traten mal
No nos presten atención
Nos griten
Nos reten injustamente
Nos dicten sin explicar
Pero sí nos agrada que:
Sean buenos
Sean exigentes
Tengan “buena onda” (simpatía, buena disposición)
Nos den alegría, nos hagan reír
Nos quieran
Nos respeten
Nos traten con paciencia
Nos comprendan
Nos dicten despacio
Nos den exámenes fáciles después de que todos entendieron
TODOS SOMOS IGUALES, NADIE ES MÁS QUE EL OTRO.
Por eso, a nadie le gusta que los demás:
Lo traten mal, no le presten atención, le griten, le pongan sobrenombres.

domingo, 4 de marzo de 2007

¿Cómo hacemos los adultos para elegir un libro?

Las listas que aparecen a continuación son respuestas ofrecidas por docentes ante la pregunta: ¿Cómo hacemos los adultos para elegir un libro? Las mismas suponen aspectos que “los grandes” tenemos en cuenta a la hora de elegir qué leer.
Me pregunto: cuándo ejercemos de mediadores entre los niños o adolescentes y los libros… ¿les permitimos desarrollar estas estrategias?, ¿les ofrecemos posibilidades para que las aprendan, las pongan a funcionar, las descubran?, ¿tenemos siquiera en cuenta de que a elegir se aprende y el gusto lector se forma?
  • Los adultos elegimos un libro…

Por sus características…

Por la tapa.
Por una frase del libro o la contratapa.
Por el título.
A partir de que nos atrae la trama del libro.
Cuando nos intriga la historia.
Cuando al hojearlo descubrimos que no podemos dejar de leerlo, nos atrapan sus descripciones.
Por sus géneros o temas…
Porque nos gusta cierto tipo de novelas, las leyendas, los cuentos, cierto género como el terror, la ciencia ficción.
Cuando nos interesan sus temas (la magia, los mitos) o sus personajes.
A partir de nuestro gusto por conocer la vida de las personas.
Por la idea de que, por ejemplo, desmitifiquen los próceres (literatura histórica).
Por el autor …
A partir de que conocemos el autor.
Por la forma de contar de cierto escritor.
Porque conocíamos otras obras.
Por nuestros sentimientos…
Porque nos gustaría ser el personaje.
Porque ya lo leímos y nos trae recuerdos.
Según el estado de ánimo.
Al azar.
Por el “mensaje” que nos deja.
Por otros lectores, la crítica, la propaganda, otras producciones…
Al conocer previamente las películas que se han hecho sobre obras de cierto autor.
A raíz del comentario en un folleto.
Cuando conociendo las críticas consideramos a un libro materia pendiente.
Porque el diseño de la propaganda nos sedujo.
Cuando nos recomiendan amigos o allegados.
Porque es un libro conocido pero no lo habíamos leído.

Interesantes opiniones ...¿no?

Mi deuda con Graciela Montes...

Si hay una autora a quien le debo inspiración, guía, auxilio y estímulo, en esto que es el andar entre los libros, los chicos y los grandes, esa es Graciela Montes. Ella ni siquiera ha de saber que en 1995 fui una de las emocionadas escuchas de su ponencia “La frontera indómita” en el Primer Congreso de Didáctica de la Lengua y la Literatura en La Plata -provincia de Buenos Aires-; tampoco ha de saber que ese momento cambió mi vida en la docencia, y menos aún que atesoro con profundo afecto la copia de su escrito con su firma, la que gentilmente nos permitió reproducir (pasaría el tiempo aún hasta que se convirtiera en libro). Creo fervientemente que hay encuentros cruciales y en esos momentos decubrimos a aquellos que serán nuestros maestros aunque no volvamos a hablar con ellos, y esas situaciones cambian rumbos en nuestros aprendizajes marcándonos de forma indeleble. A continuación les ofrezco un fragmento que había de iluminar los vaivenes de la enseñanza de la literatura y me daría arrestos para emprender los más audaces proyectos…
“Hay por supuesto muchas formas de ver esta cuestión, y muchos atajos y coartadas para otorgarle o quitarle sentido a lo que uno hace. Pero, a mi modo de ver, no hay vuelta que darle, enseñar literatura no puede significar otra cosa que educar en la literatura, que ayudar a que la literatura ingrese en la experiencia de los alumnos, en su hacer, lo que supone, por supuesto, reingresarla en el propio. Educar en la literatura es un asunto de tránsito y ensanchamiento de fronteras. Y un asunto vital, en el que necesariamente están implicados los maestros y profesores, aunque no sólo ellos. Claro que es muy difícil ayudar a ensanchar la frontera de otros cuando la propia está encogida, apelmazada. Es casi imposible hacer que la cultura se convierta para otros en experiencia cuando para uno sólo es un dato del mundo exterior, un trámite; por ejemplo el requerimiento de un programa. Y es difícil poner las energías en la construcción de las fronteras cuando se carece de la confianza mínima en el mundo exterior, [...] o cuando todo es tan hostil que cualquier esfuerzo constructor parece perder sentido. Sin embargo, si nos ocupamos de cultura nuestro oficio es ese, es eso lo que nos compete. Si ya no nos interesa nuestro oficio, si hemos decidido reemplazar toda reflexión sobre él por comentarios difusos acerca de las noticias aparecidas en los diarios, será porque ya hemos entregado una zona considerable de nuestra frontera.”
MONTES, Graciela. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. México DF, Fondo de Cultura Económica, 1999.

martes, 27 de febrero de 2007

"Mi experiencia en Lengua... como alumno"

Frecuentemente hago escribir a mis alumnos ingresantes al Profesorado reflexionando sobre su experiencia en la escuela, en particular en el espacio curricular de Lengua. Creo que este es un camino interesante para iniciar en ellos la conciencia de la profundidad con que nos marca a todos nuestro paso por el sistema educativo.

Es notable descubrir la fuerza con la que se graban en el recuerdo las vivencias negativas y lo que cuesta superarlas. Van aquí uno se estos resúmenes sobre los que nos detuvimos reflexionar ... valga para nosotros también.

Dos polos de experiencias escolares:

  • Me hacían escribir palabras en un pizarrón, si me equivocaba me pegaban con el puntero.
  • Una maestra hacía diferencias, nos hacía llevar un cuaderno de hojas cuadriculadas porque decía que nosotros no íbamos a aprender a escribir más.
  • La escuela me gustó hasta que empecé a leer y escribir, era un desastre, la maestra me hacía escribir dos o tres veces algún dictado hasta que lo escribiera sin errores.
  • Yo era “dura” y me dejaban de lado, fui perdiendo el entusiasmo.
  • La maestra nos pegaba por las manos o en la cabeza con la regla de madera.
  • Una maestra era muy mala, me miraba y yo temblaba.
  • La maestra nos hacía leer el Martín Fierro con acento de los payadores.
  • Los profesores no se hacían problemas sobre si entendías o no, se ocupaban de los que más sabían.
  • Los profesores eran muy fríos, muy cerrados.
  • El que no sabía leer no leía nunca, les molestaba que no supiéramos leer a esa edad.
  • La profesora me preguntaba siempre a mí.
  • La profesora se expresaba muy mal, saludaba con improperios, los padres se quejaron y les dijeron que no podía ser, que la docente era “una eminencia”, quisimos grabarla para comprobar esto y nos consideraron “subversivos”.

  • Mis maestras eran amorosas, con su ingenio nos entusiasmaban a estudiar y a aprender que estudiar era parte de un juego.
  • La actitud bondadosa, amable (de aquella maestra) que nos incentivó hacia las actividades artísticas y culturales.
  • La maestra hacía unos paisajes hermosos y sobre eso debíamos describir o narrar.
  • Me gustaba escuchar cuando la maestra nos leía un cuento.
  • Si tenían que explicar lo mismo doscientas veces lo hacían.
  • Recuerdo una profesora exigente pero buena.
  • Me hacían leer y redactar diferente tipo de textos.
  • Podía leer libros de muy diversos géneros.
  • Hacíamos trabajos, leíamos.
  • Recuerdo con mucha gracia las competencias con una compañera cuando teníamos que analizar oraciones, conjugar algún tiempo verbal.

Mis dificultades:

  • Cuando cuento algo me hago un enredo, que sólo yo entiendo.
  • Las actividades las tengo que leer dos o tres veces para entenderlas.
  • Tengo problemas de ortografía.
  • Me cuesta leer y expresarme frente a los demás, temo que se rían.
  • Mi dificultad es la redacción o encontrar las palabras para hacerlo.
  • No leo mucho.
  • No me gusta leer en voz alta, me pongo nerviosa, me equivoco.

Mi futuro en la docencia:
  • Ayudar al chico que le cueste, hacer que lea y escriba sin tortura, hacerle sentir que si se esfuerza va a salir adelante.
  • Hacer que los chicos se interesen, que las clases sean dinámicas, que no se duerman.
  • Quisiera hacerles ver que cuando se les corrige errores es para bien de ellos.
  • Que pueda dar clases sin ponerme nerviosa, ni trabarme, que ellos me entiendan y hagan las actividades.