sábado, 31 de marzo de 2007

ENFOQUES DE LA DIDÁCTICA DE LA LENGUA

MONZÓN, Gabriela, Fragmento de “Escritores que aprenden leyendo. Una experiencia didáctica de lectura y escritura de historias de terror” (fragmento).Tesis correspondiente a la Licenciatura en Lenguas Modernas y Literatura. U. N. E. R. - FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN, Paraná, abril de 2002.

“(…) Cómo se enseña y se aprende a leer y escribir

Graciela Alisedo y otras autoras, en la Didáctica de las Ciencias del Lenguaje[1], realizan un análisis de las prácticas escolares de enseñanza y aprendizaje de la lengua y revelan con lucidez las mudanzas entre las que aún se debaten las acciones referidas a la escritura. Coincidentes con paradigmas didácticos históricamente reconocidos, las autoras diferencian tres enfoques: el tradicional, el activo y el activo-reflexivo.

El primero, el modelo tradicional, obedece a una concepción canónica de la didáctica de la lengua como enseñanza de la lengua “culta”, cuyo modelo está dado por las obras de escritores prestigiosos. Se produce un estudio descontextualizado y memorístico de cuestiones gramaticales y normativas y, por otro lado se instaura la escritura como una cuestión aislada, centrada en la copia de un modelo, lo cual no se vincula con los otros aprendizajes lingüísticos. La escritura es un producto ofrecido a la supervisión externa del docente.

El segundo, el modelo activo, aunque con saludables propuestas flexibilizadoras en torno de los roles estandarizados y rígidos del modelo anterior, cae en un vacío de contenido. No hay un rígido modelo gramatical a reproducir, pero no hay tampoco contenidos alternativos. En cuanto a la escritura, el alumno vuelve a estar instalado ante la página en blanco y en este caso ni siquiera tiene un molde para copiar; se privilegia la creatividad, pero se cae en la desorientación, en el dejar hacer. El escrito es igualmente corregido desde afuera por el adulto, pero en este caso no queda muy claro -ni para el alumno ni para el docente- qué objetivos se persiguen.

El modelo activo-reflexivo instaura desde el inicio principios claros que derivan de las investigaciones que se han realizado en el último siglo acerca del lenguaje, la lectura y la escritura. En primer lugar, entiende que toda práctica lingüística vehiculiza una intención comunicativa, posee un destinatario y precisa de recursos lingüísticos adecuados a la intención. La eficacia comunicativa no crece espontáneamente sino que se desarrolla como aprendizajes específicos en un contexto social. Por lo tanto, desde esta perspectiva la escuela debe proveer situaciones verdaderas de comunicación en las que se hace necesario el uso de la lengua, y en la que su aprendizaje se da en el entrecruzamiento de la observación de los propios textos, la orientación del docente y los aportes de los pares.

En este último modelo, las autoras proponen una alternativa que denominan metodología de la descentración. Esta consiste en el ofrecimiento de textos escritos desviados en algún nivel de representación, los que -sometidos al análisis por parte de los alumnos- pueden ser corregidos a partir de la puesta en funcionamiento de sus competencias lingüísticas y comunicativas, y de esta manera se puede acceder a la sistematización de regularidades y a la formulación explícita de las reglas del código. Esta metodología brinda una instancia en la que el aprendiz se instala “desde afuera” a observar y corregir un texto ajeno, lo que le permite volver posteriormente con otra mirada sobre sus propios textos. (…)”

[1] ALISEDO, Graciela y otras. Didáctica de las ciencias del lenguaje. Buenos Aires, Paidós, 1994.

viernes, 30 de marzo de 2007

jueves, 29 de marzo de 2007

PPS Proyecto "Nuestro libro de historias" (Madrid, 2005)

Esta presentación Powerpoint acompañó mi lectura de la ponencia "Nuestro Libro de Historias" en el III Congreso Internacional de EducaRed, Madrid, noviembre de 2005. Se las ofrezco, espero que sea de alguna utilidad ya que si bien se refiere a la escritura de un libro de cuentos, presenta conceptos de didáctica de la lengua referidos a toda situación didáctica de escritura de textos.

lunes, 26 de marzo de 2007

Te contamos un cuento V: El cuadro de la muerta

Texto escrito por V. F.
La autora era socia del Club de Jóvenes Lectores y este cuento fue publicado en Libromanía, Revista del Club de Jóvenes Lectores, María Grande - AÑO 2 – NÚMERO DOS, junio/julio de 2004, Año del Centenario de María Grande.
Rara vez Luz iba al museo pero esta vez tenía que ir si quería averiguar lo que pasaba. Como le apasionaban los misterios; lo que debía averiguar era por qué había un cuadro hecho hacía un mes por una persona fallecida hacía tres años.
Así que, fue a hablar con Frodo, el guardia del lugar, para ver si él había notado algo raro, si no había visto a alguien. Él no supo contestarle.
Pero le dio un dato. Este era que, la persona que traía los cuadros decía que eran un recuerdo de su mujer.
Luz observó la pintura, anotó todo lo que decía esta y se fue a su casa.
A los días se le ocurrió que podía ir al registro civil a que le dieran información de algún pariente. Allí le dieron la dirección de la casa donde se encontraba el esposo y sus tres hijos.
Pasaron cuatro días y Luz decidió ir a la casa. Llegó y la tendió la sirvienta, esta tenía un cartelito que decía Jacinta. Jacinta le preguntó qué andaba buscando y Luz le dijo que necesitaba hablar con el señor Emanuel. La mujer la hizo pasar y al instante apareció Emanuel, él la invitó a sentarse y le preguntó quién era y qué necesitaba.
Luz le contestó que quería saber qué le había pasado a su esposa; él con los ojos lacrimosos le contó que una noche de lluvia venían de una fiesta y el auto se fue para la banquina y se dio vuelta, y que Inés había muerto al instante, él se salvó de suerte. Dijo también que cuando estaba en el hospital se le apareció el alma de su mujer y le dijo que cuidara a los chicos.
Cuando Emanuel terminó de hablar Luz le preguntó si ya hacía tres años del fallecimiento y él le dijo que sí, entonces ella le contó lo del cuadro. Él no lo podía creer, pero no pudieron seguir hablando porque justo entraron los chicos. Estos se presentaron: Lucas era el más grande y tenía doce, Laura tenía ocho y Lucio cuatro años.
Luz como no sabía qué hacer se preparó para irse, el señor le dijo que si necesitaba algo volviera, Luz le contestó que con gusto volvería y se fue.
Cuando llegó a su casa, llamó a su mejor amiga, Sandra, para que fuera, que le tenía que contar algo. Cuando Sandra llegó, Luz le contó todo hasta el último detalle y le dijo que Emanuel no le había dicho si su esposa era o no pintora, aunque había muchos cuadros y todos tenían el nombre de Inés. Le pareció que algo raro pasaba, además estando en la casa había sentido ruidos en el sótano.
Luz siguió yendo a la casa de Emanuel con cualquier excusa, hasta que un día se metió en el sótano y se llevó una gran sorpresa. Junto a ella había otra persona y según la foto que le habían mostrado era Inés. Eso terminó de confundir a Luz.
Lo bueno fue que ninguna de las dos gritó, pero Luz no aguantó y le preguntó si era Inés. Ella le dijo que sí. Luz le pidió que le contara por qué estaba ahí, e Inés le narró que su marido había inventado lo del choque, que en lugar de ella habían enterrado a una muñeca idéntica a ella y que sus hijos creían que estaba muerta. También le dijo que su esposo la obligaba a hacer cuadros que él después vendía a más de diez mil pesos y que por eso tenían semejante casa.
Después de lo que le relató Luz dijo que llamaría a la policía y que la iba a ayudar, salió del sótano, entró a la casa y sin que nadir la viera agarró el teléfono y llamó a la policía. Ellos le dijeron que iban para allá.
Pasaron cinco minutos y tocaron el timbre, Jacinta atendió y era la policía. Esta se asustó pero ellos le dijeron que llamara al señor de la casa. Jacinta fue y lo buscó mientras Luz les contaba todo, estos le dijeron que no se preocupara y que buscara a Inés.
En ese momento llegó Emanuel, y Luz trajo a Inés.
Ella preguntó por sus hijos y Jacinta le dijo que estaban en el patio.
Los agentes se llevaron a Emanuel y a Inés la dejaron en la casa con sus hijos, ella estaba tan contenta que se olvidó de que Luz estaba en la puerta despidiendo a la policía, cuando ellos se fueron, la chica le pidió a la mujer que disfrutara mucho y que no se preocupara por Emanuel porque tendría que cumplir años de condena. Cuando terminó de hablar, Inés le dio las gracias y le solicitó que la fuera a visitar.
Y así fue como Luz resolvió el caso del cuadro de la muerta.

domingo, 25 de marzo de 2007

Soy lo que escribo, soy como escribo... (1a. Parte)

A partir de la interesante iniciativa de www.escribesinfaltas.blogspot.com, a la que me sumé gustosa, se me ocurrió llevar a dos de mis grupos de alumnos de Polimodal el texto Eres lo que escribes, eres como escribes, para promover el debate y la reflexión sobre su propia escritura.
Y como sucede más de una vez... las propuestas que uno piensa evolucionan inesperadamente o se transforman de manera inusitada. Así sucedió esta vez, pues aunque pretendía reflexionar acerca de las normas de la lengua escrita, la situación se transformó en una instancia de valoración de la escritura como modo de expresión único. Por esto, les propuse a continuación la creación de un texto personal a partir del completamiento de una estructura que implicara desarrollar la idea de la campaña… y he aquí el resultado.
Puestos a crear y reflexionar, este grupo de adolescentes expresó con sus palabras su vínculo con la escritura.
Nota: A raíz del número de textos, los presentaré en varias etapas.
Eres lo que escribes, eres como escribes
Soy lo que escribo porque mi personalidad me identifica en mis expresiones.
Porque mi imaginación es un mundo de alas.
Porque la vida me ha enseñado a valorar la sabiduría.
Porque es la forma de expresar lo que siento.
Soy lo que escribo cuando mis palabras surgen de la nada.
Cuando mis sentimientos se convierten en historias.
Cuando mis sueños se vuelven realidad.
Cuando mi alma está angustiada.
Soy lo que escribo, por lo tanto me describo como soy,
es mi forma de pensar,
mis propias ideologías
y mi propia historia.
C. M.
Soy lo que escribo porque me reflejo en la escritura.
Porque me muestro como soy.
Porque expreso lo que siento en cada momento.
Soy lo que escribo cuando necesito desahogarme.
Cuando necesito que me escuchen.
Cuando un amigo fiel que no le cuente a nadie.
Cuando simplemente quiero escribir.
Soy lo que escribo, por lo tanto si leés podés conocerme,
Y saber lo que siento y pienso en cada momento.
No intentes corregirme así soy yo.
N. A.
Soy lo que escribo porque escribo lo que siento.
Porque refleja mi estado de ánimo.
Porque me hace sentir mejor.
Porque me siento más aliviada.
Soy lo que escribo cuando necesito expresarme.
Cuando no me siento bien.
Cuando estoy feliz.
Cuando me invade la soledad.

Soy lo que escribo, por lo tanto podés conocerme

a partir de lo que escribo,

porque las palabras simplifican mi forma de ser y pensar.

V. S.

Soy lo que escribo porque con la escritura trato de huir de la realidad.

Porque me gusta crear mis propias formas de expresión.

Porque necesito mostrar mis sentimientos a alguien.

Porque con las palabras vuelo a otro mundo de fantasía.

Soy lo que escribo pues cuando estoy bien , escribo bien.

Pero cuando no tengo ganas, no escribo nada.

Porque cuando estoy mal, lo hago todo desprolijo.

Porque cuando estoy aburrida, invento frases y poemas.

Soy lo que escribo, por lo tanto soy lo que soy.

Podría armar un diccionario con mis propios términos,

pues a través de mis palabras los demás

me pueden ver como una persona sensible.

R. G.

Soy lo que escribo porque reflejo mi personalidad.

Porque demuestro mis problemas.

Porque escribo lo que siento.

Porque me tranquiliza.

Soy lo que escribo cuando estoy triste,

cuando tengo problemas,

cuando extraño a alguien o algo,

cuando estoy mal.

Soy lo que escribo, por lo tanto todos pueden conocerme.

Si lees lo mío, podrás darte cuenta de los que siento y soy.

Mi escritura representa todo lo que quiero.

S. W.

sábado, 24 de marzo de 2007

En defensa de la fantasía…

En estos días en que los argentinos nos detenemos a reflexionar muy particularmente acerca de las libertades, los derechos humanos y los eventos trágicos de nuestra historia que aún siguen impunes, no puedo menos que recordar los tiempos de mi escolaridad en los que de ninguna manera hubiésemos podido leer lo que les es dable leer a mis alumnos hoy.
¿Por qué se me ocurre a mí pensar en esto cuando habría tantos otros aspectos desde los que abordar la cuestión? Sencillamente, porque en este oficio en el que las palabras son el centro de mi diaria tarea, en el que albergo la esperanzada convicción de que apropiarnos de nuestro decir contribuya a hacernos libres, no puedo más que detenerme a analizar que aún hoy la fantasía, la imaginación, el juego, la invención, son temidas y sospechadas.
Luego de veinticuatro años de democracia no hemos superado aún la mordaza y circulan soterradas corrientes que miran de reojo y con desprecio cuando las palabras crean, cuando se llenan de doble sentido, cuando se les da por el disparate, cuando se alían en el descalabro de lo establecido y estereotipado, cuando recuperan lo diferente, lo extraño, cuando rompen la norma.
A veces esta sociedad insólita y más alucinante que cualquier ilusorio relato de ciencia ficción, sigue caratulando y segregando aquello que le incomoda. Y no por nada: la literatura, y particularmente lo fantástico, tienen el poder de decir sobre el mundo y el ser humano en ocasiones tanto o más que el y “educativo” supuesto realismo... y eso es de temer.
Me tomo el atrevimiento de presentarles a continuación una serie de fragmentos del libro de Graciela Montes: El corral de la infancia. Acerca de los grandes, los chicos y las palabras. (Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991) en los que la autora reflexiona maravillosamente sobre esta cuestión:
“[…]en 1978, durante la dictadura militar, un decreto que prohibió la circulación de La Torre de cubos, de Laura Devetach, hablaba en sus considerandos de exceso de imaginación –“ilimitada fantasía” dice- como una causa principal para desaconsejarlo. En fin, la fantasía es peligrosa, la fantasía está bajo sospecha, en eso parecen coincidir todos. Y podríamos agregar: la fantasía es peligrosa porque está fuera de control, nunca se sabe bien adónde lleva.
[…]
Pero ¿de qué se acusa en realidad a la literatura infantil cuando se la acusa de fantasía? ¿Por qué tanta pasión en la condena? ¿En nombre de qué valores se lanza el ataque? ¿Qué es lo que se quiere proteger con ese gesto?
Estoy convencida de que, en esta aparente oposición entre realidad y fantasía, se esconden ciertos mecanismos ideológicos de revelación/ocultamiento que les sirven a los adultos para domesticar y someter (para colonizar) a los chicos.
[…]
De que la realidad resulta escandalosa puedo dar testimonio personal. Cuando en 1986 edité una serie de libros para niños donde daba cuenta con palabras sencillas pero sin pelos en la lengua de lo que había sucedido en nuestro país durante la dictadura y hablaba, por primera vez en un texto para chicos, de los desaparecidos, las críticas de los sectores más reaccionarios de la educación se centraron en que ésos no eran temas para tratar con los chicos. Para muchos no estaba mal hablar de derechos humanos, por ejemplo, siempre y cuando uno se mantuviese en el terreno del deber ser; uno podía enumerarlos y decir que había que respetarlos pero de ninguna manera relatar sus violaciones.
Esa cuidadosa desrealización de la realidad es la que campea en nuestros libros de historia, que se convierten en galerías de héroes, villanos y fechas patrias, es decir en una auténtica deshistorización de la historia.
En síntesis, el manejo de la pareja realidad/fantasía le permite al adulto ejercer un tranquilo y seguro poder sobre los niños. Con esas dos riendas, los adultos -no porque sí sino seguramente por motivos muy profundos, por viejas tristezas y viejas frustraciones, tal vez tratando de proteger la propia infancia de toda mirada indiscreta- podemos mantener a los chicos en el corral dorado de la infancia.
El corral protege del lobo, ya se sabe; pero también encierra. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos controladores, tanto la fantasía descontrolada -la que se atreve a todo, la que se vuelve fácilmente sensual o sangrienta y cruel- como la realidad se cuelan dentro del corral. Están en los juegos de los chicos -donde uno vive, muere o se salva fantásticamente pero con intensidad muy real-, están en los disparates, en las retahílas (siempre me acuerdo de una que jugábamos cuando era chica para elegir quién era mancha: “Bichito colorado mató a su mujer con un cuchillo de punta alfiler. Le sacó las tripas las puso a vender: ¡A veinte a veinte las tripas de mi mujer!”), en los viejos cuentos (en los que creo que se refugiaron los chicos por falta de fantasías nuevas) y también en algunos libros que burlaron la vigilancia de los pedagogos y circularon con sus locas fantasías y sus intensas realidades por todas partes.
[…]
En fin, es una búsqueda nueva; ni el sueñismo de la fantasía divagante ni el realismo mentiroso. Más bien exploración de la palabra, que es exploración del mundo y que incluye en un solo abrazo lo que suele llamarse realidad y lo que suele llamarse fantasía. Es decir, literatura.
Durante muchos años pesó más el platillo de lo infantil; ahora está empezando a pesar el platillo de la literatura. La literatura, sospecho, nos va a sacar del corral.
[…]”

Colaboración en adhesión a la “Semana de la memoria”

“Y al país lo remataron, y lo remataron mal. Lo partieron en pedazos, y ahora hay que volverlo a armar”
(Para el pueblo lo que es del pueblo, José Tcherkaski y Piero, 1973)
Me complace presentar a continuación el primer aporte ofrecido a este blog de parte una colega -la Profesora Araceli Beltramino- que generosamente me acercó un trabajo realizado con alumnos de 3° año Polimodal de la Escuela N° 65 “Monseñor Jorge Schöenfeld” de Aldea “Santa María” (Entre Ríos - Argentina).
Los chicos editaron -en el transcurso de 2006, bajo la coordinación de la docente mencionada y el profesor Julián Gómez- una publicación denominada “3° sin fronteras”. De la segunda edición de esta presento el Editorial puesto que es representativo de la producción y dos artículos. Estos fueron elaborados en el marco de las reflexiones efectuadas en la “Semana de la Memoria”, en la cual recordamos el pasado para que no nos vuelva a suceder: el golpe militar del 24 de marzo de 1976 que instauró la dictadura en la Argentina durante siete años de horror.
Editorial
Tercero sin fronteras: comenzó a caminar hace unos meses. En ese momento, la posibilidad de realizar una revista nos pareció una meta lejana, casi inalcanzable. Sin embargo, el esfuerzo común y la convicción con la que emprendimos el proyecto nos permitió dar el primer paso.
En consonancia con una de los primeros objetivos planteados, el primer número de la revista fue el fruto de un proceso de trabajo colectivo de indagación, análisis y escritura. Así como también nos posibilitó expresar las opiniones, expectativas y deseos compartidos. Otros de los objetivos fundantes de la revista consiste en pensar un espacio de diálogo, intercambio y reflexión con la comunidad educativa.
Desde luego que no fueron pocas las dificultades que tuvimos que enfrentar para continuar con la revista.
Sin embargo a pesar de los obstáculos logramos seguir adelante, uniéndonos y trabajando como grupo.
“Tercero sin fronteras sigue caminando. Ahora damos nuestro segundo paso”
Literatura ¿para todos?
Es cierto que no siempre valoramos lo que tenemos hasta que nos pasa algo que nos hace verlo, en el tiempo de la dictadura (1976-1983) no se podía leer libros que cada lector eligiera, sobre todo textos con ideas de izquierda. Muchos libros de escritores conocidos fueron prohibidos. A pesar de esto, algunos siguieron escribiendo secretamente y hubo otros que se fueron para poder escribir y publicar sus libros.
La mayoría de los libros que se prohibieron fueron de la literatura infantil ya que en ese tiempo se usaba a la literatura para chicos como una voz maternal que “respaldaba un paternalismo reglado desde afuera por los valores de óptica adulta” y no aceptaban las libertades de aquellos textos debido a que lo diferente o raro era peligroso, prohibido. También así hubo maestros que siguieron enseñando literatura a sus alumnos a pesar de lo prohibido, uno de ellos fue Paulino Guarido quien dijo: “¡Cómo me gustaría que alguno de esos pibes que ahora son padres leyeran esto! Solamente para que sepan que a pesar del miedo nosotros manteníamos nuestros ideales. Y que gracias a poder vencer algunos miedos hoy Bartolo se encuentra vivito y coleando.”*
Resumiendo quisiera señalar que estamos mejor, ahora podemos leer y expresarnos libremente, sin que nadie nos prohíba leer lo que nosotros queremos; por eso valoremos los libros que tenemos sino siempre vamos a lamentar de nunca haber valorado lo teníamos.
J. W.
*Nota: “Paulino Guarido es maestro y, actualmente, es el Secretario General de la Seccional La Matanza del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires (SUTEBA). Su testimonio forma parte de la Propuesta Didáctica "Libros: Memoria con futuro", elaborada por Claudia Rodríguez Paoletti y publicada en la revista La Educación en nuestras manos N° 75 (Buenos Aires, SUTEBA, marzo de 2006).” Estos datos sobre el mencionado docente, así como las palabras citadas en el artículo fueron extraídas de http://www.imaginaria.com.ar/17/6/la-torre-de-cubos.htm.
El miedo a perder la literatura
Para nosotros es muy importante la libertad que brinda la democracia, porque permite tener libres pensamientos y actitudes ya sea leyendo un libro o informándote a través de la radio o televisión.
En la época de la dictadura cierta literatura no tenía lugar, sólo se podía leer la ficción que el estado permitía, pero hubo una a la que atacaron más: la literatura infantil.
Los militares no querían que los chicos leyeran ciertos textos porque los afectaría, decían que los cuentos como “La torre de cubos” de Laura Devetach no cumplían los requisitos de un cuento infantil de la época que debía formar al niño por encima de la estructura y arte de los textos literarios. Cuando se produjo el dictamen de prohibición* se acusó a dicho cuento de tener “graves falencias tales como simbología confusa, objetivos no adecuados al hecho estético, etc.” Les molestaba que en esta obra literaria apareciera la óptica del niño, sus deseos, sus críticas y su participación.
Incomodaba que los chicos tuvieran como deseo cambiar la realidad.
Por más que en el ’76 estuviera prohibido escribir, leer o hablar ciertos temas en los medios, no quiere decir que esto haya afectado el pensamiento literario.
Desde la postura de Beatriz Sarlo “todo lo relacionado a la literatura que había comenzado en la época no se interrumpió, sino que continuó con dificultad de conseguir estos textos en condiciones de persecución y clausura”.
V. G.
*Nota:
El Boletín N° 142 de julio de 1979 por el cual el Ministerio de la Provincia de Santa Fe prohibió el uso de La torre de cubos en las escuelas.