lunes, 4 de mayo de 2009

Texto Ponencia "Stephenie Meyer o el fenómeno de una comunidad de lectores en comunicación"

12º Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro Leer, inquieta

Título de la Ponencia: Stephenie Meyer o el fenómeno de una comunidad de lectores en comunicación

Autora: Lic. Gabriela Adriana Monzón (gabymonzon@gmail.com)

Debo iniciar esta exposición haciendo referencia a algunos sucesos de mi historia personal que es, desde que tengo memoria -irremisiblemente- una historia de lecturas, pues como expresa el personaje de Dianne Setterfield[1] en El cuento número trece: “Siempre he sido lectora; en todas la etapas de mi vida he leído y nunca ha habido un momento en que leer no fuera mi mayor dicha.”

En primer lugar, nunca imaginé aquel 24 de noviembre de 2006 -internada en una clínica para que me operasen la rodilla-, cuando abrí por primera vez la novela Crepúsculo de Stephenie Meyer que -transcurrido este tiempo- estaría hablando de ella en una instancia como esta.

En segundo lugar, debo ser sincera al respecto y expresar que soy una admiradora irreductible de la saga y de Meyer, que he leído -impenitente y emocionada- numerosas veces las cuatro novelas, y que desde el primer momento me transformé en una promotora incondicional de su lectura entre los lectores con los que estoy en contacto, particularmente adolescentes. Incluso administro un blog exclusivo sobre los libros en cuestión al que di en llamar Profe Crepúsculo, cuyo lema es Yo fui mordida. Ahora propago la fiebre, pero además tengo presente cada evento de contagio desde aquel primero que ocurriera en el año 2007, cuando en debutaba participando en la edición de este Congreso y realicé en aquella Feria la compra de los dos primeros libros para mis queridas Flopi y Ana Paula, dos alumnas de Paraná.

Al decir de Andreu Martin[2] “Yo pertenezco a la pandilla de adultos interesados por difundir el placer de la lectura y estoy satisfecho(a), porque creo que nos estamos saliendo con la nuestra.”

En tercer lugar, corresponde que aclare que, si bien me voy a ocupar de los libros, de presentarles desde mi perspectiva ciertas particularidades que los hacen destacables y diferentes en el campo en permanente reelaboración de la literatura para jóvenes; abocaré parte de mi análisis a lo que ha dado título a este trabajo: el fenómeno lector y escriturario que ha puesto en comunicación a tantos adolescentes y a muchos que ya no lo somos; pues aunque podría centrar la cuestión en la vivencia lectora personal -único modo (creo) de sostener la mediación-, la intervención en un Congreso de tales características es una instancia privilegiada para enunciar también algunas claves provisorias en torno los vínculos entre los lectores, la lectura como instancia no escolar, los procesos escriturarios que se ponen a funcionar en torno a algunos libros.

Como expresé anteriormente empezaré refiriéndome a las novelas que publicara en español Alfaguara Juvenil, cuyos títulos son: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer, escritas por la norteamericana Stephenie Meyer.

Si bien el reciente estreno cinematográfico basado en la primera de las historias hizo que los medios de comunicación hablaran bastante de la trama, desgraciadamente la información suele ser presentada por el periodista de turno que no tiene la menor idea al respecto, por lo tanto no creo que sea ocioso como mediadores de lectura manejar algunos datos elementales fidedignos acerca de los libros.

En principio, me parece oportuno hacer un comentario del argumento: Bella Swan, una adolescente tímida y muy torpe pero extrañamente madura, ingresa a una nueva escuela pues se ha trasladado desde la casa materna en Phoenix a vivir con su padre en Forks (estado de Washington). Aun cuando lo que más desea es pasar desapercibida y hacer una vida lo más anónima posible, se siente asaltada por una atracción inexorable hacia el joven más increíblemente atractivo que pudiera conocer: Edward Cullen, sin saber que este y su familia son en realidad vampiros que sacrifican sus ansias de sangre humana en beneficio de una existencia pacífica y moral. En la primera novela -Crepúsculo- los protagonistas atraviesan más de una vicisitud puesto que el joven no sólo deberá gobernar su irrefrenable sed por la sangre de Bella que le resulta extremadamente atrayente, sino asumir que se halla definitivamente enamorado de ella, a la vez que confiar en que esta no huirá horrorizada ni revelará su naturaleza inmortal. Para agravar las cosas la chica -que corresponde su amor y asume con inusual naturalidad su identidad sobrenatural- será perseguida por otros vampiros menos escrupulosos que los locales.

Resueltos los conflictos iniciales, en el segundo tomo -Luna Nueva- el apuesto Edward cree que la separación el único modo de mantener lejos de riesgos mortales a Bella, sin comprender que romper ese vínculo arrasará la vida de la joven con una fuerza devastadora que pondrá en riesgo su cordura. Sin embargo, la muchacha intenta sobrevivir al fatal desasosiego sosteniéndose en la amistad única que forja con Jacob, un muchacho de la reservación quileute, hijo de un amigo de su padre. Pero sin duda los peligros no dejan de existir porque Edward se haya alejado de ella, sino que se da una explosión demográfica de jóvenes hombres lobo en la reserva de La Push, pues perciben que hay aún vampiros asesinos rondando la zona y ellos tienen la mítica herencia de ejercer de anónimos protectores. Una carrera para salvar la vida de Edward, el regreso de este y fortalecimiento de la joven pareja en un amor épico, sumados al convencimiento y aceptación definitivos de que Bella es y será en adelante parte de la vida de los Cullen, permitirá el avance y complicación de la historia.

En el tercer libro -Eclipse- Jake -quien en la novela previa adquiriera la habilidad de mutar en lobo, como otros chicos de La Push- se transforma en un competidor persistente que desea conquistar el corazón de Bella; aún cuando esta le demuestra una y otra vez el lazo incondicional que la une a Edward. El amor de ambos muchachos por ella será el puente que unirá al bando de los vampiros y los lobos en una tregua histórica para luchar contra un enemigo común, y hará surgir una especie de amistad antagónica entre ellos.

El cuarto libro -Amanecer- trae complicaciones inusitadas y lo que se suponía iba a ser la culminación de la espera de Bella para transformarse en vampiro y unirse para siempre a Edward, resulta mucho más que eso, pues surge un hecho totalmente inusitado que hace madurar a los personajes y sin lugar a dudas termina siendo indeciblemente más fuerte que la historia de amor de dos adolescentes intemporales. Agregar cualquier dato sobre el último tomo es arruinar la sorpresa…

Ahora bien… ¿qué se puede expresar sobre la saga? Como adulta, crítica, lectora voraz, empedernida y defensora acérrima de la literatura juvenil, pero además como “mediadora” entre los chicos y los libros, no dudo en lo más mínimo en ponerle un rotundo diez a toda la serie, si ese fuera el tope calificativo.

[...]

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[1] SETTEFIELD, Diane. El cuento número trece. Barcelona, Lumen, 2007.

[2] MARTÍN, Andreu. “¿Por qué literatura juvenil?”, en Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, N° 72, 1995. Digitalizado por el Centro de Documentación e Investigación sobre Literatura Infantil y Juvenil – Salamanca – Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

2 comentarios:

Ainhoa dijo...

Hola, Gaby!
Parece que la experiencia ha sido muy gratificante y todo un éxito. ¡Enhorabuena!
Besos.

Eva F. Pascual dijo...

Muchas gracias por el texto completo de tu ponencia, soy fanática de Meyer y sus vampiros!!
saludos, eva