miércoles, 4 de marzo de 2009

La literatura avasallada...

“[…] la escolarización del libro, aun con toda la renovación metodológica que ha llevado aparejada, ha traído una excesiva vinculación de la lectura con lo académico. No hablamos de la enseñanza de la lectura como acceso al código escrito, ni del estudio de la literatura como materia, sino del fomento de la lectura como hábito, es decir, como opción personal, libre y gratuita (que no exige entregar nada a cambio). Las editoriales miran demasiado hacia la escuela, viendo en ella su mayor mercado. En este sentido, detectamos una excesiva instrumentalización que convierte al libro en un vehículo para la realización de enojosas tareas escolares, que sustituye la libertad de elección por la obligatoriedad, con lo que, a menudo, desaparece el placer de leer (verdadero motor de todo lector, incluido el profesor), reemplazado por una sensación de fastidio y hostilidad hacia la lectura. Autores y editores colaboran con demasiada frecuencia a reforzar esta línea de trabajo con libros, series y colecciones que presentan estrechos planteamientos didactistas de los que está ausente, la mayor parte de las veces, la vibración de la auténtica literatura.

Recientemente, es posible detectar un auge de este fenómeno en relación con los llamados temas transversales que aparecen reflejados en infinidad de títulos. Así, ya no hay que leer para disfrutar, emocionarse, entretenerse (y de paso, aprender), sino para alcanzar de forma inmediata determinados objetivos curriculares relacionados con la igualdad entre los sexos, el cuidado de la salud, la educación vial o los valores. La literatura ha quedado reducida, demasiado a menudo, a una mera fórmula para que los niños se coman nuestras deliciosas y nutritivas sopas. Y muy pocas veces caemos en la cuenta de que los niños son lo bastantes listos como para rechazar la sopa y, de paso, la cuchara con que se les ofrece […]”

GARCÍA SOBRINO, Javier y Diego Gutiérrez del Valle,“El bosque de la animación y los árboles de la lectura”.

Nunca más apropiadas estas reflexiones en un momento en el que la educación en mi país y especialmente en mi provincia (que es lo que me toca de más cerca), se halla en un proceso de cambio, y ciertamente debo reconocer con absoluta honestidad y desagrado que no necesariamente en un sentido positivo. Así es que, nuevamente entra en crisis la educación secundaria cambiando de estructura, aunque bien vale preguntarse si cambiando de fundamentos también.

Deseo abocarme brevemente a expresar algunas ideas sobre estas cuestiones de las que habla tan maravillosa y certeramente el fragmento anteriormente presentado, pues en la actualidad han llegado a las escuelas de mi provincia, confusas indicaciones acerca de supuestos ejes a trabajar de modo transversal, y en las propuestas que se incluyen en la documentación en cuestión hemos podido apreciar un soberano mamarracho, un pegoteo incoherente e irrespetuoso que nada, absolutamente nada, tiene de interdisciplina bien entendida y asumida en serio.

Y si eso es lo que “baja al llano” de manos de quienes debieran orientarnos en la puesta en marcha de dichos cambios, nos hallamos -como bien dice Lemony Sniket-… ante un mal comienzo, y lo más probable es que en sucesión se produzcan… una serie de catastróficas desdichas (válgame el ingenio de la literatura para expresar metafóricamente lo que se avecina).

Algunas de las cuestiones sobre las que me he explayado en más de una ocasión en este blog y en otras situaciones, algunas de las cuestiones -además- sobre las que he plantado bandera en cada contexto en que ejerzo mi labor docente, son tanto la formación de lectores autónomos, apasionados, activos, voluntarios, ajenos a las tareas escolares, como a su vez la independencia estética y discursiva de la LITERATURA.

Y cuando digo esto, me refiero específicamente a que cada ser humano tiene el derecho de disfrutar, de ponerse en contacto, de conocer, de apreciar o como quieran llamarle, la cultura de su tiempo y de otros, léase entonces la literatura, entre las múltiples creaciones humanas. Pero además, gozar de esta con independencia, con autonomía, sin verse esclavizado a un único esquema interpretativo, a un único modo de leer, a tareas que son improcedentes en relación con el objeto literario, ni mucho menos a la interferencia de unos mandatos intrusos instalados desde otras disciplinas o quehaceres humanos.

La Literatura es un mundo que se valida a sí mismo en tanto producto de la imaginación humana y como tal sin duda que habla de nosotros -las personas- con nuestras miserias y logros, pasiones y mentiras, deseos y esperanzas, valores y aspiraciones, hechos y silencios; pero de ninguna manera construye noción de verdad, elabora saber científico -aún cuando es un tipo particular de saber de otra naturaleza- : ni sobre la historia, ni sobre la geografía, ni sobre la biología, ni sobre la formación ciudadana, ni sobre los valores, ni sobre la matemática, ni sobre la psicología…

Pretender eso es intentar ver en un espejo distorsionado -en el que cada cual puede permitirse hallar desde su perspectiva lo que su ingenio e imaginación le habiliten- un único modo de leerlo, un único sentido, y por tanto ejercer una labor invasiva, una trasgresión de límites, un ultraje, una violación, un abuso.

Véanse los monumentos al disparate que la supuesta, malentendida y reiteradamente distorsionada interdisciplina, ahora denominada “transversalidad” pretende erigir como ejemplos:

<<-A partir de la lectura de textos relacionados con aventuras, como por ejemplo:

“Un descenso al Maeltrön, de Edgar Allan Poe,

“Una casa”, de Antonio Tabucchi,

“El buque blanco”, de Howard P Lovecraft,

“La batalla”, de Lobodón Garra,

de “Las vacas sagradas del sol” de la Odisea de Homero, leer “Las sirenas”,

y el poema “El mar” de Jorge L Borges.

-Plantee un problema ambiental como es la extinción de algunas especies de la fauna marina.>>

O más adelante:

<<-Teniendo en cuenta estos ejemplos u otros, regionalice a través de textos de autores entrerrianos que aborden la problemática de ríos, arroyos y lagunas.>>

Ahora bien, admitamos que esta perenne utilitarización del discurso literario -o su intrumentalización como le llaman los autores anteriormente citados- no se produce por una malintencionada y perversa manipulación de una “herramienta” que está a mano, sino que este fenómeno casi tradicional en el ámbito escolar se debe quizá lisa y llanamente a una supina ignorancia, que ha naturalizado a lo largo de los años (siglos, más bien) que la literatura puede usarse sin culpa para lo que sea. A lo que se agrega, desde mi punto de vista una escasa apropiación en los ámbitos escolares de los discursos propios de las didácticas especiales que proponen las estrategias y materiales que son pertinentes a cada campo del saber.

Se me ocurre que el discurso literario sufre, en su disponibilidad, en su apertura, en su libertad, en su estar allí, de una terrible indefensión, y que a quienes hacemos literatura, amamos la literatura, no podemos vivir sin literatura, nos cabe la tarea de plantar cara en su nombre y conseguir el espacio que le corresponde por derecho. Pero no sólo porque sea lo apropiado en relación con este particular modo de creación humana, sino por todos y cada uno de los lectores (actuales y futuros), quienes son depositarios de “una exigencia poética, una necesidad de relatos, que no son un privilegio de ninguna categoría social. Se trata de un derecho elemental, de una cuestión de dignidad”, como expresa Michel Petit.

Queda aún por comprender -todos y cada uno de los que nos dedicamos a la educación, no sólo los que nos ocupamos de la Lengua y la Literatura-, que la Literatura es vital para cada persona, no por la utilidad que extranjeras manos pudieran sacar de ella, sino por lo que provoca por sí misma en el lector, eso de lo que la siempre sabia Michel Petit también nos habla:

“Y cada uno de nosotros tiene derechos culturales: el derecho al saber, pero también el derecho al imaginario, el derecho a apropiarse de bienes culturales que contribuyen, en cada edad de la vida, a la construcción de sí mismo, a la apertura hacia el otro, al ejercicio de la fantasía –sin la cual no hay pensamiento-, a la elaboración del espíritu crítico. Cada hombre y cada mujer tiene derecho a pertenecer a una sociedad, a un mundo, a través de lo que han producido quienes lo componen: textos, imágenes, donde escritores y artistas han tratado de transcribir lo más profundo de la experiencia humana.”

“La lectura puede ser, a cualquier edad, un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio íntimo, privado.

[…]Este espacio creado por la lectura no es una ilusión. Es un espacio psíquico, que puede ser el sitio mismo de la elaboración o la reconquista de la posición de sujeto.

[…] no olvidemos que sin ensueño, sin fantasía no hay pensamiento, no hay creatividad.”

1 comentario:

Ivonne dijo...

Hola, Gaby, efectivamente coincido. Luego los chicos verán la literatura con fastidio si se vincula a lo académico y si a eso le agregas que al menos en México, los maestros en general no están capacitados para inculcar el gusto por la lectura, mucho menos les gusta leer!! Pero bueno, hay que seguir eternamente trabajando. Por eso nosotras le apostamos a ser promotoras free lance, jeje
Un gran abrazo afectuoso,