miércoles, 21 de mayo de 2008
Mis monstruitos queridos me festejaron el cumple...
lunes, 12 de mayo de 2008
Recuerdos únicos
PPS de ponencia "De los agujeros negros que deben sortear los lectores en el Nivel Medio"
De los agujeros negros que deben sortear los lectores en el Nivel Medio
(versión leída)
Voy a anclar estas reflexiones en un lugar un tanto tormentoso de la experiencia diaria. Me estoy refiriendo al ámbito en que confluyen
Se ha dicho mucho al respecto, sin embargo, aún siguen sucediendo desencuentros atroces, maltratos inconcebibles, faltas imperdonables. Y me permito el uso de la hipérbole y la metáfora para definir literariamente un panorama que en el octavo año del siglo XXI nos encuentra aún luchando por crear espacios escolares compartidos y personales de lectura literaria, por generar instancias que posibiliten construir el gusto lector, peleando contra fosilizados dictámenes que escolarizan la lectura, procurando brindar acceso a los libros a todos nuestros adolescentes (y adultos), manteniendo a brazo partido programas que permitan a los jóvenes constituirse en lectores.
En un contexto en donde ha desaparecido
Ahora bien, este panorama casi catastrofista me podrían decir, es relativo; cursos, jornadas, congresos, ferias, concursos, programas, campañas, proyectos, maratones, horas de lectura, bibliotecas, círculos, clubes de lectores, publicaciones constantes y de abundancia ilimitada, de por medio.
Aún así, sin negar esto, siguen pendientes de ser develados, estudiados y superados unos cuantos agujeros negros que parecen devorar nuestras buenas intenciones y accionares.
Primer agujero negro: la ausencia de acuerdo acerca de la necesaria existencia independiente del espacio curricular Literatura y la carencia de claros propósitos y contenidos.
Los contenidos, títulos y autores seleccionados dependerán del gusto, formación, historia personal, intereses y decisión del docente en cuestión, así como de las que otros hayan realizado al publicar un libro o manual que se adquiere para ser usado generalmente sin mucho cuestionamiento ni reestructuración de lo que establece, a saber: una versión más o menos modernizada de la vieja y nunca bien ponderada historia de la literatura o una compacta acumulación de nuevas y revolucionarias teorías lingüístico-literarias aplicadas sistemáticamente a una serie de textos-ejemplo.
Numerosos alumnos al egresar de
No creo que sea irrelevante volver a afirmar que
Segundo agujero negro: la inexistencia de convencimiento generalizado de que la formación de lectores es también un propósito escolar del Nivel Medio, por lo tanto ocuparse de ello no es un añadido, un plus, un favor que le hacemos a alguien. Confusión a la que se suma, la no distinción de ese cometido como algo diferente -si bien complementario- del propósito de desarrollar estrategias adecuadas de lectura de distintos discursos sociales, lo cual provoca más de un malentendido y omisión.
Expresa Adela Castronovo en Nuevas propuestas en promoción de la lectura:
“Como este es uno de los objetivos fundamentales de la educación formal, todo lo que se realice para poner a los alumnos en contacto con los libros u otros soportes de la cultura escrita debería formar parte de la currícula. Esto quiere decir que realizar actividades de promoción de lectura no significa hacer tareas extra-curriculares. Nada de lo que se haga en la escuela vinculado con la lectura está ajeno a lo curricular.”
Queda aún por distinguirse -con claridad y en los hechos- la labor para aprender a leer -y por tanto proyectos que pretendan lograr lectores competentes- de la tarea de formación de lectores asiduos, entusiastas, apasionados, para quienes leer responda a una necesidad interior. Propósito que implica contagiar las ganas de leer, propiciar el encuentro gozoso de los lectores con los libros, proponer la lectura voluntaria, personal y libre de tarea; por puro deleite, para compartir la vivencia, desarrollando el propio gusto lector. Y por todo esto es deseable que incluya: multiplicidad de materiales, itinerarios cooperativos entre el mediador y los adolescentes, y lectura en variada abundancia.
Tercer agujero negro: la desconexión originada en el atraso de los IFD en relación con el campo literario especialmente destinado al interlocutor joven para el cual están formando.
La literatura juvenil, sus problemáticas, sus temas, sus géneros, sus autores y títulos son absolutamente cosa de otro planeta para la mayoría de los docentes egresados de los instituciones de formación que los preparan para dar clases en
Me resulta inadmisible ver que los Cuentos de Quiroga, Mi planta de naranja-lima, El fantasma de Canterville, El sabueso de los Baskerville y El diario de Ana Frank, agotan toda la propuesta literaria para jóvenes en algunas escuelas.
Numerosos autores destacan la especificidad de una literatura juvenil, muchos de ellos la perciben una “excelente herramienta para fabricar lectores” al decir de Manuel Alonso , la “literatura que necesitan algunos para dar el salto” como indica Paciano Merino, la que “existe porque hay adultos que tienen un especial interés en difundir la afición, la pasión por la lectura” sostiene Andreu Martin. Y estos advierten -a su vez- la escasa atención que le prestan la universidad y los medios de comunicación, “prueba de su extrañamiento (o una dejadez errónea)” expresa Pablo Barrena. Juan Cervera sostiene “el día en que la enorme legión de profesores de Literatura de Educación Secundaria y Media tome conciencia de la situación, su potencial humano y científico, puesto a investigar sobre literatura juvenil, dará un vuelco a la situación. Lo deseamos, pero por ahora la situación es la que tenemos.”
Y suele suceder que nuestros adolescentes, que distan años luz de ser como fuimos nosotros y como habían sido nuestros padres, además de que viven en un mundo, una sociedad, una cultura totalmente distintas, pueden hallarse en dos escenarios frecuentes. Si “tienen suerte”, llegan al Nivel Medio con competencias lectoras y literarias que han desarrollado por su cuenta -en contextos escolares o no- y pasan por la institución educativa sin pena ni gloria, pues ya han creado un vínculo con la cultura escrita.
Sin embargo, también están aquellos que “no han tenido tanta suerte” -y en nuestro país son muchos-, cuyo vínculo con las palabras no está consolidado o directamente no existe, pero además no llegan provistos de las necesarias competencias lingüísticas, literarias y hasta socioculturales, y la enseñanza media los enfrenta -como si de una tarea escolar más se tratase- a textos que les son indescifrables o ajenos.
Si la literatura juvenil hubiera sido parte del capital cultural del docente quizá las cosas hubieran sido distintas, pero claro, como expresa Adolfo Torrecilla “cuando se habla de literatura juvenil a algunos profesores sólo les falta disparar”.
Penoso que esto ocurra pues “nada vamos a conseguir, salvo multiplicar su hastío, si le castigamos con libros que están muy lejos de su campo de sensibilidad e inquietudes”, como expresa Manuel Alonso.
Cuarto agujero negro: la ausencia de la lectura como parte esencial de la vida de muchos adultos/docentes, o una desvinculación entre el lugar que ocupa la misma en la experiencia personal y el rol de formadores de lectores, y en consecuencia la relativización de su importancia en el contexto escolar en el cual se transforma en un requisito más del programa, en una exigencia para otro, en un mandato del adulto al joven: tenés que leer, leé esto o lo otro; sin que se perciba la contradicción intrínseca de solicitar/imponer como valioso algo que no se considera apreciable para uno.
Si indagamos en las motivaciones que nos llevaron a los educadores a elegir la docencia en Lengua y Literatura de Nivel Medio, es casi un lugar común descubrir que esta iniciativa se liga a la experiencia previa de ser lectores voraces o aspirantes a escritores; es probable que
Sin lugar a dudas, analizar la infinidad de variables -pedagógicas, culturales, sociales, políticas, económicas- que determinan este hecho, trasciende los propósitos y límites de este escrito. No obstante, es posible percibir algunas situaciones particulares que se dan en este contexto.
· El adulto/docente muchas veces vive su vínculo con la lectura como una cuestión ajena a su función de promover la lectura en otros, como algo personal e íntimo no necesariamente ligado a su rol.
· En otros casos la experiencia lectora se siente como una vivencia que es parte de un pasado idealizado, puesto que los deberes y obligaciones de adulto la troncharon, por la que se siente una especie de nostalgia ingenua pero peligrosa, puesto que puede implicar la premisa: cuando se era niño o joven se podía leer pues no se tiene algo importante para hacer.
· Y por último, en lo que podríamos llamar caso extremo: el adulto no siente la necesidad ni el interés de leer más que aquello que debe por obligación, si bien pudo haber sido un buen estudiante de profesorado y haber leído todo lo que se esperó que leyera en su momento, es un técnico más ejerciendo un trabajo de enseñanza de un área como cualquier otra.
Consecuencias: el adulto que no asume en su vida cotidiana la lectura no como una obligación sino como una necesidad, como un disfrute, como una pasión, como un reto, como una conquista, difícilmente pueda despertar en otros la necesidad, el deseo, el interés, el gusto de leer. Con crudeza humorística Andreu Martin se refiere a esta paradoja:
“En todo caso, es evidente que a los chicos les debe de resultar muy sospechoso ese interés de sus mayores por despertar en ellos el gusto por la lectura cuando, esos mismos mayores no abren un libro ni por equivocación. No resulta extraño que, a la larga, una vez abandonado el Instituto, dejadas atrás las lecturas obligatorias, el joven abandone la lectura, al verse abocado a un mundo en donde esa afición no es tema de conversación habitual.”
A la lectura como forma de vida que deseamos para nuestros jóvenes hay que ponerle el cuerpo, tiempo, dedicación, interés, desvelos, estudio, dinero, y tantas otras cosas. Sin embargo, para que todo esto sea posible: debe haber ávidos, insaciables, activos lectores adultos, interesados en que los jóvenes lean, y que trabajen en la creación de condiciones para que esto se produzca: les enseñen a leer, les den el tiempo y el espacio, les ofrezcan libros, les contagien el amor por estos, les den la libertad para cultivar el lazo.
Emili Teixidor en su artículo “La literatura juvenil. Un género polémico” reflexiona:
“Lo que hace leer a los adolescentes es lo mismo que nos hace leer a nosotros, los adultos. Esa búsqueda de un posible encuentro entre nuestras zonas oscuras y las zonas sombrías de un texto. Con demasiado frecuencia olvidamos que leer es también – y quizás sin también – un acto de trasgresión, esa búsqueda de las zonas de sombra. Por ello deberíamos confiar más en los textos y en la búsqueda personal de los lectores jóvenes y menos en los sermones, las recomendaciones, las obligaciones...”
Quinto agujero negro: la dogmática separación escuela/otros contextos en relación con la lectura y los jóvenes, pues la institución educativa en general niega o esquiva la legitimación de lo que los jóvenes leen fuera de ella.
Tiende a existir una disociación tácita pero precisa entre lo que el ámbito escolar admite o reconoce como lectura/literatura, y la abundante, desordenada, variada, ajena a los escalafones y siempre azarosa lectura/literatura a las que acceden los adolescentes fuera de él.
Vuelvo a lo ya planteado: se hace necesario establecer objetivos/contenidos claros y precisos vinculados por un lado al desarrollo las complejas estrategias lectoras; y por otro la definición del espacio curricular abocado a la formación literaria. No obstante, y de acuerdo con el cometido de promover la lectura, el docente mediador deberá propiciar instancias para darle continuidad a la experiencia, ofrecer posibles alternativas para recuperar la vivencia y prolongarla en el caso de quienes han iniciado itinerarios lectores fuera de la institución escolar, lo cual sólo es posible a partir de la apertura, la admisión de lo que los jóvenes pueden, necesitan y desean leer, y desde ese punto abrir el panorama de géneros y autores de modo de construir nuevos recorridos, sin censura, sin prejuicios, sin elitismos.
Para concluir, y continuando con la metáfora de la ciencia ficción, permitámonos pensar estos agujeros negros -una vez develados, analizados y asumidos- como pasajes, como portales a otros mundos y realidades, porque como expresa Teixidor: “Para superar este ambiente desolador […] hoy más que nunca
Muchas gracias.
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miércoles, 7 de mayo de 2008
Póster y trailer de la peli de uno de mis libros juveniles favoritos... Crepúsculo
domingo, 4 de mayo de 2008
Algunos conceptos fundamentales a la hora de pensar la Didáctica de la Lengua
En líneas generales la perspectiva desde la que pensamos la enseñanza de Desde el mismo podemos concebir que saber una lengua es una competencia que implica sobre todo un saber hacer, es decir saber desempeñarse en cualquier contexto comunicativo produciendo e interpretando textos adecuadamente. Esto se desarrolla tanto en el ámbito escolar como fuera de este, pero en la escuela se aboca a que, en relación con la lengua escrita los sujetos realmente alfabetizados aprendan cuestiones relativas a cuatro aspectos: la relación lengua oral/lengua escrita (vínculo sonido/grafía: paralelismo imperfecto de la lengua alfabética española, lo cual aunque se nombra primero no es el inicio del trabajo ni lo central), el lenguaje de la escritura (las particularidades de vocabulario, sintaxis, coherencia, adecuación, ortografía, formatos textuales, etc.), los procesos de interpretación de textos (lectura) y los procesos de producción (escritura).
Esto supone partir de cierta concepción de lengua escrita (No Transcriptivista: la lengua escrita es un código independiente que representa significados, no los sonidos de la lengua oral), de cierta concepción de lectura (proceso de construcción de sentido en el que intervienen tanto las informaciones visuales como no visuales y se desarrolla a través de la puesta en funcionamiento de las estrategias lectoras) y de cierta concepción de escritura (construcción de sentido a través del manejo de múltiples niveles de representación). A lo cual sin lugar a dudas se suman -vinculadas a estas- ciertas concepciones de sujeto, de aprendizaje, de enseñanza.
La propuesta de situaciones didácticas de enseñanza de
Las situaciones de enseñanza y aprendizaje ofrecerán a los sujetos la posibilidad de enfrentarse a la solución de problemas comunicativos, es decir situaciones reales de comunicación y expresión, ya que deberán en el aula hacer con la lengua lo que pueden hacer en la vida diaria, esto supone que las unidades comunicativas serán los géneros discursivos sociales, los mensajes o textos de uso en la vida cotidiana.
NO ya los pseudo textos, “las lecturas”, “las composiciones” o “redacciones” que poblaban los manuales y libros hasta no hace mucho: los cuales no sólo no obedecían a un formato en particular (y por tanto no poseían recursos lingüísticos y paralingüísticos/paratextuales pertinentes), sino que no respondían a un propósito o intención comunicativa propia de una situación, y no poseían por tanto un emisor y receptor reales (todas particularidades que caracterizan a un texto en situación: un género discursivo), tan sólo estaban elaborados a partir de un objetivo didáctico: enseñar una letra, una regla ortográfica, un tipo de palabra, cierta clase de oración.
Estas situaciones didácticas plantearán un esquema o estructura que irá siempre desde la reflexión, pasando por la sistematización metalingüística, la consolidación y la profundización de saberes. Sin este trayecto lógico no puede haber construcción de saberes lingüísticos.
La reflexión ofrecerá a través de diversas estrategias la posibilidad de dudar, de poner en cuestión, de enfrentarse y resolver un conflicto desde las competencias comunicativas que ya se poseen. Pero además darán la posibilidad al docente de hacer un relevamiento de saberes previos (sin entender estos como una cuestión absoluta y cerrada posible de captarse, sino precisamente como toda una gama de posibilidades algunas inaprensibles, apenas posibles de ser percibidas). Puede tratarse de un juego, una actividad de reescritura, de armado, de lectura o escritura, de completamiento, de ordenamiento, de múltiples pero que implique un desafío cognitivo (por lo que… archivar el famoso y fosilizado “diálogo interrogativo”). Podrá ser individual o grupal, pero siempre tendrá que acompañarse de una puesta en común, de una confrontación y diálogo entre todos que enlaza esta instancia con la posterior.
A partir de ella se podrán reconstruir entre todos las reglas del idioma, poner nombre, ordenar, conocer nuevas nociones, todo lo cual compone la instancia de sistematización metalingüística (se hace evidente que de esto se trata “la gramática para usuarios”, es decir la reflexión sobre los hechos del lenguaje), la cual si no se complementa y continúa con las de consolidación y profundización no permite sostener que se haya desarrollado aprendizaje alguno. Obviamente esta etapa supone elaborar herramientas para sistematizar: un cuadro, un breve texto, una lista, un cartel que se reproduce en la carpeta, siempre con los chicos, jamás la definición o nombres preestablecidas de antemano en el manual o libro.
La consolidación da la oportunidad de poner a prueba, de asegurarnos de que comprendimos, de que no nos quedan dudas, o que sí las tenemos y podemos solucionarlas, que podemos enfrentarnos a nuevas situaciones y resolverlas desde el saber desarrollado. NO es refuerzo ni fijación, pues estos conceptos plantean un aprendizaje memorístico y mecánico, es otra cosa: es la puesta en uso, la instancia que permite la apropiación de los saberes.
En último término (y desgraciadamente como muy poco frecuente en las aulas) la instancia de profundización nos sitúa en la zona de desarrollo próximo que propone Vigotsky, ya que nos permitiría ir más allá de los que los chicos pueden lograr solos, desarrollar nuevos aprendizajes con el sustento del andamiaje, es decir la ayuda del docente y los demás alumnos.
Es frecuente que las actividades de reflexión sean similares a las de consolidación o se puedan usar indistintamente según la situación, por ejemplo: puedo por primera vez en relación con un proyecto de escritura de noticias ofrecerles a los chicos noticias desarmadas para que las ordenen según el paratexto y de ese modo ver qué saberes manejan: reflexionar sobre qué miraron para ordenarlas, si saben qué nombre reciben esas partes o datos, para qué sirven, etc. Pero también podría darles una actividad similar con otras noticias para asegurarme si han comprendido estas cuestiones, si les es posible usar lo nuevo que saben, si no cometen los errores que fueron evidentes al principio (por ejemplo: confundir copete con volanta).
Tener en cuenta que este enfoque de
sábado, 3 de mayo de 2008
El biodiesel de soja destruirá 9 millones de hectáreas de bosques argentinos.
Transcribo a continuación un mail que me fuera enviado por GREENPEACE:
La producción de biodiesel a base de soja para el mercado alemán amenaza los últimos bosques nativos de nuestro país y contribuye a exacerbar el aumento de los alimentos al desplazar cultivos alimentarios. La producción de biodiesel de soja demandará 9 millones de hectáreas de ese cultivo, poniendo en peligro nuevamente a nuestros ecosistemas naturales. Los países europeos han establecido altas metas para reemplazar en parte los combustibles fósiles que consumen sus vehículos con grandes cantidades de biocombustibles, sin contar con ninguna política que contemple las repercusiones ambientales y sociales que su producción implica.
Es por ello que hoy en una demostración con autos alemanes caracterizados como topadoras, Greenpeace denunció ante la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación (SAGPyA), que la producción argentina de biodiesel de soja destinada al mercado europeo, fomenta la deforestación.

































































































