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sábado, 15 de noviembre de 2008

Eduardo Dayán, Palomas son tus ojos

Vi por primera y única vez a Eduardo Dayán en Buenos Aires, en el 11.º Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro, en el marco de la 33° Feria Internacional del Libro, cuando fuera a llevar la ponencia “De los agujeros negros que deben sortear los lectores en el Nivel Medio”. Cuál no habrá sido mi sorpresa al terminar la ronda de exposiciones, al recibir el cálido saludo, el aliento generoso y la simpática felicitación de este señor que no conocía ¡y que además era escritor! En los pocos minutos que estuvimos frente a frente descubrí que compartíamos además la pasión por la lectura y la literatura, el entusiasmo por contagiarla a los jóvenes lectores, las ganas de hacer cosas. Luego intercambiamos unos cuantos mails, y la comunicación se diluyó pues honestamente me sentía incómoda por no poder conseguir su novela que prometí leer.
Pasó el tiempo, y al fin puedo decir que ha llegado “ese día” pues no hace mucho pude comprar -en otro viaje a Buenos Aires, ya que en mi provincia fue imposible- la obra de Eduardo Palomas son tus ojos, editada por Norma en la colección Zona Libre.
Puedo decir, sin temor a equivocarme, que es la mejor novela juvenil del género realista romántico que he leído. Es sencillamente exquisita, puesto que a una prosa amena, ágil, matizada de estilo coloquial que asume diversas voces, le suma la belleza de la poesía que se cuela por aquí y por allá, bajo el pretexto narrativo de que Pablo le escribe a María del Carmen.
La historia narra el amor de un chico que ya cursa la universidad y una adolescente que aún se halla en la secundaria, con los consecuentes conflictos que ambos deben afrontar en el contexto familiar. A lo que se suman los prejuicios (tan desgraciadamente típicos de la obtusa sociedad argentina) que se vinculan al hecho de que él es judío y la jovencita no; pero además vemos en un tono sobrio y nada casual, un marco narrativo que incluye un hecho histórico que forma parte de la galería de horrores y deudas de la Argentina: el atentado a la Amia.
Francamente, “Palomas son tus ojos” es una delicia de relato, encantadora y tierna, a la vez que aguda y mesurada al ubicar como telón de fondo hechos que el común de la gente olvida y sobre los que la mayoría de nuestros adolescentes no tienen ni noticia, puesto que los medios de comunicación instalan permanentemente nuevos temas y borran lo que no les reditúa. Pero más allá de esto, la trama no deja de centrarse en una historia de amor de las que todos queremos vivir una vez en la vida.
Sobre el autor
Eduardo Dayan es Profesor de Lengua y Literatura y Licenciado en Letras por la Universidad del Salvador.
Ejerció en escuelas de nivel medio y terciario y dirigió Talleres Literarios en el Programa de la Universidad de Buenos Aires destinado a adultos mayores de 50 años.
Autor de libros orientados a la enseñanza de la lengua y escritor de ficción, con títulos como: Amor con todas las letras (Editorial El Ateneo) y Palomas son tus ojos, con la que ganó el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 2002, novela que, según su propio autor, "presenta las dificultades del descubrimiento mutuo en una característica historia de amor adolescente".
Fue premiado en el Segundo Concurso Nacional Docente de Cuentos Infantiles (Ctera-Colihue), en el Concurso Nacional de Cuentos para niños de la Fundación El Libro, en el Concurso de cuentos para cebollitas de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina) y en el Concurso Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (H.I.J.O.S.).
El Monitor de la Educación, la revista del Ministerio de Educación, publicó en el número de noviembre de 2004 su cuento La escalera de sus sueños.
Fuente:
http://www.barriada.com.ar/EduardoDayan/eduardodayan.htm

NOTA: Hoy, 9 de abril de 2012, me enteré accidentalmente gracias al comentario generoso de una visitante del blog que el 27 de febrero de 2012 falleciera mi querido amigo Eduardo, pues desde aquella vez que nos viéramos e intercambiáramos unos pocos correos mucha agua bajo el puente había pasado y gracias a la tecnología, el amor por la literatura y la palabra nos habían acercado en la distancia.
Extrañaremos su entusiasmo, su alegría de vivir, su gozo de la lectura, su generosidad.

Annette Curtis Klause, La marca del lobo

No sé cuánto tiempo anduve detrás de esta novela a raíz de haber visto la película que llevaba como título precisamente el nombre original del libro de Curtis Klause: Blood and chocolate, hasta que por fin di con ella y pude acceder a su lectura.

Sin embargo, antes de pasar a reseñar el texto voy a dar algunas explicaciones para que no se malentienda ni se comprenda erróneamente mi postura.

Soy una convencida absoluta de que literatura y cine son dos lenguajes, medios, modos de contar historias, distintos y muy particulares. Por lo que en casos en que surgen guiones cinematográficos de la literatura “hago borrón y cuenta nueva”: leo el libro por un lado y gozo la peli por otro como dos cosas ajenas, sin reprochar nada a nadie. Y fui capaz de hacer eso hasta con las dos sagas más amadas por mí: El Señor de los anillos y Harry Potter.

No obstante, aún en este contexto, si yo fuera Curtis Klause le hago un juicio a quienes hicieron el film, a menos, claro, que a ella le haya convenido un poco de publicidad gratuita, porque honestamente sigo preguntándome ¿qué diablos tiene que ver una cosa con la otra? Insisto, derechos pagos hubo, pues en los títulos aparece el nombre de la autora, pero…

Aclaremos: adoro la película, es tierna, dulce, misteriosa, los actores son bellos (quién no cae postrado a los pies de Agnes Bruckner, o se derrite ante los ojos celestes o la sonrisa de Hugh Dancy) e ideales en sus roles, me fascina la transformación de los lobos (por fin me evitaron esa metamorfosis asquerosa de siempre)… Y tiene lo que yo llamo “el espíritu Crepúsculo”, es decir la unión de dos mundos a través de una pareja que supera la barrera de lo inexplicable en virtud de su madurez y del amor.

Ahora bien, coincidencias: cuatro o cinco nombres, el hecho de que haya hombres lobo viviendo en paralelo a los humanos, entre los que hay un grupejo de cinco lobatos transgresores, el dato de que el padre de Aiden sea ex militar… ¡¡¡¡Y NADA MÁS!!!!

Deberían poner en el film “lejanamente inspirado en los caracteres creados por Annete Curtis Klause”, de lo contrario: ¡ES UN ROBO!

Ahora vayamos al libro, que se lo merece, sin duda, pues realmente me encantó, aclarando también que dentro de lo que se publica como literatura juvenil (no se editó bajo este membrete en español, sí fue así en otros países) es lo más "subido de tono" que ha visto la luz (y no lo explico desde la pacatería, sino con sana ironía, por supuesto).

Vivian es una joven muchacha lobo (hasta ahí vamos igual) que vive con su madre (ya cambió la cosa: no mataron a su familia, sólo murió el padre y otra gente) en casa de tío Rudy en Riverview (estado de Maryland, bastante diferente a Bucarest, que estos personajes ni han oído nombrar), quien socorrió a la manada pues toda esta (no huyó solita) debió escapar de Virginia (no Colorado, estados distintos, por cierto) cuando incendiaron la posada que administraban a raíz de un crimen cometido por unos jóvenes hombres lobos y la sospechas que despertaron.

La muchacha es alumna de un instituto secundario (nada de trabajar en una tienda de chocolates) y no tiene amigos allí. Quizá porque su extrema belleza asusta a chicas y chicos por igual, o quizá porque algo les dice que ella es un depredador y los aleja instintivamente. La revista escolar publica un dibujo (ella es la artista y está pintando un mural en su cuarto) y junto a él aparece un poema de otro alumno (Aiden) que parece hablar del contenido de este: la metamorfosis humano/lobo. La joven intrigada lo busca y resulta ser un muy atractivo “hippie” (tal cual, nada de historietista huyendo de la ley) que tiene una banda de amigos/as que se llaman a sí mismos “la Ameba”, los que gustan de ir a recitales de rock y beber gaseosa entonada con alcohol a escondidas, como cualquier adolescente. La chica usa sus generosas dotes seductoras para acercarse a él, tengamos en cuenta que es una joven y madura loba con apetitos carnales más que latentes. Desde entonces se desarrolla un romance turbulento en el que ella es la que lleva adelante la seducción mientras que el chico es un adolescente que se repliega intimidado. Él es un jovencito un tanto ingenuo, que gusta de lo oculto y lo sobrenatural, al que su padre ex militar y su madre y tía -prejuiciosas y santulonas- persiguen pues temen que la curiosidad (bastante tonta) del chico y su (leve) rebeldía sean signos de satanismo (¿? sí, aunque suena absurdo parece el regreso de la derecha desaforada de la década del ’80 que fundó el PMRC*).

La manada debe elegir un nuevo líder en lugar del fallecido padre de Vivian y el candidato más potable parece ser Gabriel, un joven de 24 años, puro músculos -tan atractivo como el seductor Olivier Matínez- e increíblemente también poseedor de mucho cerebro, mesura, fuerza y autoridad, además de la cuota necesaria de ternura (sí, es mi favorito). Este, es perseguido por la viuda -madre de Vivian- y por otra “hermana”: Astrid (que no es madre de Rafe sino su amante).

El joven en tanto (quien sí, monta una motocicleta pero Harley Davidson), hace uno que otro avance hacia la adolescente, quien lo rechaza airada, pero en ningún momento es el acosador del filme, sino un tipo más que consciente de los peligros que corren por la estupidez y los prejuicios humanos, en los que sin duda no se equivoca una pizca; pero que por otra parte es respetuoso de la vida de estos y promueve la prohibición absoluta de hacerles daño (nada de cacerías rituales).

La cosa se complicará cuando se cometan una serie de crímenes atroces e internamente empiecen a sospechar de la manada. A esto se suma que los Cinco, es decir los lobatos con los que Vivian se crio, la persiguen más que entusiasmados reclamando su atención ahora que han dejado la niñez atrás; pero cuyo líder Rafe, quien perdió a su madre en el incendio de Virginia y convive con un padre borracho y resentido, es bastante más que un chico rebelde (ah, al que Aiden ni conoce).

Lo inevitable acontecerá cuando la muchacha crea que puede confiar en el joven humano que ama, y desencadenará así un desenlace inesperado que me pareció espectacular.

¿Recomendado? Sí, sin duda, pero debe leerse como una cosa totalmente distinta de la película; quien sospeche que no pueda: no lo haga. La trama es cautivante, algo desenfrenada para la moderación habitual en los libros para adolescentes, sin embargo la calificación para jóvenes adultos es correcta.

Sobre la autora

Annette Curtis Klause nació en Bristol, Inglaterra, en 1953. Es una escritora especializada en literatura de ciencia ficción para jóvenes.

Desde pequeña le gustaba escribir historias. Según ella misma ha contado, sus tempranas influencias fueron los clásicos como “Baa baa black sheep” y las historias de las películas de terror que le contaba su padre, cuando ella se sentaba en su regazo.

Tenía siete años cuando se mudó con su familia al norte de Newcastle. Pronto empezó a guardar todas las historias que escribía, incluso conserva su primer relato de terror, que escribió con diez años, “The blood ridden pool of Solen Goom”; ella misma lo ilustró y le confeccionó una cubierta. Su deseo ya era convertirse en escritora, y su familia y maestros la animaron. Como le encantaba leer, su padre la llevaba a ella y a su hermana todos los sábados a la biblioteca. “Las Crónicas de Narnia” y las novelas históricas de Rosemary Sutcliff, sobre todo “Dawn Wind”, estaban entre sus lecturas favoritas. A los quince años, la edad a la que leyó su primer libro de vampiros, “The shiny narrow grin”, se trasladó con su familia a EEUU.

Allí asistió a un instituto en Washington DC y durante una época se aficionó a escribir poesía. Más tarde entró en la Universidad de Maryland, donde obtuvo la licenciatura en literatura inglesa y el título de Biblioteconomía.

Después de casarse retomó su afición y empezó de nuevo a escribir relatos de ficción. Pudo ver publicados algunos de sus poemas en revistas no muy conocidas, pero las editoriales rechazaban sus historias cortas de fantasía y terror. Tardó diez años en conseguir que publicaran su primera novela, “The silver kiss”; no lo consiguió hasta 1990. Le siguieron “Alien secrets” (1993), “Blood and chocolate” (1997) y “Freaks: Alive on the inside” (2006)

Annette actualmente vive con su esposo, Mark, en Maryland, donde es bibliotecaria infantil en Aspen Hill Community Library.

__________________________________

* El Parents Music Resource Center (Centro de Recursos Musicales de Padres) o PMRC era un comité estadounidense formado en 1985 por las esposas de varios diputados. Algunas de sus integrantes fueron Tipper Gore, la esposa del senador que se convertiría en vicepresidente Al Gore […]. Su misión era educar a los padres sobre "modas alarmantes" en la música popular. Aseguraban que el rock apoyaba y glorificaba la violencia, el consumo de drogas, el suicidio, las actividades criminales, etc. mientras que abogaban por la censura o la catalogación de la música.

En 1987, Mary Morello fundó Padres a favor del rock y el rap, un grupo de derechos civiles para contrarrestar lo que consideraba un ataque a la libertad de expresión y creación.

(FUENTE:

http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_de_Recursos_Musicales_de_Padres)

domingo, 26 de octubre de 2008

Stephenie Meyer , "Eclipse" y "Amanecer" (Alfaguara)

Sí, ya sé que hace rato vengo expresando directa o indirectamente mis opiniones sobre estos libros y difundiendo su lectura, además de promocionar la película Crepúsculo. Sin embargo debía una reseña -con todas las de la ley- de la tercera y cuarta parte de la que es la tretralogía más impactante de los últimos tiempos, si de literatura juvenil se trata.

Parece tan lejos aquella que publicara de Crepúsculo y Luna Nueva el 25 de abril de 2007. ¡Y las fechas se confabulan en sus similitudes!, pues este 25 de octubre ya es un día especial para mí, cierra un ciclo: he terminado la lectura del tomo IV: Amanecer (del “libro”, pues ya había accedido a la versión digital), un mes antes de que se cumplieran dos años de que abriera por primera vez Crepúsculo -el 24 de noviembre de 2006-, novela que mi esposo me regalara días antes de internarme para operar mi rodilla derecha, y cuya lectura iniciara esa mañana, en la espera hambrienta y agotadora de la intervención quirúrgica, y siguiera leyendo dolorida y desvelada hasta terminar dos días después. Sin saber, por cierto, que habría un antes y un después, como lo hubo con Harry Potter, para mí y para tantos lectores.

Es probable que este escrito vaya a engrosar, sin pena ni gloria, la infinita cantidad de textos que circulan en la red acerca de estos libros; no obstante, eso es lo que provocan las experiencias fuertes con la lectura: ganas de escribir, ganas de hablar sobre ella, de hermanarse con los que sintieron lo mismo que nosotros al sumergirse en esas páginas entrañables y que tanto extrañamos al cerrar las tapas.

El argumento de la saga de Meyer lo sabe “todo el mundo”, pero aún así siempre es posible que algún periodista trasnochado publique cualquier estupidez. Vi hace muy poco un titular que hablaba de ella como que era la escritora que conquistaba a los niños: ese sí que no leyó nada.

Por eso, no creo que sea ocioso -teniendo en cuenta a los adultos mediadores que de vez en cuando se dejan caer por aquí y tal vez no conocen las novelas-, contar muy brevemente de qué van las historias. Me resuena en la mente la pregunta asombrada de una colega lealmente interesada en posibilitar el acceso a sus jóvenes lectores a literatura que los apasione… ¿qué tienen esos libros?

Allá voy… Bella Swan, adolescente tímida y muy torpe, pero extrañamente madura, ingresa a una nueva escuela pues se ha trasladado desde la casa materna en Phoenix a vivir con su padre en Forks (estado de Washington); allí se enamora de Edward, el joven más increíblemente atractivo del lugar que como añadido es -como toda su familia: los Cullen- un vampiro bondadoso. En las dos primeras novelas pasa más de una prueba, pues no sólo es perseguida como posible alimento de vampiros menos escrupulosos que los locales, sino que dado el riesgo que supone gozar ese vínculo para la chica humana, el apuesto Edward cree que la separación el único modo de mantenerla viva. El crecimiento de una amistad única con un muchacho quileute Jacob -Jake-, a la vez que la explosión demográfica de jóvenes hombres lobo en la reserva de la Push -quienes son los enemigos ancestrales de los vampiros-, el reencuentro con Edward y fortalecimiento de la joven pareja en un amor épico, sumados al convencimiento y aceptación definitiva de que Bella es y será parte de la vida de los Cullen en adelante, permitirá el avance y complicación de la historia.

En el tercer libro -Eclipse- Jake se transforma en un competidor persistente que desea conquistar el corazón de Bella, y ese amor será el puente que unirá al bando de los vampiros y los lobos en la lucha contra un enemigo común, y hará surgir una especie de amistad antagónica entre este y Edward pues la muchacha a la que adoran amerita la tregua. El cuarto libro -Amanecer- trae complicaciones inusitadas y lo que se suponía iba a ser la culminación de la espera de Bella para transformarse en vampiro y unirse para siempre a Edward, resulta mucho más que eso, pues surge un hecho totalmente inusitado que hace madurar a los personajes y sin lugar a dudas termina siendo indeciblemente más fuerte que la historia de amor de dos adolescentes intemporales. Agregar cualquier dato sobre el último tomo es arruinar la sorpresa.

Ahora bien… ¿qué se puede expresar que no se haya dicho ya? Como adulta crítica, lectora voraz, empedernida y defensora acérrima de la literatura juvenil, pero además como “mediadora” entre los chicos y los libros, no dudo en lo más mínimo en ponerle un rotundo diez a toda la saga, si ese fuera el tope calificativo.

Es atractiva, interesante, apasionante. Da una vuelta de tuerca al mito del vampiro de forma adecuadísima y original, reutilizando cuanto elemento se haya escrito en torno al personajes y yendo más allá, pues como he dicho en otro lugar de este sitio pueden hallarse resonancias de otras historias vampíricas para lectores adultos renovadas de modo magistral. Equilibra fantasía y realismo, romance y horror. Está excelentemente escrita, si bien debo reclamar a Alfaguara una traducción un tanto localista de la península, lo que en una edición española mundial es un error importante; e incluso sin llegar a erigirme en purista son notables ciertos errores de expresión y ortografía, sobre todo en el último tomo. Lo que me hace respetar aún más el esfuerzo de los fans traductores, puesto que en ciertos aspectos estos llevan ventaja, superando a personas a las que les pagan un sueldo por su trabajo.

Otra cuestión que no puedo dejar de indicar es que las tramas sucesivas no decaen, hay en ellas un mantenimiento de la tensión, una solidez que les da unidad, una coherencia en el clima narrativo manejado con precisión que es difícil de hallar, y esta es una cualidad que aprecio sobremanera, que exijo a la literatura en general y a la destinada a los jóvenes muy en particular. Esta es una virtud que admiro también en las novelas de Rowling o en la saga de Pullman dedicada a Sally, lo que incluso autoras como Anne Rice -por citar una escritora de fantasía vampírica actual- no logra pues sus intrigas tropiezan, suben, bajan y se tambalean en más de una ocasión, y sí es una cualidad de los maestros, como Stephen King.

Un aspecto que deseo destacar es la maestría de Meyer para narrar el romance sin caer en la más mínima cursilería, con una exquisitez, profundidad y estilo equiparable a cualquier clásico, y sostengo esto con total conocimiento de causa puesto que he podido en mis andanzas lectoras frecuentar el género romántico en todos sus tipos. Lo que a su vez me lleva a otra cuestión, en estos tiempos de pornografía desenfrenada, sexo a la carta a través del celular, amor de eslóganes publicitarios y de pseudo-poesía en pps que circula en la red. El amor serio, comprometido, total, que es pasión y el vínculo indoblegable, que es generoso y maduro, que crece y va evolucionando, que se atreve a decir para siempre, no está de moda en el siglo XXI, tampoco parece cosa ni siquiera de los adultos actuales, los que a su vez les enseñan a los adolescentes que el amor es desechable. Pues por eso mismo, creo que es genial que Meyer hable de ese Amor, y además que con un lenguaje sugerente y delicado incluya el sexo en su última novela sin caer en fraseología barata de novela rosa ni en explicitaciones groseras.

Una cosa más que me hizo respetar a Meyer es la participación en la trama de los pueblos originarios tanto de su país como de Latinoamérica. Que aparezcan personajes del Amazonas y ¡dos mapuches! en el desenlace de la historia me alucinó, no me lo podía creer. Y no me importa si los quisquillosos de siempre salen a despotricar por cualquier error que haya acontecido al mencionar leyendas propias de dichos pueblos... ¡es ficción!

*En la foto Stephenie Meyer aparece con los jóvenes actores que se transformaron en Bella y Edward en el cine y cuyos rostros serán los de los personajes para la posteridad, Kristen Stewart y Robert Pattinson.

sábado, 26 de enero de 2008

Tres de un bocado: mini-reseñas entreveradas

La lectura desordenada de varios libros a la vez, de cosas muy disímiles, de a ratitos y a los saltos, es un placer que uno aprende de niño cuando se zampa todo lo que se le cruza con voracidad poco quisquillosa.

Y de vez en cuando ejercer -de adulto ya- ese ir y venir entre los libros para grandes, artículos teóricos, documentos oficiales de educación y libros para jóvenes o niños, nos brinda un placer inusitado.

En estas andanzas lectoras de verano me he zambullido en algunos textos de la Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil “Humberto Sapo Verde” puesto que, más allá del deleite que me produce leer libros para chicos, mi función de mediadora entre estos y “los grandes” que son mis alumnos de Profesorado requiere que los convide conociendo el plato que les propongo degustar…

Entonces: aquí van tres mini-reseñas para tener en cuenta:

Eso no me lo quita nadie, de Ana María Machado.

Una historia simpática y tierna, pero a la vez original y para nada empalagosa: a Gabi le gusta Bruno, pero él ha sido el amor platónico de su prima Dora durante mucho tiempo, y ella ha construido castillos en el aire de los que ha dado noticia a toda la familia. Por lo tanto, cuando las cosas inician un camino inesperado la que deberá pelear por sus derechos y su independencia será Gabi. La novela cuenta con gracia las vicisitudes de ser adolescente y convivir con los límites paternos, de enamorarse por primera vez y de empezar a crecer necesitando un espacio propio y asumiendo responsabilidades.

La contratapa la recomienda desde 11 años en adelante.

Vuela, Ertico, vuela, de Joel Franz Rosell.

Értico es silencioso, bajito y siempre pasa desapercibido. En la escuela no tiene amigos aunque muere por tenerlos. Claro que, en cambio, posee una abuela muy original, como su casa, y ni hablar del desván lleno de cachivaches extraños, olores insólitos y ruidos.

Y ella es quien hará lo posible por ayudarlo: a ser popular, a ser inteligente, a ser atlético, al menos por un tiempo… pues estas características no le consiguen amigos duraderos.

Una historia con magia, graciosa y sugestiva.

La contratapa recomienda este libro desde 7 años en adelante.

Uña de dragón (una historia que son dos), de Graciela Montes.

Una hermana un poco insoportable que se llama Ana, una mamá traductora, una gata apodada Yugoeslavia, un papá que hace ciudades con miga de pan, una tía gorda: Elvira, unos primos mellizos, Colita el perro de la vecina; así está compuesta -entre otras cosas- la vida de Paula quien además posee -perdón: poseía- un tesoro único que ha desaparecido: una uña de dragón…

Y así , con su modo único y maravilloso de narrar, Montes nos cuenta con la voz de esta jovencita, las peripecias diarias de la niña que sospecha que el dragón va a venir a buscar su uña (porque toda uña extraviada tiene su dragón que anda queriendo recuperarla), esa que ella añora y cree que Ana le escondió, porque ahora está muy cambiada.

Sin embargo, eso no es todo, el libro nos ofrece a página compartida (para leer a la vez, antes o después) un Pequeño Manual para el uso de las uñas de dragón que Paula, ayudada por Ana (la otra, la que valía la pena, no la actual que está caprichosa, miente y se la pasa cuchicheando con su amiga), escribió para nuestra información, porque uno no sabe cuando se puede hallar una uña de dragón en el fondo de una lata de galletitas o en el piso de un colectivo.

No hay recomendación de edad en la contratapa, y la verdad, es lo de menos, ...para todos los que quieran deleitarse como me pasó a mí.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Paul Stewart y Chris Riddell. Crónicas del límite: Más allá del bosque.

Debería agregar un nuevo título a los que me robaron el corazón durante el año 2007. Puesto que estoy fascinada con esta belleza, es una obra de arte en todos los sentidos, constituye una mágica aventura para niños (y para todos los que tenemos el corazón anclado en la infancia), primera parte de una extensa saga de estos autores ingleses.

En realidad, actualmente en español se hallan publicados dos títulos que forman parte de una serie de tres trilogías (en inglés han aparecido ocho títulos ya). Este, que cayó en mis manos por sugerencia de mi esposo un día en que “revolvíamos” una librería, constituye la primera parte de la Trilogía de Twig. Existen en inglés una trilogía previa: la de Quint (el papá), y una posterior: la de Rook (el nieto de Twig).

¿Qué puedo decir? El libro es adorable, tierno, simpático, imaginativo, atrapante, y las imágenes son total y absolutamente magistrales. No me alcanzan las palabras para describir el modo de ilustrar de Riddell: es único, los detalles, la precisión, la originalidad, la creatividad son alucinantes …

Hay comparaciones inevitables que se me ocurren al leer Más allá del bosque, y de ninguna manera son para minusvalorar la obra, al contrario, pues hallo que tiene lo mejor de otros autores: Tolkien, Rowling, Brian Jacques y Angie Sage.

Por un lado, me trae a la memoria el ingenio de Rowling por la prolífica creación de animales fantásticos, a la vez que se me cruza en la mente Angie Sage quien recrea múltiples seres fabulosos en su serie Séptimus. Por otro lado, me hace pensar en la magnífica creación de Jacques y su serie de Mossflower, no sólo por sus animales encantadores, sus correrías en el bosque y los magníficos festines de Redwall, sino por la belleza de las ilustraciones. Y por último, el joven Twig, quien debe adentrarse en el Bosque Profundo, me recuerda las aventuras de los hobbits del maestro Tolkien, pequeñas criaturas frágiles que descubren la valentía frente a los sucesos que los avasallan.

Twig, no es un troll, y si bien ellos lo criaron con cariño, debe emprender la búsqueda de su destino más allá del bosque; es así que inicia la aventura, soñando con los piratas del cielo y temiendo que si se aleja del camino -cosa que jamás haría un troll- pueda extraviarse y correr mil peligros… lo que precisamente le sucede. Y así conocerá a los diferentes seres que pueblan el Bosque Profundo, unos bondadosos, otros malvados, pero siempre exóticos: el aerogusano, el machacacráneos, el pájaro canter, los matarifes, los trasgos fermento, el amable oso bander, el chupaputre, la ogras troglo, la blablatroll, y por fin los piratas del cielo… La historia queda abierta para futuras andanzas, pero puede leerse sin ningún problema ya que la trama cierra en su eje principal.

Encantadora, esta novela merece ser leída sin dudar por todos aquellos que como Twig soñamos con alejarnos del hogar y enfrentarnos a un mundo lleno de misterios y peligros sin igual.

Los autores.

Paul Stewart nació en 1955 en Londres. Se graduó en la Universidad de Lancaster. Trabajó por varios años como profesor de inglés como lengua extranjera en Sri Lanka y cuando volvió a Inglaterra continuó enseñando, hasta que se dedicó tiempo completo a escribir. Su primer obra apareció en 1988 y ha publicado numerosos libros para niños.

Vive en Brighton con su esposa –docente de escuela primaria- y sus dos hijos.

Chris Riddell

Es un ilustrador de numerosos libros para niños, y caricaturista destacado, ha recibido numerosos premios por su labor, que constituye un tipo de dibujo muy distintivo y particular con fascinantes detalles y elementos fantásticos. Regularmente aparece como caricaturista político en The observer.

Vive en Brighton con su esposa y su hijo.

Roderick Gordon y Brian Williams. Túneles.

Acabo de terminar de leer Túneles, la novela que fuera publicada originalmente en el 2005 bajo el título The Highfield Mole, iniciando de la serie The Circle in the Spiral, y que fuera descubierta y reeditada posteriormente por Barry Cunningham el editor que diera a conocer las novelas de J. K. Rowling.

En principio, creo que habría que quitarse de encima la presión ejercida por los medios y el mundo editorial en torno a que esta nueva serie sería la supuesta sucesora de Harry Potter.

No sólo porque esto es sólo un burdo mecanismo de mercado para atraer compradores, sino porque en realidad cada libro vale en sí mismo y la saga de Harry Potter es insustituible en el corazón de quienes la leímos y la amamos. Pero además hay otra cuestión que parecen obviar- tanto este señor Cunningham como los que hacen eco de la afirmación-: hay montones de títulos excelentes de literatura juvenil, series de numerosos volúmenes que podrían atrapar la pasión de los lectores jóvenes y les permitirían continuar diversos itinerarios por el mundo de la ficción, ellos no están esperando que alguien milagrosamente los descubra, y los lectores somos bichos raros que compartimos esta información y generosamente nos convidamos… Vean si no este blog…

Una vez dicho esto, puedo afirmar si vacilar que vale la pena disfrutar la novela por lo que es en sí misma y sin obsesivos encasillamientos: una historia apasionante, entretenida y diferente. Primero que nada porque no es de género fantástico sino de ciencia ficción, y no la ciencia ficción a la que nos tiene acostumbrados el cine de los últimos tiempos: futurista y llena de avances tecnológicos desbocados, sino aquella que nos recuerda -a los que tenemos unos añitos más o unos recorridos lectores particulares- al género fundado por Julio Verne y H. G. Wells, el que en este mundo que conocemos devela otras reglas, otra ciencia y otra tecnología que no nos resulta familiar. Recorriendo estas páginas es imposible no sentir una leve familiaridad con Viaje al centro de la tierra, e incluso para los que leímos en algún momento Mark Twain, rememorar la caverna en la que Tom Sawyer y su joven amiga se extravían.

Will Burrows es un joven inglés de 14 años, aficionado como su padre a la arqueología, interesado en excavar en busca de enterrados tesoros que revelan la historia de las personas. Este pasatiempo es el que le permite emprender con su único amigo Chester -otro adolescente un tanto rechazado como él- la búsqueda de su padre que ha desaparecido aparentemente a través de uno de sus proyectos subterráneos.

Nada los prepara para el mundo increíble que descubren bajo la tierra, una civilización con un estilo de vida propio, con una ciencia y una naturaleza que no entienden, y un extendido desprecio hacia los habitantes de la Superficie alimentado por el gobierno autoritario, pseudo religioso y fascista de los stix; lugar en el cual, increíblemente Will hallará mucho más de lo que espera: información sobre su identidad, su origen y su vida.

La trama no decae y siendo esta una de mis exigencias habituales a una historia, no me defrauda en lo más mínimo. La aventura oscila entre la acción vertiginosa y la preparación para ella, los personajes de cualquier edad pasan por peligros y pruebas insospechados y a veces brutales, se topan con la maldad y la bondad en quien menos esperan y prevalecen por la fuerza de su voluntad, la fidelidad y la amistad entre ellos, además obviamente de un poco de buena suerte…

Espero ansiosa una segunda parte…

Los autores (información que aparece en el libro publicado por Ediciones Urano)

Brian Williams pasó gran parte de su infancia en un pueblo minero de Zambia, antes de que su familia regresara a Liverpool. Estudió bellas artes en la prestigiosa Slade School of Fine Art y se dedicó a la pintura, a realizar instalaciones y al cine experimental. Más tarde trabajó en cine y televisión.

Roderick Gordon nació y creció en Londres. Estudió Biología en el University College donde conoció al irrefrenable Brian Williams, un prometedor estudiante de arte. Años más tarde, después que lo despidieran de su trbajo en la zona financiera de la ciudad, decidieron embarcarse en la aventura de escribir Túneles.

En la actualidad Roderick vive en Norfolk, con su esposa y sus dos hijos. Brian vive en Londres.

sábado, 9 de junio de 2007

Nuestra biblioteca…”Un espacio para leer”, por Alejandra Levrand

Nuevamente llego hasta ustedes con una colaboración de Alejandra Levrand, a la cual agradezco inmensamente la generosidad de acercarme este escrito.
El mismo es una presentación que formó parte de un panel que se efectuó en la Escuela Normal Superior "José María Torres" -de Paraná- en el día de Reunión Institucional (07/06/07), en el que tuve el gusto de participar, dado que la institución consideró oportuno iniciar un proceso de socialización de emprendimientos y trabajos de investigación que, algunos de los que ejercemos nuestra labor docente en el establecimiento, estamos realizando.
Así -Alejandra y yo- compartimos una mesa con los Profesores Ariel Vittor, Valeria Olalla y la coordinación de Liliana Vidal. Sin lugar a dudas, una idea que debe tener continuidad ya que hay muchas otras personas que en silencio hacen una brillante labor.
Gabriela

Nuestra biblioteca…”Un espacio para leer”

En esta oportunidad voy a referirme a una experiencia surgida de una problemática que aún no se ha concretado en un proyecto de investigación como tal. La misma se relaciona con la necesidad compartida por algunos docentes de contar con un espacio para leer con nuestros alumnos de EGB 2 de la Escuela Normal Superior “José María Torres” de Paraná,. De esta manera nace el 20 de octubre de 2006 la biblioteca “Un espacio para leer”, fecha coincidente con la cuarta “Maratón Nacional de lectura” organizada por la Fundación Leer. En esta oportunidad se desarrollaron numerosas actividades relacionadas con la lectura que permitieron a nuestros alumnos un encuentro diferente con los libros.

Los materiales con los que cuenta fueron aportados por los niños de EGB 2 del año 2006, por docentes y algunos donados por editoriales.

Este espacio “sólo para leer”, queda en parte liberado de las significaciones que posee el espacio áulico: una manera de sentarse y ubicarse, comportarse, exilia las lecturas pedagogizables para permitir el encuentro del niño con la experiencia de disfrutar, vivenciar, padecer, sufrir un libro, entre otros tantas reacciones que un libro puede provocar en quien lo lee.

Volviendo, digo “en parte liberado” porque si bien, no es el espacio áulico el mobiliario es todavía parecido al que encontramos en la institución y porque las rutinas escolares se aprenden y dan lugar a ese “SER ALUMNO” en todos los rincones de la escuela.

Centrándome ahora en la experiencia vivida en este lugar me resulta necesario explicitar las decisiones que sin ser inocentes van marcando el recorrido que pretendo instalar en mis alumnos en este lugar. Digo esto porque como integrante de la sociedad escucho y leo acerca de la cantidad de lecturas que realizan nuestros niños y adolescentes, y todas concluyen que no les interesa nada de los libros y menos aún leer. Es en este momento cuando me pregunto como docente qué y cuántos libros he leído en ese período, porque yo como docente necesariamente debo constituirme en un modelo lector ya que no se puede contagiar algo de lo cual uno está dislocado. Por otra parte, es fundamental reconocer, o mejor, “conocer” las inquietudes del grupo y de cada uno de los niños para ofrecer de acuerdo a esto una buena literatura en verdaderas experiencias de lectura.

Digo “experiencias” porque estas permiten que haga su ingreso el imprevisto o situaciones desestabilizadoras. A su vez dan lugar al encuentro con el otro en este afán de compartir pero a la vez de constituirnos frente a los otros y reconocernos individualmente.

En estas verdaderas experiencias donde se intenta dar protagonismo al niño y al libro elegido nos encontramos por ejemplo con M…, uno de nuestros alumnos que se siente diferente negativamente en varias oportunidades y por múltiples factores, pero que en los momentos de los encuentros en la biblioteca cobra protagonismo. Hago un paréntesis para contarles una anécdota: en los últimos encuentros se les propone que elijan un párrafo del libro que se encontraban leyendo para ser compartido con sus compañeros. Este niño además de animarse a leer, pese a las dificultades de no poseer una lectura fluida, busca para compartir un párrafo del libro que le regaló una docente. Quiero destacar que este espacio es un generador de otras experiencias de enseñanza en donde entra en juego la escritura como otro proceso a desarrollar en nuestros alumnos. Así es como, de esta manera, los niños se encuentran en este momento elaborando en el espacio áulico un reglamento que organizará el funcionamiento de la Biblioteca.

Para ir terminando es preciso mencionar que en ocho meses que llevamos de trabajo debimos enfrentar diversos obstáculos: poder contar con un lugar apropiado sigue siendo un conflicto, ya que actualmente debemos ingresar a la Biblioteca (en el subsuelo) por el aula donde se encuentra 2° año de EGB 1; este espacio se inunda y aún desconocemos los factores que determinan esto, no contamos con armarios en condiciones para organizar los libros y por último los libros son escasos para el número de alumnos que la visitan y más cuando comencemos con los préstamos. Sobre este último inconveniente se ha conversado con los niños de 6º año EGB2 y se piensa organizar el 15 de junio una Campaña de donación de libros.

Como la enseñanza es un proceso creador me gustaría invitar a todos aquellos que quieran sumarse a esta iniciativa para concretar un proyecto que nos permita relacionarnos desde otro lugar con el conocimiento, esto es nos permita problematizar nuestro campo de saber y desde este lugar autorizarnos a pensar y buscar solución a esta y otros tantas problemáticas.

Gracias.

Alejandra Levrand.

domingo, 20 de mayo de 2007

Algunos fragmentos para pensar sobre la lectura, los grandes y los chicos... (2da. parte)

Con el consabido sentido del humor y agudeza que lo caracterizan, Ricardo Mariño se explaya en el primer fragmento que les dejo a continuación (transcribo sólo los tres primeros puntos de trece) acerca de la extravagante conducta de los adultos cuando se trata de estimular a las jóvenes generaciones a la lectura... Seguidamente otros dos autores -Javier García Sobrino y Diego Gutiérrez del Valle- nos enfrentan a los pesares de los chicos y a las desgracias de los libros cuando los adultos desean educar a toda costa, aún poniendo en riesgo o dando muerte a la literatura y cualquier posibilidad de goce lector.

“1. Querido docente: si alguna vez al salir del cine alguien te detuvo en la vereda y te pidió que escribieras tres finales distintos para ese argumento, y esa experiencia te agradó y notaste que mejoró tu comprensión del filme, entonces está muy bien que continúes pidiéndoles a los alumnos que después de la lectura de un cuento señalen palabras esdrújulas, sensaciones olfativas o terminaciones en aba. 2. Desconfía de los cuentos y novelas que sirvan para enseñar algo muy concreto. Si el libro demuestra claramente que los dientes deben cepillarse todas las noches, que no hay que discriminar a los asiáticos y que los enanos son personas, probablemente no tenga mucho valor literario. Las grandes obras literarias no enseñan nada, al menos no directamente, y, al contrario, crean encrucijadas que provocan más preguntas que respuestas. 3. Es mayor el número de niños que adora nadar a partir del disfrute del agua, que los que aman la natación gracias a los juegos organizados por el profesor de la colonia. Incluso, hay pequeños que ven al profesor como un obstáculo entre él y el placer de la pileta, y se cuentan por miles los que odian las colonias de vacaciones justamente a causa de los juegos organizados por el profesor. Vale decir: no le adjudiques tanta importancia a las técnicas de estimulación de la lectura. Se sabe de niños que han comenzado a leer un libro sin el concurso de un saltimbanquis.(…)”

  • Ricardo Mariño, “Máximas y mínimas sobre estimulación de la lectura” Texto basado en la ponencia presentada por el autor en la mesa redonda "La lectura continúa", realizada dentro del marco de las Jornadas para Docentes y Bibliotecarios "Escenarios para la promoción de la lectura" en la 15ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (Buenos Aires, julio de 2004), publicado completo en http://www.imaginaria.com.ar

“(…) la escolarización del libro, aun con toda la renovación metodológica que ha llevado aparejada, ha traído una excesiva vinculación de la lectura con lo académico. No hablamos de la enseñanza de la lectura como acceso al código escrito, ni del estudio de la literatura como materia, sino del fomento de la lectura como hábito, es decir, como opción personal, libre y gratuita (que no exige entregar nada a cambio). Las editoriales miran demasiado hacia la escuela, viendo en ella su mayor mercado. En este sentido, detectamos una excesiva instrumentalización que convierte al libro en un vehículo para la realización de enojosas tareas escolares, que sustituye la libertad de elección por la obligatoriedad, con lo que, a menudo, desaparece el placer de leer (verdadero motor de todo lector, incluido el profesor), reemplazado por una sensación de fastidio y hostilidad hacia la lectura. Autores y editores colaboran con demasiada frecuencia a reforzar esta línea de trabajo con libros, series y colecciones que presentan estrechos planteamientos didactistas de los que está ausente, la mayor parte de las veces, la vibración de la auténtica literatura.

Recientemente, es posible detectar un auge de este fenómeno en relación con los llamados temas transversales que aparecen reflejados en infinidad de títulos. Así, ya no hay que leer para disfrutar, emocionarse, entretenerse (y de paso, aprender), sino para alcanzar de forma inmediata determinados objetivos curriculares relacionados con la igualdad entre los sexos, el cuidado de la salud, la educación vial o los valores. La literatura ha quedado reducida, demasiado a menudo, a una mera fórmula para que los niños se coman nuestras deliciosas y nutritivas sopas. Y muy pocas veces caemos en la cuenta de que los niños son lo bastantes listos como para rechazar la sopa y, de paso, la cuchara con que se les ofrece (…)”

  • Javier García Sobrino y Diego Gutiérrez del Valle, “El bosque de la animación y los árboles de la lectura”
Ponencia presentada en 25 AÑOS DE ANIMACIÓN A LA LECTURA JORNADAS DE REFLEXIÓN DESDE LAS BIBLIOTECAS ESCOLARES Y PÚBLICAS Guadalajara – Palacio del Infantado 28 al 30 de Noviembre de 2002

domingo, 29 de abril de 2007

Algunos fragmentos para pensar sobre la lectura, los grandes y los chicos...

Estos fragmentos forman parte de los materiales con los que interactuamos un grupo nutrido de adultos en el Taller: “La pasión por la lectura se contagia” -a mi cargo- en el marco de las Jornadas Regionales de Promoción de la Lectura, organizadas en Paraná por el Plan Nacional de Lectura en noviembre de 2004.
Creo que vale la pena compartirlos, nos hacen pensar, nos tocan allí donde duele y donde nos incomoda, porque si los adultos creemos que la lectura es importante... ¿qué parte de nuestro tiempo/vida/desvelos... le dedicamos?, ¿cuánto placer le permitimos que nos brinde?, ¿cuán necesaria nos resulta?, ¿cuán vital, cuán imprescindible?...
<<[…] Maestro: mediador, compañero de viaje y modelo

Pennac nos dice que el niño "seguiría siendo un buen lector si los adultos alimentaran su entusiasmo, si estimularan su deseo de aprender, si le acompañaran en su esfuerzo, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente, si alimentaran este placer –el de la lectura– hasta que se transmutara en deber".

Y, más adelante, devela una de las claves del contagio de la magia de la lectura: "¿y si, en vez de exigir la lectura, el profesor decidiera de repente compartir su propia dicha de leer?"

Víctor Moreno insiste también en el papel del maestro-profesor: "la importancia del maestro me parece clave en las facetas de motivar: la motivación es fácil cuando el niño lee lo que quiere, donde quiere y como quiere; ha de estrujarse el magín elaborando actividades y juegos sobre el libro que se desea leer. Y, muy importante, conocer a los niños y niñas que no leen, los factores que han intervenido en esta inapetencia y solicitar de ellos un plan concreto de lecturas que les gustaría zamparse". Su reflexión concluye tajante y elocuentemente: "si no hacemos buenos lectores, no habrá escuelas vivas, donde el niño sea actor y creador", y nosotros apostillaríamos humildemente: "no habrá una sociedad más dinámica y tolerante".

[…] Víctor Moreno nos lo recuerda con estas palabras: "El objetivo es crear gusto por leer –el placer desinteresado de leer–, recrearlo y mantenerlo siempre terso y en tensión, para que el ánimo lector no decaiga. El gusto por la lectura no se adquiere leyendo bajo el efecto de la necesidad o de la obligación. La lectura solamente puede ser fuente de placer o de alegría cuando ha sido filón de descubrimientos. [...] Nuestra intención, voluntad y perversa pedagogía es procurar que los niños y niñas lean única y exclusivamente para el ombligo celestial de su alma .>>

OSORO; Kepa, “Leer para fecundar el futuro”.

Extraído de la revista digital de Literatura infantil Cuatrogatos (www.cuatrogatos.org)

“(…) De la narración oral a la pasión lectora

Leer libros a los niños es una de las labores más trascendentales y gratificantes que un maestro o un padre pueden hacer por la salud lectora de los muchachos. Por encima del interés pedagógico o científico del texto narrado hemos de situar la tremenda carga afectiva que encierra esta tarea.

Debemos reservar diariamente un rato a la narración gozosa de un relato motivador y emocionante. El niño esperará con ilusión estos momentos mágicos y todos disfrutaremos desde nuestro papel: ellos como oyentes apasionados y nosotros como generadores de fantasía y afecto.

Vamos a terminar con una frase de Pierre Gamarra: "No pueden leerse libros si antes no se ha leído el mundo".”

OSORO; Kepa, “Lectura: reflexiones para una utopía”. Extraído de la revista digital de Literatura infantil Cuatrogatos (www.cuatrogatos.org)

“(…) En suma, le enseñamos todo sobre el libro en esos tiempos en que no sabía leer. Los abrimos a la infinita diversidad de las cosas imaginarias, lo iniciamos en las alegrías del viaje vertical, lo dotamos de la ubicuidad, le entregamos a Cronos, lo sumergimos en la soledad fabulosamente poblada del lector… Los cuentos que le leímos hormigueaban de hermanos, hermanas, padres, dobles ideales, escuadrillas de ángeles guardianes, cohortes de amigos tutelares que se hacían cargo de sus pesares, pero que, luchando contra sus propios ogros, encontraban a su vez refugio en los latidos inquietos de su corazón. (…) Así descubría la virtud paradójica de la lectura que consiste en abstraernos del mundo para hallarle un sentido.

(…) Sí le enseñamos todo sobre el libro.

Le abrimos un formidable apetito de lector.

Hasta el punto, recuerden, hasta el punto que ¡estaba ansioso por aprender a leer!

¡Qué pedagogos éramos cuando no nos preocupábamos por la pedagogía!”

PENNAC, Daniel. Como una novela. Colombia, Editorial Norma, 1997.

domingo, 18 de marzo de 2007

YO NO QUERÍA HABLAR MÁS DE HARRY POTTER

Ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Lectura y Escritura del Litoral -Santa Fe, Argentina, 2006-.
Autora: Lic. Gabriela Monzón
Para descargar el texto completo en formato PDF hacer click acá:

(hacer click en Download file)

Hace un tiempo dije: “Estoy harta de escuchar cualquier disparate sobre Harry Potter”, y en consecuencia tomé la firme decisión de no hablar más del tema… Esto se debía al más puro y simple agotamiento, porque sentía que -en todo momento- debía estar explicando, aclarando, informando, desmintiendo, a quienes abrían la boca porque la tenían puesta.
Pero entonces me pregunté ¿no hablar más sobre Harry Potter? ¿Cómo? Si precisamente eso es lo que generan los libros de la escocesa: infinitas posibilidades de diálogo entre sus lectores, deseos de discutir, de opinar, de comparar, de recordar... Claro, entre sus lectores; mi decisión tenía que ver con el fenómeno mediático social al que llamo “de opinología” en el que de ninguna manera era válido participar.
Sin embargo, a raíz de estas reflexiones surgieron otras, porque no sólo soy una lectora, sino además docente y formadora de docentes y esta circunstancia me sugirió un cúmulo de problemáticas de fondo en relación con el contexto que rodea a esta serie de libros. Por esto decidí analizar el fenómeno que ha generado (quiénes opinan y en qué contexto), algunos requisitos para emitir un juicio sobre una obra literaria, cómo afecta el fenómeno comercial a la obra en sí; pero lo que es más importante, qué revelan todos estos debates sobre otras problemáticas: los chicos, los grandes, la lectura y los libros.
Debo reconocer, primero que nada, que siento un afecto muy especial por las novelas de Rowling, y hago todo lo posible porque despierten en otros lo que produjeron en mí; mal que les pese a los eruditos elitistas, mal que les pese a los defensores de los clásicos como única posibilidad de lectura. Incluso, mal que les pese a lo que sencillamente no les gustaron estos libros.
He descubierto que los que hemos leído estas novelas y nos hemos enamorado de ellas compartimos la pasión, y nos hermana el sentimiento que provoca ir llegando a las últimas hojas y sentir que al finalizar ya nada será igual, somos todos el pequeño personaje de la Historia interminable.
Pero más allá de estas cuestiones que pueden considerarse personales, concluí que sería una irresponsabilidad si dejara pasar la oportunidad de poner sobre el tapete una serie de consideraciones que he ido elaborando como lectora, como docente y como mediadora, a raíz de esta polémica en la que cualquiera parece tener qué decir.
Creo que esta es además una oportunidad para indagar y quizá ofrecer algunas pistas sobre los chicos y los libros, sobre los chicos y la lectura, sobre la supuesta no lectura, sobre nuestro rol de adultos en general, sobre los grandes y los libros, sobre nosotros los mediadores, sobre la pasión de leer…
Y, lo cierto es que hay más razones. Me preocupa que el debate se quede en la superficie; me indigna el elitismo que ronda los ámbitos de la cultura, la educación y la literatura; me intranquiliza que se centre la discusión en Harry Potter sí o Harry Potter no; me fastidia que discutir sobre el muñequito o cualquier producto del merchandising distraiga del eje: lectura/chicos/libros; me irrita que adultos que conozco -cuyo promedio de lecturas por año tal vez no supere los dos títulos- estén haciendo aspavientos acerca de que los adolescentes lean nada más que Harry Potter o que lean precisamente eso; me disgusta la envidia, la moralina, la ignorancia, la pacatería, la estupidez, el proteccionismo abusivo de los adultos, el desconocimiento de estos acerca del mundo de los niños y los adolescentes, su compulsión a colonizar/ explotar/ controlar el territorio de estos sin dejar afuera ni siquiera el arte…
En este debate -no siempre referido a la obra literaria, como debería ser- tercian: padres, escritores, docentes, periodistas, editores, y muchos otros que de una u otra manera están ligados a la cultura; pero también opina cualquiera.
Debo rescatar -por honestas y autorizadas- las opiniones de quienes poseen una trayectoria en relación con la literatura infantil y juvenil. E incluso, las de aquellos escritores no especializados en ella que esgrimen apertura mental como para valorar el fenómeno de estas novelas en cuanto difusión de la cultura y la lectura, sea que se declaren admiradores o no de los textos.
Entremos ahora a distinguir responsabilidades. En la vida cotidiana “todo el mundo” tiene derecho a decir lo que piensa, y si bien es sanamente recomendable estar mínimamente informados al proferir comentarios sobre cualquier tópico, convengamos que los argentinos por la boca mueren.
Sin embargo una cosa es la opinión “de la calle”, y otra la que los medios legitiman exponiéndola masivamente. Existe una irresponsabilidad -sospechosa por persistente- en la tendencia a que cualquiera se erija en juez y disminuya el espacio dedicado a la palabra de los que algo saben. Esto sucede muy frecuentemente en muchos terrenos, pero la niñez y la adolescencia, suelen ser una área en la cual basta la acreditación de adultos para dictaminar, criticar, decidir. La adultez pareciera dar patente de corso, y con ella hacer legítima cualquier incursión y pillaje que a los grandes se les ocurra. La literatura para niños y jóvenes no podía ser distinta y es campo fértil para especulaciones intrusas.
Parece una obviedad pero reiterémoslo: un requisito sine qua non para ser acreditado en esta discusión es haber leído las obras; y en lo posible otras también, al menos para que las comparaciones -cuando se pronuncian- sean acertadas. Sólo previa e indispensable lectura de los textos se puede llegar a enunciar algún tipo de apreciación. De lo contrario es inadmisible.
Establecido el marco en el que se manifiestan opiniones y críticas, tanto en situaciones cotidianas, como encuadradas en los medios de comunicación; voy a detenerme, en otros aspectos de este asunto.
No sólo es imposible dar legitimidad a manifestaciones proferidas por quienes no han leído los libros de la serie de Harry Potter, aún aquellos que por dedicarse a la escritura o ejercer cierta clase de crítica literaria puedan considerarse autoridades; sino que es válido prestar atención a algunas de las connotaciones que sugieren ciertas afirmaciones que se dejan caer en torno del tema. En nuestro país hay intelectuales que se vanaglorian de no haber leído esos libros que venden, que se consideran superiores por no pertenecer a la masa que los ha leído, que no leen literatura para niños (como si dicha particularidad supusiera en sí misma una descalificación). Aseveraciones que preocupan por sus evocaciones autoritarias, por el desprecio hacia lo popular e incluso hacia lo “infantil”.
Lo “que vende” no es ni malo ni bueno hasta que lo conozcamos y lo podamos evaluar. Muchos de nosotros tenemos en algún rincón de nuestra biblioteca libros que no consideramos literariamente valiosos pero que en nuestra obligación de conocer para criticar, adquirimos sumando un ejemplar al ranking de ventas. ¿Desde cuándo lo masivo es sinónimo de calidad o viceversa? O ¿desde cuándo lo es aquello que es propiedad de un grupo reducido y cerrado? Ambas son falacias.
Todo escritor -de literatura- ha de esperar que, como mínimo, quien exprese juicios sobre su obra la haya leído, y se deje guiar por ninguna otra cosa más que cada palabra vertida con esfuerzo sobre el papel… Porque escribir -cuando se hace en serio, como creo que hace Rowling- no es fácil; es un trabajo arduo, y el que diga lo contrario que vaya a enseñar a escribir a mis alumnos y además haga un tratado que refute toda la teoría existente acerca de la escritura.
Me voy a detener algunos párrafos a considerar la problemática acerca de lo que lo publicitario y los números del mercado suelen hacer a los productos culturales.
Hay un intento reiterado de denigrar el fenómeno de las novelas de Harry Potter a través de razones como: que detrás de este hay una gigantesca campaña publicitaria, que su éxito sólo es producto del tan mentado consumismo, que el marketing lo hace todo, y que la obra es de dudosa valía por el merchandising que ha ocasionado…
Negar que el personaje de Harry Potter se transformó en un fenómeno de mercado es imposible, que hay una fabulosa campaña publicitaria en torno de este, también. Ahora bien, menospreciar las novelas por ese sólo hecho: es irracional.
El mundo en el que vivimos transforma en muñequitos, remeras, cartucheras, carpetas, gorras, vasitos, libros para pintar y cualquier otro objeto vendible, toda franquicia que sea rentable. Y una proveniente de la literatura, cuando se convierte en dinero contante y sonante, no podía ser la excepción, al fin de cuentas: la cultura también vende, en las palabras sabias de Graciela Montes.
Pero, ligado a esto, vienen los detractores del consumismo, a los que no les niego razón en más de un reclamo. No obstante, reconozcamos que los papás son quienes adquieren los artículos que se proponen para sus chicos, y que los papás les permiten estar indefinidamente frente a los canales televisivos infantiles que bombardean con productos atrayentes que los grandes fabrican para los niños. Nuestros chicos viven en una sociedad que no hicieron ellos, sino que los adultos les ofrecimos en bandeja, en la cual los adultos precisamente no perdemos oportunidad de hacerlos a nuestra imagen y semejanza: consumidores.
Y ahí nomás, pegadita, surge otra cuestión que es la que más me interesa, y poco tiene que ver con el muñequito o la cartuchera, que en realidad no me quitan el sueño, puesto que considero que el árbol no debe taparme el bosque.
Esa cuestión tiene mucho que ver con la lectura, los libros y los chicos.
Y sobre ello reflexiono: quien supone que los libros de Harry Potter se leen por la mera propaganda… nada sabe de los adolescentes, de los niños, de su psicología, de sus preferencias, sus intereses, sus necesidades. Y no sabe, además, de la enseñanza de la lengua, de los procesos implicados en la lectura, de la formación de lectores, de los vínculos que se forjan entre el lector y el texto…; que son nuestro quehacer diario.
A un adolescente y a un chico tanto como a un adulto pueden venderle -y de hecho lo hacen- con una buena campaña publicitaria: un juguete, una remera, un par de zapatillas, una gaseosa o un teléfono celular. El consumo de ninguno de ellos supone esfuerzo alguno, es fácil comprarlos y usarlos, es fácil sentarse y disfrutarlos.
Sin embargo, el que sostiene que un libro se les vende a los adolescentes y a los niños de esta misma manera, entiende muy poco.
A los adultos sí nos pueden vender de esa forma -y es triste decirlo- hasta un libro (ejemplos de multitudinarias ventas de nulo valor estético lo evidencian). Pero claro, el mundo de los adultos está hecho de otras cosas: de necesidades, de conflictos, de prejuicios, de apariencias y de infinidad de cuestiones para que consumamos una porquería sin titubear, porque los números cantan…
Vayamos ahora a los niños y a los adolescentes… Poner a funcionar un complejo sistema de estrategias cognitivas y lingüísticas para construir sentido a partir de sólo signos en el papel -se trate de diez o de cien páginas- es todo un logro para cualquier chico, dadas las particulares dificultades que en la actualidad supone para ellos el procesamiento del lenguaje escrito.
Y obviamente, no se consigue con sólo buena propaganda. ¡Sería tan fácil si fuera así!
Pero volvamos al esfuerzo que supone ese proceso que es la lectura, ni falta hace explicar el coraje, la osadía, la dedicación necesarias si un niño o un adolescente debe incursionar en 254 páginas (Harry Potter y la piedra filosofal), en 291 (Harry Potter y la cámara secreta), en 349 (Harry Potter y el prisionero de Azkaban), en 635 (Harry Potter y el cáliz de fuego), en 893 (Harry Potter y la Orden del fénix), o en 602 (Harry Potter y el misterio del príncipe)… Como dice Beatriz Sarlo “es más difícil leer que aprender a conducir un coche o una bicicleta, jugar al tenis, cocinar comida china, andar a caballo o tejer. Por supuesto (….) es más difícil aprender a leer que a mirar televisión”[1]. Y si -en sus palabras- leer “es una de las operaciones más complejas”, ni todas las campañas publicitarias del mundo, logran que un chico se someta a esta complicada operación. NO, de ninguna manera, si no hay MUCHO, MUCHO MÁS de por medio. NO …con el placer, el fervor, la pasión, las ganas que tantos chicos depositan en la lectura de los libros del pequeño mago.
Por todo lo expuesto hasta aquí, me interesa analizar un poco más de cerca la problemática de la lectura y la literatura para niños y jóvenes, que- insisto- nunca debería haber dejado de ser el centro de toda esta polémica en torno a las novelas de J. K. Rowling.
Este problema tiene variados matices en la vida diaria: padres que adquieren los libros para que sus hijos muy poco afectos a la lectura -milagrosamente- se transformen en lectores; chicos que leen las novelas del niño mago y ninguna otra cosa releyendo estas una y otra vez; y ¿por qué no?... niños y adolescentes que se iniciaron en la pasión lectora con estas novelas y ahora devoran cuanta cosa cae en sus manos.
Pero también hay otras variantes: chicos que no las leyeron ni las leerán -por las razones que sean-, y otros que no han leído estos libros ni tienen o pueden leer ninguna otra cosa; porque no tienen libros, porque no tienen adultos que les contagien las ganas de leer, porque no saben lo suficiente de ese intrincado proceso y todo intento les resulta tan frustrante que es impensable para ellos el disfrute de un libro.
Estos retratos de la cotidianeidad me generan otros interrogantes. La mayoría me son increíblemente familiares por situaciones en las cuales debí tomar decisiones acerca de los chicos y la lectura en el aula, en las cuales debí responder a otros adultos acerca de esas resoluciones, en las que defendí el derecho de lectores de esos mismos chicos que son ahora el centro de la discusión interesada de tantos adultos.
Una de las preguntas básicas que hay que hacerse, no tiene tanto que ver con los chicos como con los grandes, y ni siquiera con los libros de Harry Potter. Atañe a esos grandes que hacen mucha alharaca en torno de un libro que la mayoría no leyó; esos grandes que leen tan poco y escriben tan mal y se dan el lujo de criticar a los niños y los adolescentes; muchos grandes que no saben muy bien porqué quieren que las jóvenes generaciones lean cuando ellos conjugan los tres tiempos verbales a la perfección: no leyeron, no leen, no leerán escudándose en que no tienen tiempo, en que trabajan mucho, en que tienen otras responsabilidades…
Y acá hablo de los grandes en general, pero incluyo, muy especialmente, tanto a esos papás desesperados porque su progenie lea como a tantos docentes -que incluso son responsables de formar lectores-, para los cuales los libros son un lindo adorno.
Y porque no me llevo bien con las medias tintas, y porque creo que no se puede ser diplomático cuando lo que está en juego es nuestro futuro como sociedad, y porque aprendí a decir “blanco o negro” sin remordimientos con una maestra como fue Graciela Cabal, es que me enamoré de las palabras de Mempo Giardinelli:
"No hay peor violencia cultural que el proceso de embrutecimiento que se produce cuando no se lee. Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento es una sociedad culturalmente suicida (…) Que una persona no lea es una estupidez, un crimen que pagará el resto de su vida. Pero, cuando es un país el que no lee, ese crimen lo pagará con su historia (…)"
¿Es posible perder el tiempo en debates que nos llevan por los bordes de la problemática, que se quedan en aspectos irrelevantes y que ponen en manos de otros la responsabilidad que todos tenemos? Es un crimen imperdonable.
Queremos que nuestros jóvenes lean… ¿leemos nosotros?, ¿cuánto?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿cómo hacemos para acercarlos a la lectura?, ¿les ordenamos que lo hagan?, ¿les sugerimos?, ¿averiguamos por qué leen/no leen, qué les gusta, qué los conmueve, qué los apasiona?, ¿debe deleitarlos lo que nos entusiasma a nosotros?, ¿debe agradarles lo que prefieren otros chicos?, ¿debe atraerles Harry Potter sí o sí?, ¿quién decretó que la relectura es mala?, ¿qué les ofrecemos además de Harry Potter, antes de este, junto con este, luego de este?... A la lectura como forma de vida que deseamos para nuestros jóvenes -porque en principio es la que elegimos para nosotros- hay que ponerle el cuerpo, tiempo, pasión, interés, desvelos, estudio, dinero, y tantas otras cosas. Pero fundamentalmente hay que ponerle LIBERTAD: de elegir, de rechazar, de releer, de dejar a mitad de camino, de criticar, de conocer, de decir lo que me provoca y de callarlo, de discutir, de amar y de odiar, de reír y de llorar… Y podemos seguir ampliando los derechos del lector de Daniel Pennac.
Sin embargo, para que todo esto sea posible: debe haber voraces lectores adultos, interesados en que los jóvenes lean, y que trabajen en la creación de condiciones para que esto se produzca: les enseñen a leer, les den el tiempo y el espacio, les ofrezcan libros, les contagien la pasión por estos, les den la libertad para cultivarla.
Pues la lectura, como persistente impulso que nos lleva a pegar la nariz a las páginas de un libro, sea cual fuere el lugar, el momento o cualquier cualidad circunstancial; olvidándonos del mundo que nos rodea, del mundo fuera de ese cuadro de papel más o menos blanco que es la página, y que se constituye en el verdadero universo diluyendo el otro; tuvo y tiene toda la maravillosa carga de lo voluntario, de lo elegido, e incluso de lo subversivo. Contraviniendo las normas de lo impuesto por la cotidianeidad y permitiéndonos insertarnos en ella, atentando contra la indiferencia y dándonos el poder de no conformarnos, aboliendo la pasividad en esa aparente calma en que la actividad se produce en nuestro interior. Optar por la lectura nos permite vivir mirando con otros ojos la vida.
Algunos chicos y grandes lo descubrimos, con las novelas de Harry Potter o sin ellas, pero siempre eligiendo.
Nota: Foto 1: Sergio y Gabriela, medianoche del 20/02, saliendo de la librería Códice con su ejemplar de Harry Potter y la Orden del Fénix . Foto de El Diario, domingo 22 de febrero, 2004. Paraná, Entre Ríos, Rca. Argentina. Foto 2: Sergio, Gabriela, y sus sobrinos: Natalia, Mercedes y Enzo, medianoche del 20/02, posando con su flamante copia de Harry Potter y la Orden del Fénix, en el interior de la librería Códice. Foto de UNO, domingo 22 de febrero, 2004. Paraná, Entre Ríos, Rca. Argentina