viernes, 30 de noviembre de 2007

¡Salvamos los bosques!

ME TOMO EL ATREVIMIENTO DE TRANSCRIBIR PARTE DE LA CARTA QUE GREENPEACE ESTÁ ENVIANDO A TODOS LOS QUE APOYAMOS LA LEY DE BOSQUES Y DE ALGÚN MODO LA HICIMOS POSIBLE...

29 de noviembre de 2007.

¡Salvamos los bosques! Vos sos parte del millón y medio de argentinos que lo lograron. Gracias.

La Cámara de Diputados de la Nación acaba de sancionar la Ley de Bosques aprobada el miércoles pasado por el Senado. Después de 10 años de lucha, por fin logramos salvar los bosques argentinos. Esta victoria es de la gente, es tu victoria. Sin tu compromiso, el de más de treinta organizaciones de todo el país y el del millón y medio de personas que como vos, creyeron que aún había esperanzas, nunca lo hubiéramos logrado. Y el logro es enorme. Pudimos quebrar las presiones de los sectores más poderosos del país, como el sojero y el ganadero, que deseaban continuar expandiendo sus negocios a expensas de nuestro patrimonio natural. El gobierno tuvo que tomar en serio nuestro reclamo y ponerlo por sobre mezquinos e insustentables intereses económicos. La aprobación de la Ley de Bosques demuestra que producir cambios en favor de nuestro planeta aún es posible y tu ayuda y nuestro trabajo no son en vano.

(…)

Aún nos queda mucho terreno por recorrer. Las provincias tendrán que hacer un ordenamiento territorial de sus bosques, estudios de impacto ambiental y audiencias públicas antes de poder aprobar un nuevo desmonte, y estaremos ahí para velar por el cumplimiento de la ley.

(…)

Si querés apoyar económicamente esta y otras campañas de Greenpeace entrá en:

https://unite.greenpeace.org.ar/?referrer=leyaprobps

lunes, 19 de noviembre de 2007

Mis maestros...

Esta foto me muestra con algunos de mis queridos alumnos del Profesorado para Primero y Segundo Ciclo de EGB, del Instituto "María Grande". Aunque no están todos, ya habrá oportunidad de que quedemos plasmados "para la posteridad" antes de que se nos termine el año... Y bien digo, son "mis maestros", no sólo por que me considero un poquito propietaria luego de tres años de convivencia escolar y los considero "mis docentes", aquellos que sufrieron y aprendieron "por mi culpa"; sino los que me enseñan a mí, me hacen pensar, me cuestionan, me desafían, y me revelan que soy afortunada de haber elegido esta profesión.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Portadas de los libros de cuentos de 8° año 2007 del Instituto "María Grande"

Estamos en la recta final del año lectivo 2007, al menos del dictado de clases -luego vendrán recuperatorios, mesas de exámenes y balances varios-, por eso se ha hecho tan difícil mantener el blog medianamente actualizado. Sin embargo esta es la etapa de cierre de proyectos, de evaluación de logros, de presentación de las producciones que implicaron tanto numerosos tropiezos como enormes aprendizajes. Uno de mis bebés es el libro de cuentos que escribimos con los chicos de 8vo. del Intituto "María Grande", que este año fueron dos ¡no uno!... ya que tenemos dos divisiones de este curso y cada uno llevó adelante su labor particular. Ya están impresos y sólo falta terminar de armarlos... Por eso les presento los diseños que elegimos para las portadas y los títulos que decidimos entre todos: 8° año "A": ¡Es lo que hay! 8° año "B": Dime qué lees, y te daré lo que quieres...

Me robé una fotito... de la Muestra de la Escuela Normal

No puedo evitar el orgullo de postear esta fotito con algunas de mis chicas de 1ro. 1ra división de la Escuela Normal Superior "José María Torres" de Paraná, con quienes presentamos oficialmente en dicha ocasión institucional nuestro blog de Lengua y Literatura "Leer no es perjudicial para la salud"

viernes, 26 de octubre de 2007

ELEGIR LA DOCENCIA…

Elegí esta profesión como todo adolescente salido del secundario sin saber muy bien en qué me metía, aunque quizá intuía que era lo mejor que podría hacer... Sin embargo, como la opción era bien específica: la docencia en el campo de lo que más me había conmovido hasta el momento -el mundo de las palabras y la ficción- contaba con una ventaja, un plus, un as en la manga. Estaba enamorada de la lengua y los libros desde hacía mucho tiempo y ese amor me permitió enamorarme luego -pasado un buen tiempo- de la cuestión pedagógica, la educación, de la didáctica, porque estaba eligiendo enseñar lo que más quería…

A partir de allí, la cosa nunca fue fácil, no lo es, ni lo será…

Y esto precisamente, hace que me pregunte…

Entonces, si a mí, que le arranqué a la vida la posibilidad de permanecer en esto porque quiero, porque amo esta profesión; porque creo que hay pocas felicidades comparables a la de sumergirse en el mundo de los libros y el lenguaje, lograr que otro crezca, aprenda, se adueñe de la palabra y se le iluminen los ojos cuando logra ser artífice de su decir… me resulta difícil, pesaroso a veces, agotador, aún con los logros y las innumerables recompensas diarias…

¿Qué hacen quiénes caen en la docencia porque no hay otra opción, porque es lo que está a mano, porque es lo único que se puede estudiar en una realidad acotada y empobrecida? ¿Cómo sobreviven quiénes llevan a cuestas pobres saberes que la escuela no ha desarrollado lo suficiente, competencias insuficientes y limitadas, escaso deseo de dedicarse a esta labor, nula vocación, a lo que se suma un medio hostil, burocrático, tradicionalista, estereotipado y lleno de tradiciones vacías?

No logro entenderlo del todo, y me aterra despedir cada año una nueva promoción de docentes de enseñanza primaria (aún Profesores para Primero y Segundo Ciclo de EGB), apenas preparados, tan ansiosos, tan temerosos, tan frágiles, por los que pude hacer tan poco en tres años para dotarlos de una armadura contra el sistema que intentará devorarlos y hacer de ellos simples burócratas amaestrados que se rigen con metodologías caducas, incongruentes en un mundo que no para de cambiar y vive aceleradamente, con niños que les resultarán pequeños desconocidos mezcla de adultez e inocencia, mixtura de pequeños sabios e infancia, para nada dóciles como creyeron que serían, tan confundidos como los adultos desorientados y titubeantes que los rodean en esta realidad enloquecida…

Ojalá encuentren otras manos tendidas que les permitan seguir aprendiendo, que les hagan dudar y no apoltronarse seguros en unos saberes apenas construidos y siempre en construcción. Ojalá hallen a sus pasos desafíos y no sucumban, personas sabias y generosas que los contagien del deseo de seguir aprendiendo. Ojalá que no se aferren a lo seguro, a lo tibio, a lo cómodo, a los desalentados que han perdido la fe en esta profesión, a los ignorantes -que los hay en todos lados-, a los que desesperan, a los que no creen que enseñar vale la pena, a los que creen que sólo cambian los nombres y siempre hacemos lo mismo, a los que hacen cursos sólo por el puntaje, a los que trabajan en una calidad directamente proporcional a los magros sueldos que reciben…

Parece que estoy haciendo campaña en contra de la educación como elección vocacional y laboral. Sin embargo, nada más lejos de mis intenciones.

En este momento en que uno se arrastra hacia la finalización del año escolar, en que tengo una parva de actividades para corregir, un montón de consignas de exámenes parciales y trabajos prácticos de cierre de año que elaborar, dos blogs que mantener, dos cuentos a medio escribir para sendos libros de mis alumnos que editar además de la edición misma (para la que debí deambular rogando colaboraciones que permitieran afrontar el costo); momento también en que aparecen las obligaciones de las muestras anuales de lo realizado, los actos de colación, los horarios y fechas de mesas de exámenes que se superponen, y en que llevo a cuestas el agotamiento del año, contracturas varias e hipertensión, volvería y vuelvo a elegir la docencia y a apostar por ella.

Espero que muchos otros hagan lo mismo.

Gabriela Monzón

lunes, 15 de octubre de 2007

La serie Sally Lockhart de Phillip Pullman... y el regreso triunfante de la novela de misterio y aventura

Philip Pullman me sigue sorprendiendo, cada vez que descubro una nueva ficción suya confirmo otra vez que es apasionante, entretenida, trepidante de acción y tan bien construida que no puedo hallarle un error aunque lo busque…

Y aunque parezca increíble, a veces los buenos libros nos salen al paso, se acomodan ante nuestros ojos, se alían con otros para que les den espacio y aquellos que los buscamos ansiosamente, los podamos ver, leer y recomendar. Esto precisamente es lo que me sucedió con la serie de Sally Lockhart -que el autor escribiera antes que La materia oscura- y que llegara a mis manos casi por azar extraviada en una mesa heterogénea de saldos.

A pesar de que este año he disfrutado maravillosos libros y autores, debo reconocer que las historias de esta jovencita que en la época victoriana se arriesga a romper los moldes femeninos de una sociedad cerrada y moralista, me hizo retroceder a la pasión con que en mi infancia devoraba las páginas de las novelas de aventura de las cuales es sin duda heredera. Aunque debo confesar también que, dado que me fue imposible encontrar a la venta el tomo que da inicio a las andanzas de Sally -en Argentina se hallan con suerte los tomos 2, 3 y 4 de la colección editados por Umbriel- anduve los caminos de la red para acceder al comienzo de la historia publicado por Montena Mondadori como La maldición del rubí. A este título siguen: Sally y la sombra del Norte, Sally y el tigre en el pozo, y Sally y la princesa de hojalata, que constituyen mi insólito hallazgo.

Sally, es una adolescente huérfana para nada convencional, sabe manejar un arma y comprende los movimientos de la bolsa mejor que muchos caballeros de la época. Es directa, arriesgada y emprendedora, a lo cual suma cierta inocencia, testarudez y una notable torpeza para las relaciones sociales afectadas del momento; por lo tanto ella elige las reglas con las que quiere vivir y quienes se convierten en sus amigos y aliados la aman y admiran por sus cualidades únicas. Así, se transforma en asesora financiera e investigadora privada, lo que la pone sobre la pista de más de un enredo mortal del que no suelen salir indemnes ni ella ni sus colegas. Estos son, entre otros: Fred Garland, un joven y simpático fotógrafo y su tío Webster de igual profesión; Jim Taylor, un ex mensajero y pillo que se conoce todos los recovecos de los bajos fondos de Londres y Rosa, la hermana de Fred, una bonita actriz de teatro; a los que se irán sumando muchos más en el transcurrir de la serie.

¿Qué características tiene la trama de estas novelas?: acción, aventura, misterio, romance, realismo. Sólo una pluma privilegiada como la del Pullman podría combinar tamaña diversidad de personajes, en el marco cambiante y controvertido de la Inglaterra y Europa de fines del siglo XIX, en el que surgen nuevas ideologías, se resquebrajan los roles sociales, se cuestionan los valores hasta entonces invariables, se inicia un enloquecido camino de progreso industrial y técnico a la vez que se desprecia y reconsidera -en dos polos opuestos- la condición de la vida humana. Pullman con su narrativa contundente y precisa no disuelve en vagas alusiones lo que es obvio: esa sociedad tan apegada a las apariencias pretende ignorar que a la vuelta de la esquina linda con los fumaderos de opio y la corrupción a gran escala, la pobreza y la enfermedad, la prostitución y el maltrato, así como las oleadas de inmigrantes expulsados de una Europa cada vez más sectaria.

Sin lugar a dudas: novelas 100% recomendadas.

Gabriela

sábado, 13 de octubre de 2007

Mi libro de lectura de 4to. grado era un "aleja-lectores"...

Hace varios años una colega, maestra y amiga, con la que compartimos los días de estudiantes de la Licenciatura -Silvia Rodríguez Paz, “la Gallega”- me solicitó un breve relato sobre mi experiencia con cierto libro de lectura escolar que había marcado negativamente mi infancia, puesto que se hallaba recabando información para su trabajo de Tesis. Indagando en el cúmulo de cosas que alberga mi PC hallé este texto y quise compartirlo, pues esa vivencia infantil me enfrentó al hecho de que en ocasiones los docentes podemos instalar en el aula una de las peores experiencias que un niño pueda vivir con la lectura.

Y cuál no sería mi sorpresa cuando hace unas semanas una alumna mía del Profesorado se acercó con una copia de una página de aquel libro -destinatario de mi más acendrado aborrecimiento- como posible material para desarrollar una clase. No será necesario aclarar que mi amenaza de que si usaba el escrito en cuestión a sus ochenta años aún podía estar intentando aprobar Lengua... fue más que disuasoria.

“Asistí a lo largo de toda mi escolaridad primaria y secundaria a una escuela de monjas, y si pienso en un año caracterizado por la exigencia y el fuerte sentido de autoridad y deber, ese fue innegablemente cuarto grado. También recuerdo ese año por el libro de lectura obligatoria que nos hicieron comprar (lo vendían en el colegio; si mal no recuerdo), al que no puedo menos que evocar con desagrado y como una de las cosas más aburridas y angustiosas de mi infancia.

Para explicar la dimensión que este libro tuvo en mis andanzas lectoras, debo contar algo de mi niñez y los caminos que recorrí hasta convertirme indefectiblemente en una lectora de esas que con el libro van al baño, leen en las plazas y los ómnibus, la escalera o la cola del supermercado (incluso llegué a volver caminando de la escuela y el trabajo leyendo).

Ese año teníamos como maestra a una monja -la Hermana Isabel- la cual era famosa (entre los padres) por ser “excelente docente”, y por supuesto muy estricta. En sus clases no volaba una mosca y a nadie se le ocurría hacerse el vivo.

Para esa época yo había descubierto ya la pasión por la lectura, por influencia de las maestras anteriores que nos leían, o por el hecho de que en el colegio había una biblioteca y en los recreos me podía sumergir en el mundo fascinante de los cuentos. Más tarde descubrí las maravillas de países exóticos, que la geografía escolar no me había mostrado, en las aventuras de Salgari y Verne; y estas ficciones me hicieron conocer que leer podía ser maravilloso y aliviaba las penurias que mi mundo infantil soportaba de la convivencia con los adultos. Otra experiencia única era visitar a la inolvidable “tía Ñata” que no sólo tenía el lujo de un T.V. en blanco y negro, sino que compraba religiosamente el Intervalo, el Nocturno, y en ocasiones especiales algún Tony o Fantasía. ¡Ah, las revistas de historietas y fotonovelas! ¿Qué hora de mi infancia fue más grata que las que pasaba aislada del mundo, sufriendo y gozando con los personajes que no eran más que un dibujito o una foto de no más de cinco centímetros? Ninguna. Sin ningún lugar a dudas.

Pero, cuarto grado me enfrentó a la posibilidad de que leer algunos libros y leer por obligación... podía ser horrible, agotador y detestable.

Sirirí, mi malhadado libro de lectura de cuarto, era opaco, gris, blanco y negro, con una que otra raya azul o colorada (y más de una vez, cuidando de que no me descubrieran, añadí un poco de color, prolijamente y como desafío a esas páginas odiosas). Pero no sólo era poco atractivo el sólo verlo, sino que también era aburrido, más que aburrido… aburridísimo. En él abundaba la bienintencionada pedagogía pues cada línea estaba escrita para dar una lección de historia, de geografía o de buenas costumbres. Era un monumento a la educación y una tumba de la literatura y el arte.

Empezaba hablando de un pato, que supuestamente era muy relevante que yo conociera, por ser típico de Entre Ríos; aunque yo, en mi vida, no había visto un pato de esos ni por casualidad. Y el pato, para colmo, (que no sé por qué daba nombre al libro), se borraba en la primera página, ya que la “dueña” contaba que no se le había muerto, pero ¡se le había ido! ¡Horrenda manera de empezar un libro!, me pasé todo cuarto grado buscando que en algún lugar dijera que había vuelto a verlo o lo había encontrado. Esa maldita página me llenó de angustia, esa separación era más trágica que la muerte.

Pero el pato, en todo caso, pobre bicho, no era del todo el culpable de mi fobia hacia el libro. Lo peor era que todo este me hablaba de Entre Ríos; el río, el agua, las cuchillas y la mar en coche, que de interesante para mí no tenían nada (menos luego de saber de la existencia de Borneo, la Malasia, las islas del Pacífico, el África, sus selvas, desiertos y ríos torrentosos plagados de peligros...).

Porque la verdad es que si el libro insistía con la provincia, más insistía con el río, que no se les caía de la boca -perdón: del renglón- ni por casualidad... Si toda esa agua se hubiera salido de sus páginas no quedaba nadie vivo.

He descubierto recientemente, que mi desapego hacia la literatura entrerriana, y con ella lo aburridas que me han resultado siempre las temáticas que para otros son tan entrañables (léase: río, canoa, pesca, ceibo, jacarandá, cuchillas, lomadas, y demás parientes cercanos), pueden tener origen en la terrible experiencia que fue sufrir todo un eterno año, el libro Sirirí.”

Gabriela Monzón