domingo, 29 de abril de 2007

Algunos fragmentos para pensar sobre la lectura, los grandes y los chicos...

Estos fragmentos forman parte de los materiales con los que interactuamos un grupo nutrido de adultos en el Taller: “La pasión por la lectura se contagia” -a mi cargo- en el marco de las Jornadas Regionales de Promoción de la Lectura, organizadas en Paraná por el Plan Nacional de Lectura en noviembre de 2004.
Creo que vale la pena compartirlos, nos hacen pensar, nos tocan allí donde duele y donde nos incomoda, porque si los adultos creemos que la lectura es importante... ¿qué parte de nuestro tiempo/vida/desvelos... le dedicamos?, ¿cuánto placer le permitimos que nos brinde?, ¿cuán necesaria nos resulta?, ¿cuán vital, cuán imprescindible?...
<<[…] Maestro: mediador, compañero de viaje y modelo

Pennac nos dice que el niño "seguiría siendo un buen lector si los adultos alimentaran su entusiasmo, si estimularan su deseo de aprender, si le acompañaran en su esfuerzo, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente, si alimentaran este placer –el de la lectura– hasta que se transmutara en deber".

Y, más adelante, devela una de las claves del contagio de la magia de la lectura: "¿y si, en vez de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer?"

Víctor Moreno insiste también en el papel del maestro-profesor: "la importancia del maestro me parece clave en las facetas de motivar: la motivación es fácil cuando el niño lee lo que quiere, donde quiere y como quiere; ha de estrujarse el magín elaborando actividades y juegos sobre el libro que se desea leer. Y, muy importante, conocer a los niños y niñas que no leen, los factores que han intervenido en esta inapetencia y solicitar de ellos un plan concreto de lecturas que les gustaría zamparse". Su reflexión concluye tajante y elocuentemente: "si no hacemos buenos lectores, no habrá escuelas vivas, donde el niño sea actor y creador", y nosotros apostillaríamos humildemente: "no habrá una sociedad más dinámica y tolerante".

[…] Víctor Moreno nos lo recuerda con estas palabras: "El objetivo es crear gusto por leer –el placer desinteresado de leer–, recrearlo y mantenerlo siempre terso y en tensión, para que el ánimo lector no decaiga. El gusto por la lectura no se adquiere leyendo bajo el efecto de la necesidad o de la obligación. La lectura solamente puede ser fuente de placer o de alegría cuando ha sido filón de descubrimientos. [...] Nuestra intención, voluntad y perversa pedagogía es procurar que los niños y niñas lean única y exclusivamente para el ombligo celestial de su alma .>>

OSORO; Kepa, “Leer para fecundar el futuro”.

Extraído de la revista digital de Literatura infantil Cuatrogatos (www.cuatrogatos.org)

“(…) De la narración oral a la pasión lectora

Leer libros a los niños es una de las labores más trascendentales y gratificantes que un maestro o un padre pueden hacer por la salud lectora de los muchachos. Por encima del interés pedagógico o científico del texto narrado hemos de situar la tremenda carga afectiva que encierra esta tarea.

Debemos reservar diariamente un rato a la narración gozosa de un relato motivador y emocionante. El niño esperará con ilusión estos momentos mágicos y todos disfrutaremos desde nuestro papel: ellos como oyentes apasionados y nosotros como generadores de fantasía y afecto.

Vamos a terminar con una frase de Pierre Gamarra: "No pueden leerse libros si antes no se ha leído el mundo".”

OSORO; Kepa, “Lectura: reflexiones para una utopía”. Extraído de la revista digital de Literatura infantil Cuatrogatos (www.cuatrogatos.org)

“(…) En suma, le enseñamos todo sobre el libro en esos tiempos en que no sabía leer. Los abrimos a la infinita diversidad de las cosas imaginarias, lo iniciamos en las alegrías del viaje vertical, lo dotamos de la ubicuidad, le entregamos a Cronos, lo sumergimos en la soledad fabulosamente poblada del lector… Los cuentos que le leímos hormigueaban de hermanos, hermanas, padres, dobles ideales, escuadrillas de ángeles guardianes, cohortes de amigos tutelares que se hacían cargo de sus pesares, pero que, luchando contra sus propios ogros, encontraban a su vez refugio en los latidos inquietos de su corazón. (…) Así descubría la virtud paradójica de la lectura que consiste en abstraernos del mundo para hallarle un sentido.

(…) Sí le enseñamos todo sobre el libro.

Le abrimos un formidable apetito de lector.

Hasta el punto, recuerden, hasta el punto que ¡estaba ansioso por aprender a leer!

¡Qué pedagogos éramos cuando no nos preocupábamos por la pedagogía!”

PENNAC, Daniel. Como una novela. Colombia, Editorial Norma, 1997.

3 comentarios:

Lu dijo...

A veces, la sencillez es la mejor aliada del pensamiento. Estas citas son un ejemplo de lo que digo.

Daniel Penac es todo un referente cuando se habla de la lectura y los adolescentes.
Los docentes deberíamos tener en mente aquellas palabras con las que el escritor advierte de que, cito de memoria, "leer es un verbo que no admite el imperativo".

Verónica Rodríguez dijo...

Hola: soy Verónica Rodríguez, Profesora del Nivel Superior del Instituto María Grande. Quísiera contarles mi experiencia al leer estos artículos, ya que han sido significativos para mí.
A veces me encuentro en una contradicción ¿Debo obligar a mis alumnos (futuros docentes) a leer?, ¿O debería motivarlos para que descubran el placer por la lectura sin presiones?
Frente a la primera opción podría decir que hay ciertos textos que son de lectura "obligatoria", por lo cual deberían abordarlos para el aprendizaje de los contenidos.
Frente a la segunda opción, podría argumentar que si me considero "mediadora o compañera de viaje" debería contagiar o, mejor dicho, compartir con ellos el placer que me produce leer un texto y todo lo que me genera: inquietudes, preguntas, respuestas, incertidumbres o certezas.
Pero pensándolo mejor creo que no debemos encasillarnos en una u otra, ya que siempre hay una tercera opción...
Una semana atrás tenía un objetivo: explicarles a mis alumnos la estructura de un texto "de lectura obligatoria" que debían leer para la próxima clase. Y casi, sin querer me descubrí compartiendo con ellos lo esencial, trascendente, emocionante e innovador que me había parecido, ya que aportaba propuestas muy interesantes para ellos y ese era el motivo de mi elección...
En mis palabras había emoción, y sentimientos genuinos de amor por la lectura.
Grata fue mi sorpresa, cuando una semana después, les pregunté a los estudiantes qué les había parecido el texto y la mayoría expresó que había sido "interesante, claro, lindo, etc".
En síntesis, sea o no de lectura obligatoria, el docente transmite sus emociones (o no) por lo que lee y por lo que selecciona para sus alumnos. Y aunque sea un texto muy complejo, la presentación que uno hace de él incidirá en el interés del otro y en su actitud lectora.

Gerardo dijo...

Hola, me pareció muy bueno tu comentario y experiencia, me ha hecho refleccionar un poco mas sobre el trabajo que estoy preparando.