lunes, 12 de abril de 2010

Dos buenas y una mala... Vampiros de Morganville 7 y Túneles 2 y 3


Vampiros de Morganville 7: Fade out, de Rachel Caine
Del mismo modo que en los libros anteriores de la saga la autora nos atrapa sin remedio ni bien llevamos leída media página, puesto que sin mediar transición nos vemos zambullidos de cabeza en las andanzas de la pequeña Claire, atrapada en una serie de fidelidades que nunca son lo que parecen, puesto que -por si no nos quedó claro aún- en este tomo de la saga volvemos a corroborar que los vampiros son seres engañosos, insondables y poco predecibles.
El reencuentro del lector con Eve, Michael y Shane es entrañable, y como siempre ellos harán de contrapunto a las complicaciones que debe arrostrar la chiquilina del grupo.
En este tomo de la serie se concretará el enfrentamiento definitivo de Claire, la eficaz ayudante de Mirnyn, con Ada, la máquina superinteligente y medio vampiro que controla la tecnología de Morganville y a quien él dio vida; pero a su vez la chica deberá resolver los celos que le provoca la aparición de una ex amiga de Shane, quien parece decidida a pasarla por encima para (re)conquistar a su novio como si ella no existiera, además de poner en peligro su amistad con nuestra querida y exótica Eve.
Pobre, Claire, no gana para sustos, y nosotros gozamos y sufrimos con ella.
100% aventura, intriga, misterio, acción, crimen, romance, todos los ingredientes a los que ya nos ha acostumbrado Rachel Caine. Una trama equilibrada, bien contada, sin altibajos, ni elementos excesivos que hagan al lector desistir del deseo de leer una buenísima historia. En mi opinión, es quizá una de las mejores sagas vampíricas juveniles, que más allá del romance brindan innumerables otros elementos que la hacen atractiva y apasionante.


Túneles 2 y 3: Profundidades y Caída Libre, de Rodderick Gordon y Brian Williams
Hace mucho tiempo –demasiado casi– que leí Túneles, la primera parte de esta serie que empezó como trilogía y parece que va a seguir extendiéndose. En aquel momento me resultó una sorpresa agradable incursionar en una trama diferente al género fantástico juvenil que venía leyendo casi ininterrumpidamente; porque en verdad consideré que la historia caía en el terreno de la vieja y entrañable ciencia-ficción del siglo XIX, en un estilo muy similar al de Julio Verne, lo que resultaba refrescante, renovador e interesante.
Leídos los dos tomos siguientes de la serie con intermitencias, pausas y reinicios, debo hacer una diferenciación más que notable entre la lectura un tanto maravillada de Túneles, y lo que fue adentrarme en Profundidades y Caída Libre, puesto que el segundo de los tomos de esta aventura puso en peligro la continuidad de mi lectura en un modo bastante ostensible.
En la segunda de las aventuras, la intriga se estira y estira sin resolución, aburriendo y cansando hasta el hastío sin dar pistas de para dónde irá a desembocar la cosa, reiterando durante páginas y páginas hechos de una similitud extenuante y una agobiante falta de dirección. No basta con el encuentro de Will con su hermano Cal, con el que debe cargar pues se coló en su viaje, sino que a eso se suman: los desencuentros con su amigo Chester, la trama que involucra a las gemelas, la incorporación de la madre “real” del chico: Sarah Jerome, la persecución y los planes stix, ¡un gran collage!, lo que por momentos incluso hasta le resta verosimilitud a la historia.
Creo que sólo a fuerza de voluntad y tenacidad logré llegar a las últimas páginas del segundo tomo, puesto que la intriga decayó a tal punto de que por varios meses abandoné el libro, y sólo impulsada por la aparición de Caída Libre lo retomé para no quedarme en el limbo sin saber qué terminaría sucediendo a los personajes que en Túneles había llegado a apreciar. Sólo en las últimas páginas la sucesión de hechos aceleran la historia y le dan una vuelta de tuerca interesante e inesperada que logra que el lector se decida a embarcarse en Caída Libre.
Casi podría usarse una metáfora, pues los personajes en Profundidades atraviesan un gran páramo, y este se vuelve un terreno monótono y rutinario, como la historia que relata sus pasos. Mientras que en el momento en que caen por el borde de una sima desconocida es cuando se reinician la acción y las sorpresas sin fin.
Caída libre es apasionante, los protagonistas se ven sometidos a innumerables encontronazos con lo desconocido y realizan hallazgos increíbles, se van definiendo por fin situaciones con algunos personajes que venían arrastrándose a lo largo de la trama y se van perfilando de modo más claro las identidades que más de una vez fueron ambiguas e irresolutas.
Cabe esperar, entonces, a ver qué nos depara el siguiente episodio de una historia compleja, interesante y un tanto extraña, quizá por los altibajos que en el segundo libro ponen en peligro la constancia del lector.

1 comentario:

BIBLOS dijo...

Tenéis un regalo en EL JUEGO DE HACER VERSOS. Saludos.