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domingo, 8 de julio de 2007

Educar, poema de Gabriel Celaya

Navegando de un blog a otro llegué a un puerto que no conocía, y allí me encontré con una grata sorpresa, un poema breve y tierno sobre esta obsesiva profesión nuestra: educar... Me tomé el atrevimiento de copiarlo a continuación, pero podrán leerlo también en el sitio mencionado: Entre tema y tema. Mis pequeñas cosas (http://bemebo.blogspot.com)

Educar

(Gabriel Celaya)

Educar es lo mismo

que poner motor a una barca,

hay que medir, pesar, equilibrar...

y poner todo en marcha.

Pero para eso

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que ese barco -ese niño-

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos

seguirá nuestra bandera enarbolada.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Soy lo que leo cuando leo, por Miriam Hergenreder

Aunque las distancias y el tiempo a veces nos desconciertan con su atrevida interferencia, suelen tener el mérito de permitirnos vivenciar sucesos que valen la pena: el reencuentro con ciertas personas especiales y el resurgir de lazos de comunicación. En los últimos tiempos me han sucedido un par de ellos, y además -en este caso- me permitieron recuperar a una querida amiga docente, quien es la lectora adulta más voraz y feliz que conozco… ¡Gracias Miriam!....por acercar tus palabras al blog y espero muuuuuchos escritos tuyos más.
Gabriela

Soy lo que leo cuando leo,

cuando abro la cubierta de un libro

y me sumerjo en lo profundo …

de un océano, del tiempo,

de un espacio ilimitado de sensaciones

y deseos inconfesados, pero presentes.

Soy lo que leo

cuando me visto con la piel de un personaje,

y sufro, río, sueño, amo, siento.

Cuando me es cómodo su vestido de época

y huelo el humo de la cocina,

me paseo en los salones victorianos

o cabalgo al viento por la justicia.

Soy lo que leo

cuando cierro los amados libros

y vuelvo a “la vida real”

con las mismas ganas de vivir

que mis héroes o heroínas de novela,

cuando reconozco en una mirada abierta

o en una sonrisa encendida

esos personajes que animan

las páginas de mis novelas.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Soy lo que escribo, soy como escribo... (2da. Parte)

Como prometí tiempo atrás, continuaré poniendo a disposición de ustedes, mis estimados lectores, los trabajitos de escritura de dos grupos de alumnos de Polimodal surgidos a partir del texto Eres lo que escribes, eres como escribes (www.escribesinfaltas.blogspot.com), el cual generó una serie de producciones que escapándose del corsé del esquema propuesto se internaron en planos inusitados de la significación personal que para estos chicos tiene la escritura... Perdónense las pequeñas falencias, pues el producto tuvo un poco de espontáneo y no se retrabajó con la sistematicidad habitual que solemos dar al proceso de escritura, tienen estos textitos algo de diamantes en bruto, haciéndonos pensar acerca de cuándo es que los grandes abandonan/pierden/rehuyen ese vínculo particular con la palabra escrita...
Eres lo que escribes, eres como escribes
Soy lo que escribo porque así soy.
Porque me tranquiliza
Porque el tiempo pasa más rápido.
Porque me gusta.
Soy lo que escribo cuando estoy sola.
Cuando pienso en algo o alguien.
Cuando estoy bien.
Cuando me pasa algo malo.
Soy lo que escribo, por lo tanto me gusta escribir para desahogarme.
O también para ver lo que pienso o quiero.
N. C.
Soy lo que escribo porque cuando escribo me desenvuelvo.
Porque doy lo mejor de mí tratando de olvidar lo feo.
Porque al escribir no interesa si el día es bueno o desagradable.
Porque desahogo penas en una frase...
Soy lo que escribo cuando tengo muchas ganas de escribir.
Cuando produzco algo que me gusta.
Cuando lo que expreso es interesante.
Cuando creo un poema o un cuento.
Soy lo que escribo, por lo tanto con mis palabras se darán cuenta de mi estado de ánimo.
Descubrirán lo que pienso.
Se imaginarán que es lo que siento.
Conocerán todo de mí.
B. A.
Soy lo que escribo porque escribo lo que siento y pienso…
Porque desahogo mis pensamientos,
Porque imagino… e imagino sin importar lo que queda por esperar,
Porque es el resultado de mis confusos impulsos,
Porque es la manera de expresar mi forma de vivir,
Porque cada palabra vale tanto como mis pensamientos.
Porque debo saber que tengo mucho por entender y comprender en esta vida,
Porque siempre están presente los límites, los tiempos justos e injustos,
Porque tengo millones de ilusiones por escribir,
Porque tengo mucha tinta por derramar en un papel hasta darle un fin.
Soy lo que escribo cuando lo hago por mi propio interés.
Cuando alimento mis saberes, mis gustos e ideas.
Cuando pienso, y pienso lo que quiero, aún cuando nunca llegue a alcanzar mis deseos.
Cuando me expreso sin importar quién lo va a leer o lo que se va a interpretar o criticar de él.
Soy lo que escribo, por lo tanto dejo surgir de mí, mis más profundas palabras que lleguen al corazón,
que hagan derramar lágrimas de las personas más difíciles de llorar,
por lo tanto las hojas hablan de mis sueños, tristezas y certezas.
Cada renglón describe cada minuto que vivo, porque es un reflejo de mi alma, de mi interior.
D. S.

domingo, 8 de abril de 2007

CD-libros: para descargar y disfrutar los cuentos de 8° año del IMG en la propia PC

La sugerencia del colega Boris Mir de “La mirada pedagógica” en un reciente comentario acerca de ofrecer en el blog las producciones de mis chicos de 8° año del Instituto “María Grande” que escriben anualmente el libro, me llevó a dedicarme el fin de semana a hallar la manera de organizar un modo sencillo de presentarles este material, aunque por supuesto con la ayuda técnica de Sergio… ya que en algunas cuestiones él es el experto.

Como un archivo PDF me pareció un tanto “serio”, opté por poner a disposición de ustedes una producción multimedia que llevé en 2005 a Madrid, para regalar a los oyentes de la ponencia “Nuestro Libro de Historias” en el III Congreso Internacional de EducaRed.

En su portador/formato original constituía un CD con autorun (de esos que uno coloca en la PC y nos presentan automáticamente una pantalla).

Ahora van a hallar el mismo material del CD comprimido en formato rar (usar WinRAR para descomprimirlo) partido en seis partes para que sea más fácil la descarga de los archivos alojados en www.4shared.com

  • ¿Cómo proceder?

-Hacer click en cada uno de los hipervínculos siguientes y proceder a su descarga (download file)

http://www.4shared.com/file/13688163/41b4844e/CD-librospart1.html

http://www.4shared.com/file/13688434/a46c2743/CD-librospart2.html

http://www.4shared.com/file/13688737/3f23c8a0/CD-librospart3.html

http://www.4shared.com/file/13689034/1bd9e8fa/CD-librospart4.html

http://www.4shared.com/file/13689300/35dfc179/CD-librospart5.html

http://www.4shared.com/file/13689562/89067b61/CD-librospart6.html

-Una vez alojadas todas las partes en el propio equipo, hacer click con el botón secundario en la Parte 1 y solicitar “Extraer aquí”, automáticamente el WinRAR va a extraer una carpeta con todas las partes que descargaron unidas en un solo archivo cuyo nombre es CD_Root

  • ¿Cómo disfrutar del material?

Dentro de CD_Root hallarán dos archivos y una carpeta, para disfrutar el material hacer doble click en el archivo cuyo icono es un CD y tiene por nombre “Autorun” (autorun aplication)…

Y entonces les aparecerá una ventana, y si tienen parlantes conectados mejor ya que posee música de fondo. Esta ventana tiene a la derecha imágenes cambiantes de las tapas de libros que van desde 2000 a 2005, por lo tanto si la imagen no es la presente será otra, pero en la misma distribución.

Allí también verán en el menú básico:

-"El Proyecto": que los lleva a una ventana en la que se les ofrece la ponencia que ya conocen para leer allí o el link para ver la versión Word.

-Cada libro ("Libro 2000", "Libro 2001", etc.) los lleva a una ventana en la que sólo con un click podrán disfrutar de la versión html (navegar en Explorer como si fuera la web) de los libros de cuentos (cada página tiene varios cuentos, todo está señalizado con hipervínculos a seguir, y cuando se desea dejar de leer se cierra la página de Explorer y se halla de nuevo la ventana del CD que quedó abierta) -“Quiénes somos” los lleva a ventana que ofrece para leer una caracterización breve del Instituto en el que trabajo, así como el acceso a una presentación PowerPoint con fotos (que ya está un poquito atrasada pero pronto pondré on line una nueva) -“Salir” los lleva a los créditos y a la salida definitiva. ¡Suerte!... Cualquier conflicto técnico, dejen comentarios para ver qué falló.

Gabriela

lunes, 2 de abril de 2007

Argentina, 2 de abril: Día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas (II)

Reina madre
Raúl Porchetto
Sonriendo, despidió a su madre,
iba al sur del Atlántico.
El reino le ordenaba,
es que unos salvajes osaron molestar
el orden imperial y pagarán.
Tanques, aviones, barcos y municiones.
Madre: estate tranquila,
el mundo así camina.
Son del sur de la tierra.
¿Qué nos podrán hacer?,
somos distintos, somos mejores.
Pero madre, ¿qué está pasando acá?
Son igual a mí
y aman este lugar, tan lejos de casa,
que ni el nombre recuerdo.
¿Por qué estoy luchando?
¿Por qué estoy matando?
Hoy la Reina pasea en los jardines
y el sol besa las rosas,
la vida le sonríe,
el parlamento cuida que todo siga igual,
que nada perturbe su calma.
Luego tendrá una premier de cine
de un director famoso,
que cuenta los flagelos
de la guerra y los hombres
y ella se emocionará,
y aplaudirá su gran final.
Pero madre, ¿qué está pasando acá?
Eran igual a mí
y aman este lugar, tan lejos de casa,
que ni el nombre recuerdo.
¿Por qué estuve luchando?
¿Por qué estuve matando?
"Reina madre", 1983

Argentina, 2 de abril: Día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas

"El 2 de abril se recuerda a los sobrevivientes y muertos -la mayoría de ellos adolescentes- sacrificados en esa guerra que confundió la reivindicación de la soberanía con un pasaporte para la continuación de la dictadura militar"
JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD
Por Jorge Luis Borges
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

lunes, 26 de marzo de 2007

Te contamos un cuento V: El cuadro de la muerta

Texto escrito por V. F.
La autora era socia del Club de Jóvenes Lectores y este cuento fue publicado en Libromanía, Revista del Club de Jóvenes Lectores, María Grande - AÑO 2 – NÚMERO DOS, junio/julio de 2004, Año del Centenario de María Grande.
Rara vez Luz iba al museo pero esta vez tenía que ir si quería averiguar lo que pasaba. Como le apasionaban los misterios; lo que debía averiguar era por qué había un cuadro hecho hacía un mes por una persona fallecida hacía tres años.
Así que, fue a hablar con Frodo, el guardia del lugar, para ver si él había notado algo raro, si no había visto a alguien. Él no supo contestarle.
Pero le dio un dato. Este era que, la persona que traía los cuadros decía que eran un recuerdo de su mujer.
Luz observó la pintura, anotó todo lo que decía esta y se fue a su casa.
A los días se le ocurrió que podía ir al registro civil a que le dieran información de algún pariente. Allí le dieron la dirección de la casa donde se encontraba el esposo y sus tres hijos.
Pasaron cuatro días y Luz decidió ir a la casa. Llegó y la tendió la sirvienta, esta tenía un cartelito que decía Jacinta. Jacinta le preguntó qué andaba buscando y Luz le dijo que necesitaba hablar con el señor Emanuel. La mujer la hizo pasar y al instante apareció Emanuel, él la invitó a sentarse y le preguntó quién era y qué necesitaba.
Luz le contestó que quería saber qué le había pasado a su esposa; él con los ojos lacrimosos le contó que una noche de lluvia venían de una fiesta y el auto se fue para la banquina y se dio vuelta, y que Inés había muerto al instante, él se salvó de suerte. Dijo también que cuando estaba en el hospital se le apareció el alma de su mujer y le dijo que cuidara a los chicos.
Cuando Emanuel terminó de hablar Luz le preguntó si ya hacía tres años del fallecimiento y él le dijo que sí, entonces ella le contó lo del cuadro. Él no lo podía creer, pero no pudieron seguir hablando porque justo entraron los chicos. Estos se presentaron: Lucas era el más grande y tenía doce, Laura tenía ocho y Lucio cuatro años.
Luz como no sabía qué hacer se preparó para irse, el señor le dijo que si necesitaba algo volviera, Luz le contestó que con gusto volvería y se fue.
Cuando llegó a su casa, llamó a su mejor amiga, Sandra, para que fuera, que le tenía que contar algo. Cuando Sandra llegó, Luz le contó todo hasta el último detalle y le dijo que Emanuel no le había dicho si su esposa era o no pintora, aunque había muchos cuadros y todos tenían el nombre de Inés. Le pareció que algo raro pasaba, además estando en la casa había sentido ruidos en el sótano.
Luz siguió yendo a la casa de Emanuel con cualquier excusa, hasta que un día se metió en el sótano y se llevó una gran sorpresa. Junto a ella había otra persona y según la foto que le habían mostrado era Inés. Eso terminó de confundir a Luz.
Lo bueno fue que ninguna de las dos gritó, pero Luz no aguantó y le preguntó si era Inés. Ella le dijo que sí. Luz le pidió que le contara por qué estaba ahí, e Inés le narró que su marido había inventado lo del choque, que en lugar de ella habían enterrado a una muñeca idéntica a ella y que sus hijos creían que estaba muerta. También le dijo que su esposo la obligaba a hacer cuadros que él después vendía a más de diez mil pesos y que por eso tenían semejante casa.
Después de lo que le relató Luz dijo que llamaría a la policía y que la iba a ayudar, salió del sótano, entró a la casa y sin que nadir la viera agarró el teléfono y llamó a la policía. Ellos le dijeron que iban para allá.
Pasaron cinco minutos y tocaron el timbre, Jacinta atendió y era la policía. Esta se asustó pero ellos le dijeron que llamara al señor de la casa. Jacinta fue y lo buscó mientras Luz les contaba todo, estos le dijeron que no se preocupara y que buscara a Inés.
En ese momento llegó Emanuel, y Luz trajo a Inés.
Ella preguntó por sus hijos y Jacinta le dijo que estaban en el patio.
Los agentes se llevaron a Emanuel y a Inés la dejaron en la casa con sus hijos, ella estaba tan contenta que se olvidó de que Luz estaba en la puerta despidiendo a la policía, cuando ellos se fueron, la chica le pidió a la mujer que disfrutara mucho y que no se preocupara por Emanuel porque tendría que cumplir años de condena. Cuando terminó de hablar, Inés le dio las gracias y le solicitó que la fuera a visitar.
Y así fue como Luz resolvió el caso del cuadro de la muerta.

domingo, 25 de marzo de 2007

Soy lo que escribo, soy como escribo... (1a. Parte)

A partir de la interesante iniciativa de www.escribesinfaltas.blogspot.com, a la que me sumé gustosa, se me ocurrió llevar a dos de mis grupos de alumnos de Polimodal el texto Eres lo que escribes, eres como escribes, para promover el debate y la reflexión sobre su propia escritura.
Y como sucede más de una vez... las propuestas que uno piensa evolucionan inesperadamente o se transforman de manera inusitada. Así sucedió esta vez, pues aunque pretendía reflexionar acerca de las normas de la lengua escrita, la situación se transformó en una instancia de valoración de la escritura como modo de expresión único. Por esto, les propuse a continuación la creación de un texto personal a partir del completamiento de una estructura que implicara desarrollar la idea de la campaña… y he aquí el resultado.
Puestos a crear y reflexionar, este grupo de adolescentes expresó con sus palabras su vínculo con la escritura.
Nota: A raíz del número de textos, los presentaré en varias etapas.
Eres lo que escribes, eres como escribes
Soy lo que escribo porque mi personalidad me identifica en mis expresiones.
Porque mi imaginación es un mundo de alas.
Porque la vida me ha enseñado a valorar la sabiduría.
Porque es la forma de expresar lo que siento.
Soy lo que escribo cuando mis palabras surgen de la nada.
Cuando mis sentimientos se convierten en historias.
Cuando mis sueños se vuelven realidad.
Cuando mi alma está angustiada.
Soy lo que escribo, por lo tanto me describo como soy,
es mi forma de pensar,
mis propias ideologías
y mi propia historia.
C. M.
Soy lo que escribo porque me reflejo en la escritura.
Porque me muestro como soy.
Porque expreso lo que siento en cada momento.
Soy lo que escribo cuando necesito desahogarme.
Cuando necesito que me escuchen.
Cuando un amigo fiel que no le cuente a nadie.
Cuando simplemente quiero escribir.
Soy lo que escribo, por lo tanto si leés podés conocerme,
Y saber lo que siento y pienso en cada momento.
No intentes corregirme así soy yo.
N. A.
Soy lo que escribo porque escribo lo que siento.
Porque refleja mi estado de ánimo.
Porque me hace sentir mejor.
Porque me siento más aliviada.
Soy lo que escribo cuando necesito expresarme.
Cuando no me siento bien.
Cuando estoy feliz.
Cuando me invade la soledad.

Soy lo que escribo, por lo tanto podés conocerme

a partir de lo que escribo,

porque las palabras simplifican mi forma de ser y pensar.

V. S.

Soy lo que escribo porque con la escritura trato de huir de la realidad.

Porque me gusta crear mis propias formas de expresión.

Porque necesito mostrar mis sentimientos a alguien.

Porque con las palabras vuelo a otro mundo de fantasía.

Soy lo que escribo pues cuando estoy bien , escribo bien.

Pero cuando no tengo ganas, no escribo nada.

Porque cuando estoy mal, lo hago todo desprolijo.

Porque cuando estoy aburrida, invento frases y poemas.

Soy lo que escribo, por lo tanto soy lo que soy.

Podría armar un diccionario con mis propios términos,

pues a través de mis palabras los demás

me pueden ver como una persona sensible.

R. G.

Soy lo que escribo porque reflejo mi personalidad.

Porque demuestro mis problemas.

Porque escribo lo que siento.

Porque me tranquiliza.

Soy lo que escribo cuando estoy triste,

cuando tengo problemas,

cuando extraño a alguien o algo,

cuando estoy mal.

Soy lo que escribo, por lo tanto todos pueden conocerme.

Si lees lo mío, podrás darte cuenta de los que siento y soy.

Mi escritura representa todo lo que quiero.

S. W.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Te contamos un Cuento IV:La Reina Zarposa

Texto escrito por J. L. y su tía C. La autora era socia del Club de Jóvenes Lectores y este cuento fue publicado en Libromanía, Revista del Club de Jóvenes Lectores, María Grande - AÑO 2 – NÚMERO DOS, junio/julio de 2004, Año del Centenario de María Grande.
Ambas fueron las autoras del dibujo que ilustró la tapa de la publicación, la cual representaba a nuestra mascota: una tortuguita de... cerámica.
La reina Zarposa era una babosa muy glamorosa que vivía en su reino comprendido entre el tobogán más alto del parque Merceditas y el cordón de la vereda sur. Aunque nadie sabía bien de la veracidad de su realeza, ninguno de sus súbditos se atrevía a cuestionar a la soberana porque tenía muy mal carácter. Sin embargo, lo que nadie ponía en duda era que la reina Zarposa era famosa por su fastuosa “Convención de los exóticos”, fiesta que brindaba cada año, donde ella presidiendo un jurado formado por su séquito real, elegía el animal o grupo de animales más raros del encuentro. Ese día se reunían en el parque tortugas con la caparazón en la panza, caballos que en vez de colas tenían trenzas, vacas que daban leche chocolatada, los infaltables perros con dos colas y otros bichos raros que año a año superaban en originalidad la capacidad de asombro de la reina Zarposa. Un día, un chico muy bueno e inteligente pero a la vez travieso llamado Matías salió de la escuela y como de costumbre buscó a su perra Pelusa para ir al parque y tomar unos mates debajo del árbol con ramas en forma de hongos. Mientras Matías le contaba a Pelusa su día en la escuela oyeron un zumbido bajito. Miraron hacia arriba y vieron unos mininos graciosamente emperifollados volando en formación hacia el sur. -¿Adonde van esos gatos alados?- preguntó Pelusa. -A ver a la reina Zarposa- contestó Matías sin agregar detalles. -¿Y quién es esa reina?- quiso saber Pelusa. Entonces Matías le contó de la reina y de la convención anual y Pelusa no quiso perderse semejante evento así que guardaron el mate en la mochila y fueron tras los gatos alados. Al llegar al castillo de la reina Zarposa quedaron maravillados al ver patos con picos de cigüeñas, cangrejos que caminaban hacia delante, zorrinos que desprendían olor a lavanda, cebras que en vez de rayadas eran circulares y otras rarezas del mundo animal. Después de un gran banquete y el discurso de la reina Zarposa comenzó la elección de “Los exóticos del año”. Cuando llegó el turno de los gatos alados realizaron una prolija exhibición aérea que deleitó al público y al jurado por supuesto. Al final de la jornada, la reina y el jurado nombraran ganadores a los gatos alados ante los aplausos de algunos y los pucheritos de otros presentes. Pelusa, observando desde lejos estaba verde de envidia por el premio de los gatos, que como todos saben, son enemigos de los perros. Pero cuando la fiesta terminó y todos los animalitos se fueron, Matías y Pelusa, que se quedaron observando detrás de un árbol, conocieron las verdaderas intenciones de la babosa: la reina Zarposa, que era muy vanidosa y ambiciosa, quería que los gatos fueran sus esclavos y la transportaran en su travesía para extender los límites de su reino. -¡Tenemos que hacer algo para ayudar a los gatos alados!- dijo Pelusa olvidando viejos rencores. -Tengo la solución: hay que conseguir cloruro de sodio- dijo Matías acomodándose los lentes. -¿Y de donde vamos a sacar eso?-preguntó la perrita. -De la cocina de mamá- dijo el nene y le explicó que en realidad, el cloruro de sodio no es más que la sal que las mamás usan para cocinar. -Ah, bueno, vamos por la sal entonces- gritó Pelusa mientras salía corriendo. En la casa de Matías prepararon una solución con sal y agua y regresaron al parque y reino de la reina Zarposa, donde vieron que los gatos estaban muy tristes dentro de celditas mientras que la reina se paseaba por los jardines de su castillos. De un salto, Matías y Pelusa rodearon a la reina y la amenazaron: -¡Reina Zarposa, libera a los gatos alados o morirás bajo el efecto de esta solución salitrosa!. -¡No, eso no!- pedía por favor la babosa que resultó ser muy temerosa y se moría de miedo pensando en que podía terminar achicharrada por la sal. Inmediatamente la reina miedosa dejó libres a los gatos que salieron volando muy agradecidos. Los que casi salieron volando también fueron Matías y Pelusa porque el nene, con tanta convención tramposa, había olvidado que tenía que hacer la tarea de matemáticas y su mamá lo estaría buscando furiosa. Y colorín colorado, este cuentito genial ha terminado.

domingo, 11 de marzo de 2007

Te contamos un "cuentito": Felipe y su tortuga

Felipe y su tortuga
Nora Devetac
Cuento producido en el Espacio Curricular Lengua 2,Profesorado para EGB 1 y 2 del Instituto María Grande - María Grande - Entre Ríos, 2002.
Un hermoso día de sol, jugaba Felipe al TA-TE-TI con su tortuga Clotilde en el patio de su casa. Se divirtieron un largo rato hasta que su mamá los llamó para mandarlos al almacén. Iban muy contentos haciendo piruetas en el monopatín que le acababan de regalar a Felipe y de pronto al pasar por Banco Nación, Clotilde saltó y deslizándose rápidamente…-tanto como puede una tortuga- se fue en busca del gerente que acostumbraba a convidarla con hojitas de lechuga.
Grande fue su sorpresa cuando en el camino se encontró con otro señor que al verla la hizo volar por el aire. Como una pelota, dio vueltas y vueltas y vueltas hasta que aterrizó en el cajón del escritorio… ¿de quién?... ¡del papá de Felipe!
Mientras tanto, en su casa, el niño lloraba por haber perdido a su compañera. Pero por suerte, su tristeza duró poco, pues cuando su papá llegó del Banco le trajo el regalo más esperado.

sábado, 24 de febrero de 2007

Te contamos un cuento II: De cómo me hice investigador científico

Lo que les voy a contar es la absoluta verdad y estos hechos me convencieron de que a veces uno se propone algo y con un poco de suerte lo logra… Bueno, con muuuucha suerte, como me pasó a mí.
Resulta que investigador fui siempre, me gustaba hurgar en los hormigueros, indagar sobre la forma en que el vecino podaba el árbol, curiosear mientras mi mamá cocinaba… y siempre tenía mis propias teorías para hacer las cosas, claro que no las decía porque seguro me hacía acreedor de unos buenos insultos.
Pero un día, mi mamá me dijo que si no hacía nada de mi vida iba a terminar en los caños, y ahí fue cuando se me encendió la lamparita. Porque ella siguió retándome y muy desalentada me preguntó:
-¿Es que no te gusta hacer nada, Juancito?
-Y… sí, me gusta investigar – le dije yo.
Ella me miró como si me hubiera crecido una planta de tomate en la nariz y con una mueca sólo respondió:
-Ajaaaá -y se fue.
Y entonces empezó la campaña. Una vez había oído que era difícil hacerse de un nombre en la comunidad científica, y aunque a mí no me parecía gran cosa ni dificultad, decidí empezar por ello.
Nombre ya tenía: Juan López, que por obvias razones (el enojo de mi mamá) preferí mantenerlo; sin embargo quería algo im-pac-tan-te: tipo de telenovela.
Así que a Juan le agregué Carlos, como el señor de al lado que me prestaba el diario todos los días.
Y… ¿qué apellido sumarle? Ya estaba: Alcántara… no sólo por la señora de la otra cuadra que vendía un pan casero re rico, sino porque como mi mamá decía que iba a terminar en los caños y … “caños” es más o menos lo mismo que “alcantarilla”. Buá, iba bien, y entonces se me ocurrió otra brillante idea. También mi progenitora solía decirme que era un atorrante y eso pegaba perfecto, porque una profe que tuve una vez me contó que así le decían a los que vivían en los caños que había traído no sé de dónde y cuyo fabricante era el señor A. Torrant.
Misión cumplida, me hice de un nombre: Juan Carlos López Alcántara Atorrante.
Lo demás vino solo, resulta que había quedado con un amigo en ir de vacaciones a Brasil. Y allá fuimos, pero era mi destino que se cayera el avión en medio del Amazonas y de ese pequeño conflicto naciera mi fama mundial.
No pasó nada, quedamos colgados de un árbol y bajamos a fuerza de ingenio.
Por supuesto que con el estrés del choque, yo estaba agobiado de cansancio y me acosté a dormir usando como almohada la gran raíz de un árbol. En eso estaba cuando mi perro Tomás empezó a lamerme la nariz y yo como siempre le empecé a rascar la oreja… Claro, que entonces me di cuenta de que en realidad no era mi perro Tomás -que no había viajado conmigo- sino el bicho más feo que hubiera visto hasta ese momento.
Me quedé quietito, ya que parecía encantarle que le rascaran la oreja, y como quien no quiere la cosa metí la otra mano en el bolsillo, a donde guardaba la cajita de chicles, lo único que llevaba encima para convidarlo.
Y sucedió lo más INCREÍBLE de todo. Así vine a averiguarlo, algo que nadie había logrado hacer hasta entonces y se transformaría en mi primer logro en la comunidad científica y me transformaría en el más afamado de la ciencia planetaria.
La serpiente araña manchada -ya que así llamé al bicho que estaba haciendo sociales conmigo- la más peligrosa del mundo, la más feroz y terrible, no sólo tenía orejas, le gustaba que se las rascaran, sino que adoraba el chicle de menta. El nombre no lo inventé yo, sino que lo saqué del Creative Writer un programa que yo tenía en la computadora de mi casa, y lo bueno es que ninguno de los otros científicos me dijo nada porque no lo conocían.
¿Cómo concluye esta historia?
Tomasita y yo, obvio: debía llamarla así por la confusión que dio inicio a nuestra relación, solos, ya que el resto de la gente del avión huyó despavorida por la selva cuando vio aparecer a mi monstruosa compañera de cinco metros y cincuenta patas, arribamos a un pueblito perdido, donde unos científicos esforzados, al mando del Dr. José Luis Lapuente y Mosca, procuraban desde hacía años descubrir lo que yo conocí por accidente. Cosa que me cuidé muuuuy bien de guardar.
Me vieron llegar en el lomo de mi nueva amiga mascando chicle de menta muy animados, y me convertí en lo que soy ahora: el Dr. Juan Carlos López Alcántara Atorrante, domador de la serpiente araña manchada, descubridor de sus debilidades y sus gustos.
Ahora estoy pensando en irme de vacaciones al África.
Gabriela Monzón

miércoles, 21 de febrero de 2007

Te contamos un cuento: Serafín y la princesa

Serafín y la princesa
Magali Azcárate, Graciela Bodratti, Stefanía Elizondo, Gloria Ledesma, Nora Holstein, Glays Widmer, María E. Brickman.
Cuento producido en el marco del Curso Taller de Reflexión sobre la Literatura Infantil y Juvenil "Ensanchando fronteras" a cargo de la Lic. Gabriela Monzón y la Prof. Susana Ciarrocca, Ramírez - Entre Ríos, 2002.
Hace muchos años en un barco pirata muy grande y muy viejo, descascarado de recorrer los mares, había una princesa buena y alegre que cantaba todos los amaneceres. Su voz era dulce y melodiosa, atraía a los peces que seguían la estela que dibujaba el barco sobre el agua. Su tripulación empezaba a trabajar con entusiasmo.
¿Qué estaría haciendo esta princesa, cantando para piratas, bandidos y enanos exploradores?
Nadie sabía. Lo más raro de todo era que ella usaba siempre, pero siempre, siempre, una capa extraña, bordada con dragones dorados. Algunas personas no le daban importancia, pero… uno de los enanos que había llegado al barco hacía poco, sí. Le llamaba especialmente la atención. Él siempre había soñado con lucir una capa tan brillante y hermosa como aquella.
Día tras día, Serafín, que así se llamaba el enano, esperaba la oportunidad en que la princesa se la sacara, aunque fuera sólo por un ratito, y ponérsela.
-¿Cómo me quedará esa capa tan inmensa? ¿Pareceré un príncipe?- Le preguntaba Serafín al capitán del barco cuando estaban solos. Mister Morrison le respondió:
-Te voy a contar un secreto, jamás se lo cuentes a nadie, La princesa, la primera noche de luna llena, camina lentamente a la popa y deja sobre la cubierta su capa para tirarse a nadar con los delfines. Pero sólo pro un momento.
Serafín, desde ese día, salía a mirar la luna, esperando que estuviera inmensa y amarilla sobre el mar.
¡Por fin llegó la noche esperada! La luna estaba como el capitán Morrison le había dicho, se escondió en un bote para espiar a la princesa. Su corazón latía como un tambor pensando si se animaría a ponerse la capa. ¡Era una prueba muy difícil, un verdadero reto! En medio de la penumbra, y sólo iluminada por el reflejo de la luna en el mar, la princesa comenzó a desatar el lazo que sujetaba la capa, mientras cantaba con su voz melodiosa y dulce. De repente, cuando caía la capa, su canción se transformó en un rugir de fuego. Su figura se transformó en un terrible dragón de escamas verdes y doradas que se arrojó al agua.
Serafín no sabía qué hacer. El terror lo paralizaba. Él ya no quería usar la capa y sólo pensaba si debía guardarse para siempre ese secreto, o si se los contaba a los demás.
Corrió desesperado a buscar a su amigo el capitán. Las palabras no le salían, pero Morrison entendió, porque ya sabía todo.
-No te asustes, no tengas miedo, ese dragón nos acompaña y nos ayuda a cuidar la flor encantada que llevamos en el barco, y que transforma con su mágico aroma a la gente mala en buena. Guardemos el secreto- dijo Morrison- No permitamos que el silencio invada nuestro barco y marchite nuestra flor. Ella morirá de tristeza, y nosotros seremos los tripulantes de un sombrío barco pirata, perdido en el mar.

Recetas para vivir la Literatura ...o sobrevivirla

Esta actividad surgió de un texto que circuló por las escuelas de mi ciudad hace ya unos cuantos años, y que aproveché sin dudarlo para inventar esta actividad.
Consiste en una propuesta inicial para hacer pensar -un poco humorísticamente- a los alumnos acerca de los anhelos y tropiezos de la profesión docente, y a su vez sobre sus propios deseos y expectativas en relación con la Literatura.
Les ofrezco a continuación: las consigna, el texto para trabajar y dos producciones muy interesantes que hicieron "mi chicos":
  • Lean la siguiente “RECETA PARA UN PROFESOR TIRONEADO” (me pareció original y simpática, por eso se las ofrezco).
  • Escriban en grupo (también con un poquito de humor) CONSEJOS PARA VIVIR LITERATURA o CONSEJOS PARA SOBREVIVIR LITERATURA, según lo que prefieran.
RECETA PARA UN PROFESOR TIRONEADO
Prepare una olla grande de agua.
Observe el plan de estudios elaborado por "expertos". Busque allí la relación teoría - práctica (¿no está?)
Piense en la libertad de cátedra sin intercambio, coordinación, interrelación, ni nada de eso. Haga un balance de la última reunión de departamento (u otra).
Piense en las necesidades de su país y de sus alumnos y en los aportes que Ud. puede hacer desde la docencia. Cuente los pesos que cobró este mes.
Tire los pelos que se arrancó dentro de la olla.
Cuente las horas que le faltan para: evaluar trabajos, atender a los alumnos, organizar su trabajito de investigación, llevar a sus hijos a la plaza, etc., etc., etc.
Eche los pelos que se arrancó dentro de la olla.
Recuerde una experiencia con los alumnos en la que trabajó con hipótesis que ellos plantearon, para resolver problemas que ellos elaboraron y en la información que ellos solicitaron para profundizar el tema.
Deje caer la baba en la olla.
Imagine la cara que pondrán algunos de sus colegas cuando les sugiera sentarse a discutir y coordinar alguna tarea en común.
Recuente las metidas de pata que hizo intentando coordinar un trabajo grupal.
Enumere los conflictos, barreras, etc. que fue afrontando y los que seguirán apareciendo. Deje caer las lágrimas en la olla Pruebe la sopa, agridulce, ¿no?.
... Esta no es una receta barata. Sus costos son elevados.
Si resuelve no cocinarla, piense que este es su país y aquí se formaran sus hijos... y compre los ingredientes.
PRODUCCIONES:
RECETA 1
Prepárense una olla y estén listos para hervirse los sesos todo el año.
Observen los propósitos y las reglas de trabajo, tírenlas a la olla y, a fuego lento, piensen sin esforzarse ¿cómo los cumpliremos?
Piensen en los conocimientos necesarios para poder digerir la materia. Hagan un balance de la última autocorreccción y pregunten ¿aprobamos?
Echen sus últimas dos neuronas en la olla hasta obtener una escritura adecuada y correcta.
Batan bien a la profesora hasta obtener el punto requerido y pónganle un poco de voluntad de su parte.
Dejen caer el fruto de la experiencia en la olla, cuando todo esté en su punto, sírvanlo en pequeñas porciones con aderezos de responsabilidad y empeño, y prepárense para soportar la Literatura.
RECETA 2
INGREDIENTES
3 tazas de amor
1kg. de responsabilidad
1 kg. de compromiso
Perseverancia, cantidad necesaria
2 kg. de humor
coraje, todo el que se tenga
1 ramillete de sonrisas
1 manojo grande de paciencia
1 lindo libro
1 buen profesor que en su personalidad contenga humor, paciencia, responsabilidad y sepa comprender que recién estamos aprendiendo a cocinar.
PREPARACIÓN
Tomar el libro con todo el coraje que tengamos y salpicarlo con amor (esto es indispensable para llegar a un buen final)
Colocar en un bol el libro junto con la paciencia y el humor (si con los dos kilos no alcanza, se le puede poner más ¡ojo! no pasarse de los tres kilos. Puede ser contraproducente)
Batir e ir agregando perseverancia, la cantidad que se necesite. Dejaremos de batir cuando esta mezcla nos produzca ganas de buscar otro libro, y otro, y otro. Recordar que si la mezcla no nos provoca esto, seguramente falta un poco más de perseverancia, agregársela.
El próximo paso es condimentar con responsabilidad y paciencia.
Desmoldar y servir con un ramillete de sonrisas y si hay alegría también.
Se debe acompañar con el buen profesor.
IMPORTANTE: Esto no es una receta fácil de lograr, por eso si la primera vez que la hace no se llega al final esperado, volver a intentarlo.