Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de febrero de 2008

Métanse en sus asuntos Sras. Didácticas de las Ciencias Naturales, Sociales, Matemáticas y otras hermanas…

Hace ya un buen tiempo que me anda asediando el pensamiento, este debate en torno a la “intrusión” que diversos campos disciplinares y sus didácticas ejercen en relación con el discurso literario, y si bien me parece un aspecto imprescindible y necesario de ser abordado en la discusión en torno a las cuestiones específicamente pedagógicas de los Institutos Formadores, no pareciese constituir un aspecto de peso entre quienes ejercen la función de formar a los futuros docentes en los lineamientos de las llamadas didácticas especiales.

Como apoyo de los argumentos que sustentan la perspectiva que presentaré a continuación, me parecen de capital importancia, tanto el apartado “La superposición disciplinaria y traviesa” del libro Cara y cruz de la literatura infantil de María Adelia Díaz Rönner, como dos artículos de Magdalena Helguera, dotados de una saludable dosis de ironía irreverente que tan bien hablan de la cuestión: Literatura infantil ¿Cenicienta de la educación? y Que el cuento sea cuento.

Ahora bien, cada vez que veo venir a un alumno/futuro/docente con una planificación de clase de Ciencias Naturales, de Ciencias Sociales, de Matemática, de Formación Ética y hasta de Educación Física… en la que usa sin escrúpulos un pobre cuento, una inocente poesía, o algo que se asemeja al discurso literario, estoy a punto de ser víctima de una apoplejía…

¿Exagerado? Veamos los motivos elementales:

El eje de la cuestión es que este accionar no se percibe como una falta de respeto:

  • a la ciencia en cuestión y su propia didáctica, que ha desarrollado históricamente un modo particular de construir el conocimiento que la caracteriza, ha teorizado sobre ello y ha pretendido que los aprendizajes escolares se vinculen a esa historia propia de cada campo del saber que necesita estrategias de apropiación especiales. Esto supone también una falta de respeto al discurso propio de la ciencia en cuestión, o sea la los textos que dicen de un modo específico ese saber y que no pueden reducirse a un pseudodiscurso que los presenta diluidos en metáforas tontas.
  • a los alumnos: puesto que básicamente se pide que se muestren interesados por un saber sobre el que se les miente, sobre el que para entusiasmarlos se usan otros textos y luego se espera que manejen con eficiencia el discurso científico. A lo que se suma la utilización de lo que habitualmente es pésima literatura si es que puede llamársele de esa manera a los textos construidos ex profeso desde una función pedagógica y revestido de falsa literaturiedad.
  • al propio docente: que al recurrir al texto ajeno al campo del que se ocupa, al mensaje que ni siquiera fue producido para comunicar un saber, anula su propia posibilidad de ser comunicador del “saber enseñado” como intermediario entre los que elaboran el “saber sabio” y los chicos. Además de que se desautoriza a sí mismo y su palabra, degrada la de los especialistas; menoscaba su propia valía de enseñante y su creatividad para organizar situaciones de enseñanza y aprendizaje originales, acordes con su especialidad.
  • a la Literatura: ¡qué duda cabe! la literatura es la gran perdedora, puesto que siendo un discurso social con sus propósitos propios, con sus reglas específicas que suelen además romper con las habituales de otros textos, se ve exigida de responder a una finalidad utilitaria, desnaturalizándola. Y para empeorar el panorama se da licencia de “literarios” a textos horriblemente escritos, que de ninguna manera son una creación artística y que subestiman la inteligencia y la capacidad de construir conocimiento de niños y adolescentes.

Basten estas, por ahora, como primeras reflexiones, si bien es posible seguir ahondando en la problemática y será valioso recibir el aporte de los fieles lectores del blog.

Y antes de terminar, debo admitir que es necesario hacer mea culpa desde el propio campo disciplinar de la Lengua pues esta ha sido la primera que se apropió con patente de corsario, a lo largo de los siglos, del discurso literario como la “lengua culta” a ser considerada modelo, y sus textos han sido descuartizados y analizados en pro del aprendizaje del “buen decir”. Valga también la revisión que el enfoque activo reflexivo hace de este paradigma, instalando en su lugar de discurso social independiente a la literatura, y considerando a todos los textos de circulación social como objeto del aprendizaje lingüístico.

miércoles, 16 de enero de 2008

Cuando la ficción habla de la lectura y los lectores…

Hace unos días leí una novela que descubrí en una casa de usados, sin saber muy bien qué estaba comprando. Esta se hallaba casi nueva y no sólo me atrajo la imagen de su portada -viejos libros uno sobre otro- sino el título que establecía un vínculo preciso con la literatura: El cuento número trece.

En la historia, emocionante y plena de misterio, una joven -hija de un librero-, apasionada por los libros y la lectura, es convocada a realizar la biografía de una famosa escritora muy entrada en años.

Lo sorprendente es que no sólo disfruté de la trama atrapante elaborada por la inglesa Diane Setterfield, que homenajea a las novelas del siglo XIX –como Jane Eyre o La mujer de blanco-; sino que me encontré con algunos de los párrafos más bellos acerca de la pasión por la lectura, la maravillosa relación con los libros, la marca que estos dejan en nuestras vidas, las lecturas azarosas de la niñez y la adolescencia, y como el personaje sostiene la lectura compulsiva e ingenua, lo que hacen los libros con nosotros: A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarteEs una suerte de magia

No pude menos que sentirme conmovida y quise compartirlo con quienes visitan ¡Piezas de a ocho!

“[…] Nunca leo sin antes estar segura de que me hallo en una posición estable. Conservo esta costumbre desde que tenía siete años, cuando, sentada sobre un muro alto leyendo Los niños del agua, tan cautivada me tenía la descripción de la vida submarina que inconscientemente relajé los músculos. En lugar de flotar en el agua que con tanta nitidez me rodeaba en mi imaginación, caí de bruces al suelo y perdí el conocimiento. Todavía se me nota la cicatriz debajo del flequillo. Leer puede ser peligroso. […]”

“[…] Estamos a finales de otoño, llueve y las ventanas se han empañado. A lo lejos suena el silbido de la estufa de gas; mi padre y yo lo oímos sin oírlo, sentados uno junto al otro pero a kilómetros de distancia, pues estamos enfrascados en nuestros respectivos libros.

—¿Preparo el té? —le pregunto regresando a la superficie.

No responde.

De todos modos preparo el té y le dejo una taza cerca sobre el mostrador.

Una hora más tarde el té, intacto, ya está frío. Preparo otra tetera y coloco otra taza humeante junto a él, sobre el mostrador. Papá no percibe mis movimientos.

Con delicadeza levanto el libro que sostiene en las manos para ver la cubierta. Es el cuarto libro de Vida Winter. Lo vuelvo a colocar en su posición original y estudio el rostro de mi padre. No me oye. No me ve. Está en otro mundo y yo soy un fantasma. […]”

“[…] A de Austen, B de Brontë, C de Charles y D de Dickens. Aprendí el alfabeto en esta librería. Mi padre se paseaba por las estanterías conmigo en brazos, enseñándome el abecedario al mismo tiempo que me enseñaba a deletrear. También aquí aprendí a escribir, copiando nombres y títulos en fichas que todavía sobreviven en nuestro archivador, treinta años más tarde. La librería era mi hogar y mi lugar de trabajo. Para mí fue la mejor escuela, y, años después, mi universidad privada. La librería era mi vida.

Mi padre nunca me puso un libro en las manos, pero tampoco me prohibió ninguno. Me dejaba deambular y acariciarlos, elegir uno u otro con más o menos acierto. Leía cuentos sangrientos de memorable heroísmo que los padres del siglo XIX consideraban apropiados para sus hijos e historias góticas de fantasmas que decididamente no lo eran; leía relatos de mujeres solteras vestidas con miriñaques que emprendían arduos viajes por tierras plagadas de peligros, y leía manuales sobre decoro y buenos modales dirigidos a señoritas de buena familia; leía libros con ilustraciones y libros sin ilustraciones; libros en inglés, libros en francés, libros en idiomas que no entendía, pero que me permitían inventarme historias basándome en unas cuantas palabras cuyo significado intuía. Libros. Libros. Y más libros.

En el colegio no hablaba de mis lecturas en la librería. Los retazos de francés arcaico que había ojeado en viejas gramáticas se reflejaban en mis redacciones y, aunque mis maestros los tachaban de faltas de ortografía, nunca lograron erradicarlos. De vez en cuando una clase de historia tocaba una de las profundas pero aleatorias vetas de conocimiento que yo había ido acumulando mediante mis caprichosas lecturas en la librería. «¿Carlomagno? —pensaba—. ¿Mi Carlomagno? ¿El Carlomagno de la librería?» En esas ocasiones permanecía muda, pasmada por la momentánea colisión de dos mundos que no tenían nada más en común. […]”

“[…] La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia. […]”

“[…] Sentí en la cabeza el nauseabundo mareo del submarinista que sube a la superficie demasiado deprisa.

Algunos detalles de mi habitación aparecieron de nuevo ante mí, uno a uno. La colcha, el libro que sostenían mis manos, la lámpara todavía brillando en la luz que empezaba a filtrarse por las delgadas cortinas.

Era de día.

Había estado leyendo toda la noche. […]”

“[…] hay demasiados libros en el mundo para poder leerlos todos en el transcurso de una vida, de manera que hay que trazar una línea en algún lugar. […]”

“[…] Siempre he sido lectora; en todas la etapas de mi vida he leído y nunca ha habido un momento en que leer no fuera mi mayor dicha. Y, sin embargo, no puedo decir que lo que he leído de adulta haya tenido el mismo impacto en mí que lo que leí de niña. Hoy día todavía creo en las historias. Aún me olvido de mí misma cuando estoy leyendo un buen libro, pero ya no es lo mismo. Los libros son para mí, ya lo he dicho, lo más importante; lo que no puedo olvidar es que hubo un tiempo en que fueron a la vez más banales y más fundamentales. De niña los libros lo eran todo. Por tanto, siempre existe en mí un anhelo nostálgico por ese gusto perdido por los libros. No espero ver satisfecho mi anhelo algún día. Y, sin embargo, durante este período, esos días en que leía todo el día y la mitad de la noche, en que dormía bajo una colcha cubierta de libros, en que mi sueño era negro y tranquilo, pasaba como un rayo y despertaba para seguir leyendo, recuperé el placer perdido por la lectura compulsiva e ingenua. […]”

jueves, 29 de marzo de 2007

PPS Proyecto "Nuestro libro de historias" (Madrid, 2005)

Esta presentación Powerpoint acompañó mi lectura de la ponencia "Nuestro Libro de Historias" en el III Congreso Internacional de EducaRed, Madrid, noviembre de 2005. Se las ofrezco, espero que sea de alguna utilidad ya que si bien se refiere a la escritura de un libro de cuentos, presenta conceptos de didáctica de la lengua referidos a toda situación didáctica de escritura de textos.

domingo, 4 de marzo de 2007

Mi deuda con Graciela Montes...

Si hay una autora a quien le debo inspiración, guía, auxilio y estímulo, en esto que es el andar entre los libros, los chicos y los grandes, esa es Graciela Montes. Ella ni siquiera ha de saber que en 1995 fui una de las emocionadas escuchas de su ponencia “La frontera indómita” en el Primer Congreso de Didáctica de la Lengua y la Literatura en La Plata -provincia de Buenos Aires-; tampoco ha de saber que ese momento cambió mi vida en la docencia, y menos aún que atesoro con profundo afecto la copia de su escrito con su firma, la que gentilmente nos permitió reproducir (pasaría el tiempo aún hasta que se convirtiera en libro). Creo fervientemente que hay encuentros cruciales y en esos momentos decubrimos a aquellos que serán nuestros maestros aunque no volvamos a hablar con ellos, y esas situaciones cambian rumbos en nuestros aprendizajes marcándonos de forma indeleble. A continuación les ofrezco un fragmento que había de iluminar los vaivenes de la enseñanza de la literatura y me daría arrestos para emprender los más audaces proyectos…
“Hay por supuesto muchas formas de ver esta cuestión, y muchos atajos y coartadas para otorgarle o quitarle sentido a lo que uno hace. Pero, a mi modo de ver, no hay vuelta que darle, enseñar literatura no puede significar otra cosa que educar en la literatura, que ayudar a que la literatura ingrese en la experiencia de los alumnos, en su hacer, lo que supone, por supuesto, reingresarla en el propio. Educar en la literatura es un asunto de tránsito y ensanchamiento de fronteras. Y un asunto vital, en el que necesariamente están implicados los maestros y profesores, aunque no sólo ellos. Claro que es muy difícil ayudar a ensanchar la frontera de otros cuando la propia está encogida, apelmazada. Es casi imposible hacer que la cultura se convierta para otros en experiencia cuando para uno sólo es un dato del mundo exterior, un trámite; por ejemplo el requerimiento de un programa. Y es difícil poner las energías en la construcción de las fronteras cuando se carece de la confianza mínima en el mundo exterior, [...] o cuando todo es tan hostil que cualquier esfuerzo constructor parece perder sentido. Sin embargo, si nos ocupamos de cultura nuestro oficio es ese, es eso lo que nos compete. Si ya no nos interesa nuestro oficio, si hemos decidido reemplazar toda reflexión sobre él por comentarios difusos acerca de las noticias aparecidas en los diarios, será porque ya hemos entregado una zona considerable de nuestra frontera.”
MONTES, Graciela. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. México DF, Fondo de Cultura Económica, 1999.

sábado, 3 de marzo de 2007

Cómo hacer que sus chicos... y 40 maneras de...

A continuación les presento dos actividades divertidas y reveladoras que he realizado con docentes de distintos niveles en diversos Cursos de capacitación, por ejemplo en el Taller de Reflexión sobre la Literatura Infantil y Juvenil “Ensanchando fronteras” o en el curso “Los docentes, futuros docentes y bibliotecarios como adultos lectores y mediadores de lectura” desarrollado en el marco del Plan Provincial del Lectura.

En ambos casos se les ofrecen las listas de ideas con títulos incompletos para ser imaginados y redactados por ellos, del siguiente modo:

  • CÓMO HACER QUE SUS CHICOS ............................. LA LECTURA DE LITERATURA

  • 40 MANERAS DE ........................... LA LECTURA LITERARIA

Estas son las interesantes y sugerentes propuestas obtenidas.

CÓMO HACER QUE SUS CHICOS...
odien / rechacen/ no quieran / no les interese / detesten / aborrezcan/ repudien/ desaprovechen / sufran / critiquen / huyan de /escapen de /manifiesten desinterés por/ salgan corriendo con / pierdan el interés con / se duerman con...
...LA LECTURA DE LITERATURA
  • Elija textos literarios que contribuyan a desarrollar contenidos programáticos.
  • Utilice textos que promuevan valores morales y estéticos.
  • Seleccione sólo autores de prestigio.
  • Controle que sus alumnos no manipulen los libros con mucha libertad para que no los arruinen.
  • No pierda ocasión para que los chicos disfruten los libros que usted eligió.
  • Exija un absoluto silencio en los momentos en que usted lea para el grupo.
  • Promueva la ubicación correcta del cuerpo en las secciones de lectura.
  • Haga de la lectura de literatura en voz alta, una posibilidad para ejercitar la dicción.
  • Cambie de lectores (en los cursos en que ya puede hacerse) en forma rotativa y sorpresiva para asegurarse que los chicos atiendan y comprendan lo que leen.
  • Aproveche -con los niños que ya están en condiciones de hacerlo- los textos literarios para aprender letras, clases de palabras cuestiones oracionales, buscar en el diccionario, etc.
  • No permita que cada alumno interprete los textos literarios a su antojo.
  • Asegúrese que hayan comprendido lo leído preguntando exhaustivamente.
  • Use las fechas patrias para leer, memorizar y trabajar cuentitos, poemas y obritas de teatro alusivos.
  • No deje pasar la oportunidad para que sus alumnos, desde muy chiquitos, ejerciten el resumen de capítulos, o textos completos.

40 MANERAS DE...
aprovechar / trabajar/ interesarse por/ disfrutar / transferir/ crear y recrear / hacer placentera / hacer atractiva / imaginar/ involucrarse con / vivir la creatividad / comprender / adorar / hacer arte con / despertar / querer / desear / sentirse libre con / aceptar / compartir / profundizar
...LA LECTURA LITERARIA
1 Leer en voz alta las partes del libro que más te emocionaron.
2 Escribir una carta a uno de los personajes.
3 Hacer un mapa con los sitios donde transcurre la historia.
4 Consultar en la biblioteca y diseñar un vestido para tu personaje favorito de acuerdo con la época.
5 Inventar otro final para la historia.
6 Decorar el aula con dibujos sobre la historia o los personajes del libro.
7 Describir lo que te gustó o disgustó de los personajes.
8 Comparar el libro con otro similar que hayas leído.
9 Hacer un móvil para ilustrar el libro.
10 Montar una función de títeres basada en el libro.
11 Hacer un acróstico con cada uno de los nombres de los personajes.
12 Preparar una entrevista con el autor.
13 Inventar una carrera de observación basada en el libro.
14 Escribir una canción que exprese tu reacción al libro.
15 Variar el diálogo de alguna de las escenas.
16 Escribir una página de un diario simulando ser uno de los personajes.
17 Escribir titulares de prensa sobre los sucesos del libro.
18 Asumir el papel de jurado de un concurso y tratar de convencer a los demás miembros del jurado de que el libro debe ganar.
19 Ilustrar parte del libro en forma de tira cómica.
20 Imaginar qué aprendería un habitante de otro planeta sobre la Tierra, si leyera el libro.
21 Escribir una carta a un amigo contándole sobre el libro.
22 Diseñar una carátula basada en el libro.
23 Hacer un dramatizado de una parte del libro y tratar de que los demás adivinen.
24 Contar qué hubieras hecho en el caso de encontrarte en la situación de alguno de los personajes.
25 Inventar una conversación entre dos personajes de la historia.
26 Hacer una reseña del libro para promocionarlo en una revista.
27 Hacer de locutor de radio, entrevistando a personajes del libro.
28 Hacer un crucigrama utilizando nombres de personajes, lugares, objetos y palabras clave del libro.
29 Hacer una cartelera sobre el libro para promocionarlo en la biblioteca del colegio.
30 Hacer una exposición con objetos que sean mencionados en el libro: artesanías, cometas, objetos personales, etc.
31 Conseguir un poema que tenga que ver con algo del libro. Explicar por qué.
32 Crear un juego de palabras basado en el libro.
33 Hacer un listado de eventos del libro para que los ordenen cronológicamente.
34 Suponer que se va a hacer una estatua del personaje que más te gustó. ¿En qué lugar de la ciudad la colocaría? ¿Por qué?
35 Hacer una sopa de letras con nombres de personajes o palabras significativas del libro.
36 Hacer un juicio en el que haya acusadores y defensores de los personajes del libro.
37 Diseñar un afiche para promocionar el libro en la calle.
38 Preparar un artículo de prensa sobre las actividades de los personajes.
39 Imaginar al personaje principal viviendo en tu ciudad: ¿dónde viviría?; ¿qué haría?
40 Simular ser un vendedor
(Lista elaborada -con leves variaciones- sobre la que presenta el material editado en 1996 por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación Argentina: Fuentes para la transformación curricular. Lengua)

sábado, 24 de febrero de 2007

Proyecto “Nuestro Libro De Historias” (premiado en 2004)

Proyecto Ganador del III Concurso “Educación en la Red”, Segunda Categoría: 3er. Ciclo de EGB y Polimodal, promovido por EducaRed Argentina y organizado por Fundación Telefónica Argentina Área Educación, 2004.
Ponencia presentada en el III Congreso Internacional de EducaRed -Madrid, España, 2005- y luego en las Primeras Jornadas de Lectura y Escritura del Litoral -Santa Fe, Argentina, 2006-.
Autora: Lic. Gabriela Monzón
Para descargar el texto completo en formato PDF hacer click acá:
(luego hacer click en Download file)
Este trabajo intenta dar cuenta acerca de las particularidades con que se ha desarrollado -desde el año 2000 hasta el presente- el Proyecto de escritura Nuestro Libro de Historias. El mismo es parte de la labor del Espacio Curricular Lengua y Literatura del 8° año de Educación General Básica del Instituto “María Grande”.
Esta institución educativa que posee Tercer Ciclo de EGB, del Nivel Polimodal y del Nivel Superior en dos carreras se ubica en la ciudad de María Grande, departamento Paraná, provincia de Entre Ríos. Es pionera en proyectos de promoción de la lectura: ha realizado desde 1995 seis fechas de la Feria del Libro y desarrolla en todos los cursos el Proyecto Especial Círculo de Lectura.
Hablar de proyectos en el ámbito escolar no es nuevo, pero sí es innovador el modo en que se concreta dicha forma de trabajo en este establecimiento, ya que nace de una revisión imprescindible de las prácticas pedagógicas y la necesidad de transformar decisivamente el trabajo escolar.
Se procura crear un entorno comunicacional significativo del estilo de los “emprendimientos” que propone Frank Smith (1994). Estas situaciones poseen objetivos pragmáticos manifiestos y representan un desafío comunicativo para los jóvenes, permiten organizar instancias de interacción que enriquecen las competencias lingüísticas y discursivas de los alumnos, en las que los aprendizajes escolares son aprendizajes para la vida.
Existen algunas premisas básicas en esta organización de la tarea concebida con rigor:
  • El proyecto nace del acuerdo con los alumnos: se propone, se debate su elección y se pautan cuestiones generales con ellos.

  • Se planifica lo que realmente se va a hacer, es decir que su diseño es una verdadera herramienta ya que da el marco de trabajo y establece secuencias de tareas en un orden lógico.
  • Implica un trabajo sistemático por parte del docente, quien realiza un diagnóstico de los saberes, intereses y necesidades de los aprendices, no sólo en el momento inicial sino que se va renovando para plantear situaciones especiales de reflexión y solución de dificultades.
  • Se organiza claramente a partir de dos objetivos diferenciados: cumplir los propósitos comunicativos en cuestión (en este caso escribir y editar un libro de cuentos) y aprender a hacerlo, es decir poner en marcha procesos de reflexión y sistematización metalingüística de las reglas referidas a los textos que intervienen en el proyecto. Esta doble función es evidente tanto para el docente como para los alumnos.
  • Supone un entramado complejísimo de particulares concepciones acerca de la lengua, la literatura, la lectura, la escritura, la actividad metalingüística, y primordialmente exige determinado rol docente: el de experto. No sólo experto lector y escritor, sino un especialista capaz de hacerse cargo de la transposición didáctica y la coordinación adecuada de las situaciones de enseñanza y aprendizaje, que sepa responder a las necesidades puntuales, que se adecue a su particular interlocutor adolescente, que se sitúe a su lado y no por encima de este, que acompañe y no dirija desde afuera de manera inaccesible. Lo cual implica además una posición de sostén de parte de la institución escolar, muy diferente a la tradicional.

El proyecto de escritura del libro se concibe como alternativa viable y enriquecedora, que se opone al trabajo escolar con la lengua como mera acumulación de tareas, cuyo objetivo comienza y acaba en el aula en las que los alumnos no se ven personalmente involucrados ni perciben utilidad alguna.

Esta modalidad de trabajo posibilita aprendizajes significativos, útiles, continuos, con un lógico esfuerzo, incidentales, cooperativos, vicarios y libres de riesgos; rasgos que Smith reconoce como propios de los aprendizajes de la vida cotidiana y por lo tanto deberían imitarse en la escuela.

Mijail Bajtín (1982) aporta otros conceptos rectores: los géneros discursivos surgen en relación con cada esfera de la actividad humana, dando forma a los enunciados que se producen en dichos ámbitos, por lo tanto aprender a hablar quiere decir aprender a construir enunciados.

El enfoque de didáctica de la lengua y la literatura que se sustenta, recupera ambas ideas, y puesto que aprender a hablar quiere decir aprender a producir enunciados pertenecientes a distintos géneros discursivos establecidos de acuerdo con cada contexto de la actividad humana y sus particulares condiciones de producción; el aprendizaje de la lengua escrita -es decir el dominio de sus procesos de lectura y escritura- sólo puede lograrse de la misma forma.

La labor de escritura está estrechamente ligada a un proyecto institucional denominado Círculo de Lectura, en el que cada curso conforma una caja de libros con el aporte de los adolescentes, del docente y la biblioteca escolar, y se establece el acceso sistemático a la lectura literaria, de forma voluntaria, autónoma, placentera, variada, libre de tareas.

El objetivo pedagógico de dicho proyecto de lectura en 8° año será producir la impregnación de los lectores en las características lingüísticas y textuales del género discursivo narrativo. Por este motivo entre los materiales de la caja de libros se incluyen deliberadamente narraciones de distintos géneros -pero especialmente de terror y misterio que son los más requeridos por los jóvenes lectores-, historias cortas reunidas en diferentes formatos: relatos enmarcados, antologías de autores diversos, cuentos independientes de un mismo autor y versiones de historias tradicionales.

El supuesto que sostiene esta decisión es el de que, si se tienen expectativas de escribir el tipo de texto que se está leyendo, se aprende vicariamente en el proceso de lectura, pero el aprendizaje sólo se produce si el lector se percibe como miembro del club al que pertenecen el escritor y el texto con el que se establece el vínculo. El proyecto del Círculo permite establecer una frecuentación del género que se va a escribir concretando la idea del “club” del que habla Smith, ya que los adolescentes efectúan lo que este llama “leer como escritor”, participando de lo que el autor ha escrito quien se convierte en colaborador involuntario de la producción escrita del joven.

En el proceso de escritura se prevé como primera instancia el relevamiento de saberes y el intercambio acerca de todos los aspectos que supone un libro como objeto cultural pero también acerca del género discursivo en cuestión y sus géneros. Por esta razón se organizan situaciones didácticas especiales de exploración y debate, actividades sistemáticas de análisis de libros de historias, lectura compartida.

Deliberadamente se propone la indagación de saberes acerca de las historias y su forma de contarlas, evitando referirse a “la narración”. La consigna posibilita que se pongan de manifiesto las competencias sociales que tienen los jovencitos sobre las historias del cine, los videojuegos, los video-clips, las series televisivas, las historietas y la literatura. La intención es provocar su explicitación a partir de la ruptura de la lógica del conocimiento “escolarizado", que opera como obstáculo a la reflexión y propicia el uso de conceptos repetidos mecánicamente por generaciones.

Desde el comienzo de la propuesta los alumnos suelen mostrarse ansiosos por el inicio de la escritura individual. En reiteradas ocasiones y para atenuar la inquietud de los escritores, se renueva el compromiso que se estableciera al pautar del proyecto: se recuerda que aprenderán juntos a escribir los relatos, que podrán contar en todo momento con ayuda, que les llevará el tiempo que consideren necesario, que podrán valerse de distintos materiales para generar ideas y usar todos los borradores que necesiten. Subyace en ese accionar lo que Smith plantea acerca de la colaboración entre el alumno y el docente, quien es un adulto experimentado que -como en el mundo exterior a la escuela- ayuda más que enseña, hace comprensible lo que hay aprender porque se comporta de una manera relevante para lo que está intentando lograr el aprendiz, no obliga a participar sino que garantiza que los emprendimientos sean suficientemente sugestivos para que los conquisten.

Llegado el momento de realizar la escritura de primeras versiones, se ofrece un material escrito con propuestas diversas, con la opción de proceder o no a su uso; las mismas son consignas de taller para generar historias: listas de títulos, extractos de argumentos, fragmentos titulados, comentarios de conflictos narrativos, epígrafes. Todas estas actividades implican pretextos para originar otros textos: ampliando, reformulando, desarrollando, completando.

Esta modalidad de trabajo tiene el objeto de, en primer lugar, dar apoyo a los adolescentes en la etapa en que la hoja en blanco puede ahuyentar todo interés por la tarea; pero además legitimar una práctica común en el discurso literario: la de la reescritura, que la escuela tradicional ha considerado como mera copia. La reescritura (TEBEROSKY y TOLCHINSKY; 1995) permite adueñarse del texto ajeno, para repetir, cambiar de lugar, desplazar, invertir, ampliar, transgredir, transformar; para lo cual es necesario desarmar, comprender cómo está codificada la información del texto modelo. En segundo término se asienta en lo propuesto por Bajtín sobre el carácter dialógico de todo enunciado, haciendo explícito este vínculo a partir del uso consciente de las palabras de otro para generar las propias.

Los espacios y tiempos escolares tradicionales no favorecen la constitución de sujetos implicados personalmente en su aprendizaje lingüístico, sino que establecen una serie de actividades ajenas, sin sentido, obligatorias, mecánicas, que instauran la escritura como un acto inmediato y espontáneo.

Una expectativa de logro de la escolaridad es la formación usuarios de la lengua, esto implica un contrato pedagógico particular, que reconozca el objetivo de la institución educativa de formar lectores y escritores y constituya a la misma en un ámbito propicio para el trabajo con la lengua.

Esto se concreta en la organización de situaciones áulicas en las que la escritura se vivencia como un proceso organizado en etapas flexibles, adecuadas a las necesidades del escritor; no solitario sino en colaboración, no instintivo y espontaneísta sino intencional, con posibilidad de acceder a información, recursos y apoyo. Y por esta razón se alienta la interacción entre pares, con materiales bibliográficos y con el docente. Todo lo que los escritores hacen con la lengua fuera de la escuela pueden hacerlo en su interior, lo que no significa una imitación artificial de la vida diaria, sino una genuina ocupación con propósitos reales.

La escritura de primeros borradores se acompaña de lecturas compartidas con los pares y el docente, ya que los otros lectores ayudan a detectar conflictos, aconsejan, sugieren, y por sobre todo brindan a los adolescentes la posibilidad de percibirse como escritores responsables de su escrito.

Hay un doble propósito didáctico en esta etapa: perfilar claramente cuáles son los conflictos narrativos de cada cuento y solucionar problemas en el nivel de la historia; pero además diagnosticar las problemáticas lingüísticas y textuales que necesitarán trabajo extra de reflexión y sistematización.

Puesto que los noveles escritores intentan manejar a la vez más de un nivel de textualización, es importante promover el desarrollo consciente del monitoreo del proceso de escritura, para que la excesiva preocupación por cuestiones gramaticales u ortográficas no entorpezca el progreso argumental de los relatos.

Según el diagnóstico efectuado se planifica a continuación una etapa de trabajo particular, la cual materializa la enseñanza de la lengua a partir de los saberes previos, ya que posibilita el tratamiento de los contenidos conceptuales y procedimentales relevantes de acuerdo con las necesidades detectadas. La adopción de este enfoque se aleja de las prácticas en las cuales se considera que determinados contenidos escolares corresponden tácitamente a un cierto ciclo o nivel, modelo en el cual no hay cabida para los requerimientos lingüísticos concretos de los alumnos, sino que la escuela se perpetúa en el mantenimiento de estructuras preestablecidas. Ciertas problemáticas son más frecuentes y difíciles de solucionar de forma intuitiva por parte de los alumnos, por lo que se necesita reflexionar sobre ellas y sistematizar las conclusiones. Este diagnóstico revela algunas particularidades habituales en adolescentes de 8° año: no suelen revelar dificultades en torno al tipo de narrador y secuencias narrativas o descriptivas; pero sus escritos evidencian problemas generalizados con respecto a: cohesión textual, formas de inclusión del diálogo, utilización de tiempos verbales, cuestiones ortográficas en general.

La metodología que se implementa para abordar los problemas lingüísticos se denominada de la descentración (ALISEDO, MELGAR y CHIOCHI; 1994), la cual pone en funcionamiento las competencias lingüísticas de los chicos en la solución de los conflictos de escritura de textos ajenos desviados en alguno de los niveles de representación; esto habilita -a partir de la confrontación de soluciones- la elaboración de reglas, el acceso a la información pertinente, es decir organiza la reflexión y sistematización metalingüística. De esta manera los contenidos gramaticales siempre están en relación con las necesidades de la producción de un formato textual específico y sus particularidades, nunca como una temática forzada.

A medida que se abordan las diferentes problemáticas diagnosticadas y sus soluciones posibles, se planifican instancias de revisión de borradores y corrección. Se organiza el tiempo escolar alternando clases para trabajar las dificultades y sistematizar reglas, y otras para revisar, corregir, pasar en limpio, releer conjuntamente.

Un aspecto primordial de este sistema de trabajo es el del respeto por los tiempos de escritura propios de cada uno, la consideración por las diferencias de cada sujeto. La escuela ha promovido por años un mismo método de enseñanza que con idénticos tiempos debía producir idénticos aprendizajes en todos los alumnos, concepción falsamente democrática, ya que se pretendía que si se brindaba a todos por igual lo mismo a la vez, los aprendizajes debían ser iguales en todos. Nada más alejado de la realidad, ya que las distintas competencias lingüísticas, experiencias previas e historias personales, establecen desde el comienzo diversos puntos de partida; los particulares modos de aprender necesitan particulares tiempos y recursos.

En el momento en que cada escritor se siente preparado para hacerlo, se organiza la actividad que constituye el primer paso formal de socialización de los escritos individuales: exponer los textos a la escucha y evaluación del grupo, y así se toma contacto con la valoración y apreciaciones de determinado público.

Una vez que los escritos van tomando forma definitiva, se promueve el intercambio para decidir democráticamente el título del libro. Se elabora una lista de sugerencias, se realiza la votación, y se opta por el que tenga el apoyo de una mayoría significativa. Suele tener que buscarse soluciones a problemáticas originadas en la elección final del título: escribir una historia marco que lo sostenga, un prólogo que lo justifique, adoptar un título del libro y otro como denominación de la colección. Si hay que escribir otro texto (historia marco, prólogo) el docente se ofrece como escritor, si bien ya ha encarado el desafío de la producción de un cuento, pues le compete demostrar a los chicos que escribir es satisfactorio, interesante, posible, digno de esfuerzo. Un docente que se perciba y actúe como escritor puede colaborar con sus alumnos para lograr lo mismo, teniendo en cuenta lo que Smith observa sobre los maestros, que en ocasiones pretenden enseñar a escribir cuando ellos no ejercen el rol de escritores. La toma de decisiones acerca de los aspectos paratextuales del libro -el tipo y tamaño de papel, la orientación de la página, la encuadernación, la tipografía, las ilustraciones- se efectúa en grupo.

La etapa final del proceso de escritura cierra con la versión definitiva de cada cuento en formato digital lo que facilita la elaboración del original del libro al docente que ejerce como editor del mismo.

En una institución escolar inserta en una política educativa que no prevé medios económicos para sustentar esta modalidad de trabajo, es necesaria una cuota extra de obligaciones y quehaceres para todos los involucrados. Por tanto se efectúan -en forma paralela a todos los anteriores aspectos escolares del proyecto- actividades que permiten generar fondos, puesto que la edición casera del libro supone una inversión considerable en recursos materiales (papel, tinta, encuadernación, reproducción de copias). Estas actividades extras no sólo tienen una finalidad “utilitaria”, sino que son oportunidad de desarrollo de vínculos sociales, afectivos y solidarios, actitudes de participación activa y de responsabilización como integrantes de un equipo.

La instancia de presentación pública del libro en el proyecto de escritura es un momento trascendental que brinda a los adolescentes la participación en un evento particular de circulación social del lenguaje escrito y la comprensión cabal del objetivo de la educación lingüística, lo cual rompe con la tradición escolar en la que el escrito se validaba a sí mismo dentro del aula como tarea para el maestro, sin receptor real y sin emisor comprometido en su propio decir.

La evaluación en la situación didáctica se vincula con el proceso de escritura -no como una instancia final de análisis del producto-, sino como una estrategia del proceso mismo, presente a través de la permanente revisión de los escritos y su reelaboración. Desde otra perspectiva, la evaluación del proyecto por parte de los involucrados, se efectúa observando el impacto que la producción provoca: en la circulación del libro, el interés que despierta, las críticas que se verbalizan.

En última instancia, el docente registra para futuras realizaciones, los diferentes conflictos y debilidades, los logros y aciertos: del manejo de los tiempos, de la selección de lecturas y actividades, el desenvolvimiento de las comunicaciones -con la institución misma, los padres, las otras instituciones-, entre otros aspectos.

Libros producidos desde el año 2000:

  • Lo que la vaca se tragó (22 historias soñadas). María Grande, 2000.

  • El depósito del terror. Colección: ¡Mami, tengo miedo!. María Grande, 2001.

  • Sobre amores y misterios. María Grande, 2002.

  • Made in Susto. María Grande, 2003.

  • Cruza la tapa y verás... María Grande, 2004.

  • ¿Y el título? María Grande, 2005.

  • Si te la aguantás... leeme, María Grande, 2005.

  • MI libro te llama, María Grande, 2006.

Proyecto: “Círculo de Lectura” (premiado en 2003)

Este Proyecto fue seleccionado como uno de los diez ganadores del 2° Concurso Docente “Proyectos de Promoción del Libro y la Lectura” organizado por la Cámara Argentina del Libro durante el año 2003. Los diez trabajos se incluyeron en una publicación que se distribuyó en el Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro de la Feria del Libro 2004 Buenos Aires, Argentina. Este material está disponible en http://www.editores.org.ar/ganadores2concurso2003.pdf.
Les ofreceré a continuación una adaptación del proyecto enviado en su oportunidad, que contiene los datos más relevantes.

Características generales:

El proyecto institucional “Círculo de Lectura” se lleva adelante en todos los cursos de EGB 3 y del Nivel Medio/Polimodal del Instituto “María Grande”, ciudad de María Grande, Entre Ríos. Este informe se circunscribe sólo a algunos cursos a mi cargo, ya que -a partir de lineamientos generales básicos- dicha propuesta adquiere algunas variantes, de acuerdo con lo que decide el docente del Espacio Curricular Lengua y Literatura, en consonancia con sus opciones pedagógicas y concepciones personales.

En este caso daré cuenta de las particularidades con que se ha desarrollado en 8° y 9° año de EGB -este último en los casos en que ha estado a mi cargo- y en 4° y 5° año de Bachiller que se transformarían luego en 2° y 3° de Polimodal.

La experiencia del “Círculo de Lectura” es anual, y se pauta con los alumnos desde los primeros días de clases; tiene un período de organización aproximado de un mes o un mes y medio, por lo que en un año lectivo normal (que principia en marzo) dará inicio alrededor de mayo y cerrará en noviembre. Los alumnos, ni bien iniciado el período de clases inquieren acerca de él y reclaman su implementación, dado que la vivencia especial que promueve ya está instalada en el diario desenvolvimiento de la vida escolar y personal de cada uno.

Los espacios en los que se efectúa son tanto el ámbito institucional como el hogar, puesto que los alumnos acceden a materiales de lectura en el establecimiento, exploran y eligen los mismos, realizan el intercambio y desarrollan situaciones de lectura allí, pero esta se efectúa principalmente en su hogar, como una vivencia personal voluntaria e independiente.

Fundamentación - Objetivos

Una de las principales funciones de la institución educativa es la de formar lectores. Este proyecto surge del convencimiento de que esta responsabilidad -aún en tiempos de ediciones millonarias, marketing, ferias del libro y multimedios- debe ser asumida más que nunca por la escuela, ya que innumerables chicos provenientes de vastos sectores de la sociedad establecen su primer -y posteriormente único- contacto con el libro y la lectura en ámbito educativo.

Por lo tanto, si se brinda el espacio, se respetan los tiempos de cada uno, se propicia el reconocimiento de las particularidades del libro como objeto cultural y comercial, se permite interactuar a lectores activos con diversidad y variedad de materiales de lectura, no habrá mejor manera de formar lectores.

Le cabe a una establecer un contrato pedagógico con sus alumnos, a partir del cual se consideran dos vertientes de lecturas, una de ellas -que adquiere la forma del proyecto del “Círculo de Lectura”- tiene que ver con la lectura que los alumnos están en condiciones de hacer por su cuenta, a partir de sus intereses, sus inquietudes, sus preferencias y necesidades; elecciones que deben ser respetadas, pero en las que intervengo orientando, sugiriendo, opinando, en un real intercambio de experiencias lectoras. La otra vertiente de lecturas está constituida por un corpus de textos de lectura compartida -como propuesta separada del proyecto “Círculo de lectura”. El abordaje de dichos textos exige una serie de competencias literarias y socioculturales más complejas, para el desarrollo de las cuales la lectura compartida ofrece el andamiaje necesario.

La opción didáctica en la implementación del Círculo obedece a los siguientes objetivos:

  • crear un espacio y tiempo distendidos para vivenciar personalmente la lectura,

  • brindar a los adolescentes la posibilidad de conocer materiales variados de lectura que respondan a sus intereses e inquietudes,

  • fomentar la lectura voluntaria, independiente y placentera,

  • lograr un vínculo sólido entre los chicos y los libros,

  • promover la formación de criterios de evaluación y elección,

  • propiciar la constitución del gusto personal.

Cabe introducir algunas consideraciones sobre el “placer de leer”. Es imprescindible restablecer en esta idea un sentido profundo, pues se ha ido desvirtuando hasta convertirse en una espacie de cliché de moda. Fue adquiriendo un peligroso parentesco con lo fácil, con lo que no requiere esfuerzo, con la no intervención, con el dejar hacer; lentamente fue asociándose a una libertad y un “gusto personal”, que -no estando claramente definidos ni orientados- se transformaron en pérdida de tiempo y aburrimiento; por falta de sostén o marco, por ausencia de consejo, por temor a imponer. Sin guía y sin apoyo experto, los niños y los adolescentes tienen muchas más dificultades para encontrar lo que les agrada, para construir su gusto lector, y las experiencias frustrantes y tediosas pueden tronchar una valiosa y fructífera relación con la lectura en general y con la lectura literaria en particular.

Desarrollo de la experiencia:

El “Círculo de Lectura” se organiza de la siguiente forma en todos los cursos y niveles indicados: los alumnos y una seleccionamos y aportamos materiales interesantes para leer y colocamos estos en un canasto asignado al curso que se guarda en un armario especialmente destinado para tal fin.

Las reglas del funcionamiento se establecen democráticamente y en el comienzo de la EGB 3 se elabora en conjunto un reglamento para cada curso y año a año se va revisando. Básicamente se deciden pautas: para el cuidado de materiales, para el funcionamiento del Círculo, para hacer un número de lecturas mínimas y tiempos aproximados para no entorpecer el acceso de todos a los libros.

El tipo de lectura que propone el proyecto es voluntaria, libre, sin tarea posterior; el alumno no se ve obligado a dar cuenta de lo leído y, si bien al comienzo de la experiencia ven casi extrañados esta posibilidad poco común en el ámbito escolar, rápidamente la adoptan y la ejercen responsablemente.

Cuando se emprenden proyectos que en algún modo se vinculan con el “Círculo de Lectura”, por ejemplo: proyectos de escritura como publicar un libro de historias, organizar una cartelera de recomendaciones, elaborar folletos de promoción de novelas o escribir ensayos; son siempre pautados con los alumnos, obedecen absolutamente a propósitos comunicativos y creativos claros, jamás imponen análisis estáticos ajenos a los libros, sino que dan continuidad al ejercicio del rol de lectores y les permiten complejizar sus competencias.

Habitualmente el intercambio de materiales se da en los últimos quince minutos de la clase, la profesora o voluntarios anotan las nuevas incorporaciones en una planilla general, un secretario y ayudantes registran en otras planillas los movimientos de los materiales que se llevan y se devuelven; pero también se elaboran listas de reservaciones de los libros más solicitados. Dichos registros están expuestos durante todo el año, en el aula en paneles elaborados para tal función.

Considero que dos rasgos son esenciales en la conformación del “Círculo de Lectura”: cantidad y diversidad, y lo que no es aportado por sus alumnos es proporcionado por mí. En este sentido, opto por un canon literario escolar no tradicional, que no es ni clausurado ni cerrado; sino que recibe en su constitución la pluralidad de materiales de lectura de circulación social, no exclusivamente. Estos abarcan los conocidos por los chicos y los que proveo desde mi experiencia personal y profesional, provenientes de la literatura universal y especialmente la literatura juvenil.

La caja donde se guardan los materiales contiene libros en todo momento, puesto que la sola posibilidad de que no se cuente con materiales suficientes y adecuados puede desalentar a los potenciales lectores.

En esta instancia -paralela al trámite de salida y devolución de materiales- cumplo un papel fundamental: me ubico de manera deliberada en el rol de lectora asumiendo un compromiso personal como adulto lector experto. Y por lo tanto como poseedora de gustos propios, modalidades de evaluación y selección de lecturas; conocimientos que derivan de la práctica social de la lectura, no sólo de la teoría literaria. Creo que esta es la mejor forma de promover de manera eficiente el acercamiento de sus alumnos a los libros. Esta es una actitud no admitida en la escuela tradicional, que si bien proponía un accionar modélico, este debía ser la encarnación acabada y sin grietas de aquello en lo que se pretendía instruir al alumno, y por tanto nada más lejos de él y de la realidad.

Considero que el docente no debe ser el adulto que establece de manera unilateral lo que debe o no leer el alumno. Desapruebo la figura del educador que conforma el canon literario escolar con un corpus de lecturas de la cultura oficial y que no permite el cuestionamiento ni el aporte por parte de sus alumnos, pero que además no admite para sí mismo otra forma que no sea la obediencia, que no consiente la postura crítica porque tampoco la practica.

Ejercer el papel de lector experimentado supone que el adulto debe despojarse de prejuicios y reconocer que cada alumno -en su camino de formación como lector- podrá realizar todas aquellas lecturas adecuadas a sus necesidades; por esto asumo indago en los intereses de los chicos y los insto a continuar leyendo, no desautorizo sus elecciones sino que aliento y muestra alternativas que vayan ampliando su universo de lecturas.

Las instancias de intercambio oral ven garantizada su permanencia por las siguientes características: se trata de actividades que se desarrollan libremente a partir de las necesidades, no como tareas escolares de carácter obligatorio, sino que permiten la participación voluntaria, motivos por los cuales los alumnos las perciben como algo natural. Curricularmente no representan instancias examinadoras de tipo tradicional en las que se le exigía al alumno dar cuenta en público de ciertos saberes; sino que el aspecto evaluativo se relaciona con el diagnóstico de preferencias, intereses, necesidades, dificultades, saberes previos; todos los aspectos que permiten corroborar los aciertos o reformular aspectos conflictivos del proyecto.

Contar brevemente, opinar de forma entusiasta, sugerir otros títulos, guiar la exploración de la contratapa o índice, remitir al dueño si no se conoce el libro, son estrategias sociales de lectura que ejecuto a diario y promuevo en los chicos, de tal modo que en poco tiempo se generalizan.

El docente es ejemplo del rol social de lector y por eso debe desplegar y propiciar en los chicos la práctica de los “derechos del lector” que Pennac(1) tan bien refiriera: a no leer, a saltarse páginas, a no terminar un libro, a releer, a leer cualquier cosa, al bovarismo, a leer en cualquier parte, a picotear, a leer en voz alta, a callarse.

Una actividad frecuente es la lectura en voz alta para el grupo de materiales elegidos de la caja por mayoría. He incorporado esta estrategia de lectura, puesto que recupera el placer de la escucha literaria, una forma distinta de relacionarse con el lenguaje estético y que revive las vivencias infantiles de lectura cercanas en lo afectivo. Esta brinda una posibilidad que la escuela descuida, en tanto que exige al alumno el rol de lector eficiente pero deja de brindarle a edad muy temprana la oportunidad de aprender del modelo de buen lector adulto. Los chicos se deleitan escuchando, preguntan lo que no entienden sin inhibiciones y se transforman en lectores a través de la lectura de otro. Subyace en esta práctica la concepción que Frank Smith (2) sostiene sobre la función del maestro: ayudar a los chicos a percibirse como lectores y escritores, pero también la de mostrar que el docente es “miembro del club”, en este caso del club de las personas lectoras. Lo que, sin lugar a duda, está en las antípodas de la tradición escolar que pretende que el chico lea y escriba, pero no participa de situaciones en las que los adultos leen o escriben con él, el alumno debe suponer que el docente es buen lector y escritor por el título y status que posee.

Evaluación del Proyecto:

Formar lectores es una tarea compleja, que requiere un profundo compromiso, un intenso convencimiento, una dedicación sin límites y una generosidad que la institución educativa no siempre está en condiciones de albergar.

Pero sobre todo exige como requisitos indispensables: pasión personal por la lectura, amor por los libros y respeto por los chicos.

No se forman lectores obligando, exigiendo, retando, censurando o prohibiendo. Sólo se logra contagiando. Sólo un docente que siente la lectura como una necesidad vital interior, y que la ejerce a diario de forma autónoma y desde la constitución única de su gusto lector, puede contagiar la vivencia.

Esa es la vivencia que se promueve en el “Círculo de Lectura”, los chicos leen porque se contagian -entre ellos y del docente- las ganas de leer, se cuentan sus vivencias, se despiertan curiosidad mutuamente, no se sienten presionados y evaluados negativamente, se sienten en libertad de abandonar el libro que no los satisface y de elegir otro y no ven trabas a la hora de criticar y de opinar.

El resultado es altamente positivo. La mayoría de los alumnos lee mucho más que el mínimo pautado y se forman en la frecuentación y conocimiento de títulos, autores, colecciones, editoriales, géneros; son capaces de valorar y apreciar el objeto cultural y comercial que es el libro y ejercer la lectura en forma autónoma.

Notas

(1) PENNAC, Daniel, Como una novela, Colombia, Norma, 1997.

(2) SMITH, Frank, De cómo la educación apostó al caballo equivocado, Buenos Aires, Aique, 1994.

Gabriela Monzón

jueves, 22 de febrero de 2007

PARA PROMOVER LA LECTURA…

Introducción
El día 9 de noviembre de 2004, un grupo numeroso de docentes de Lengua y Literatura de los departamentos Victoria, La Paz, Diamante y Paraná de la provincia de Entre Ríos, participaron del Taller Para formar lectores, en principio: libros en el Consejo General de Educación en la ciudad de Paraná. Este taller -primer paso en la conformación del Plan Provincial de Lectura- supuso una instancia de reflexión e intercambio acerca del rol de adultos lectores y mediadores entre los chicos y los libros.
Asumiendo la responsabilidad en la formación de lectores, se establecieron algunos acuerdos que yo -quien coordinaba el encuentro- esperaba hacerles llegar en una versión final, pues tendrían a cargo la puesta en marcha de situaciones de lectura que vincularían a sus alumnos con la Dotación de Libros para la Escuela Media que el Plan Nacional de Lectura hizo llegar a las escuelas del país.
Sin embargo, y tristemente, suele suceder que los esperanzados intentos de llevar adelante transformaciones que nos saquen de nuestro solitario batallar individual, se frustran cuando prevalecen los obstáculos burocráticos, por lo que no fue posible que dicho material llegase a sus manos.
Por este motivo, me parece justo que el trabajo serio y comprometido de los docentes que en esa ocasión se reunieron, llegue a otros y no sea sólo un archivo que no pudo difundirse adormecido en mi PC.
Para todos los mediadores comprometidos con la lectura aquí van algunas ideas sobre la lectura un poco mías y un poco de todos, pero también algunas pautas generales de promoción de la lectura literaria en la escuela, propuestas por ellos a las cuales di forma…
Algunos acuerdos
Cada docente conoce las instituciones en que desarrolla su labor, la comunidad en que está inserta y sus alumnos; por lo que estas pautas son adaptables en relación con el diagnóstico que el profesional realice en su cotidiano hacer.
Sin embargo, hay ciertos principios que la incorporación de la lectura literaria en el ámbito escolar supone. Asumir un rol comprometido con la formación de lectores, implica ser conscientes del impacto que la literatura produce en el sujeto, en la construcción de su subjetividad, su identidad, su vínculo con el mundo, haciendo posible el pensamiento y la creatividad. La literatura genera la capacidad de interioridad, de identificación y de reconocimiento como persona a través del lenguaje.
Esto también necesita de una imprescindible distinción en cuanto a nuestras funciones dentro del espacio curricular Lengua y Literatura, puesto que la complejidad de nuestra labor y del particular objeto de estudio que nos ocupa, hace en ocasiones que al privilegiar un aspecto sobre otro -por muy lícitos que sean los motivos- privemos inintencionadamente a los chicos de una experiencia vital para su desarrollo como personas.
No sólo debemos posibilitar el desarrollo de competencias en los procesos de lectura y escritura de diversidad de discursos sociales sino brindar el acceso a la literatura como parte del patrimonio cultural, y esto supone un abordaje selectivo (de acuerdo con el marco pedagógico y los lineamientos que la provincia o el país estipulan para la educación, el contexto y los saberes previos) de los planteos conceptuales que la lingüística y la teoría literaria -así como otras ciencias del lenguaje- aportan.
Sin embargo, en estrecha relación con lo anterior aparece la función de contribuir a la constitución de un sujeto para el cual la lectura sea necesaria, vital e imprescindible; una persona para quien leer se constituya en un modo de ser; sujetos lectores asiduos, gozosos, independientes, críticos, apasionados.
Pero, para hacer posible esto no hay otro camino que ayudar a que nuestros alumnos descubran la posibilidad de la lectura, esto quiere decir que debe haber -sí o sí- una sensibilización hacia la lectura literaria, un proceso ininterrumpido que parta desde el Nivel Inicial y se prolongue hasta el fin de la Escuela Media, proceso continuado de lectura: mucha y variada, cómoda y sin presiones, porque sí y para nada, placentera y personal; pero acompañada, compartida, aconsejada, contagiada.
Eso supone restituir la lectura en la propia experiencia del adulto; porque obviamente no se puede dar lo que no se tiene, no se puede contagiar el placer del texto si no se lo ha disfrutado. Si no se le encuentra la vuelta para darle un tiempo fuera de la escuela, es poco probable que nos sea posible instalarla dentro de ella. Descubramos con los chicos, juntos, nosotros y ellos, en el mismo espacio y en el mismo tiempo que esto es posible.
Las propuestas de actividades en relación con la lectura literaria no deben tomarse como consignas obligatorias, ni como tarea o forma de “examinar”, sino como otros modos de acercamiento y contagio de la experiencia. En relación con la formación de lectores el aspecto evaluativo se vincula con el diagnóstico de preferencias, intereses, necesidades, dificultades, saberes previos, proceso de construcción de un gusto lector, posibilidades que brindan algunas propuestas o impacto que tienen; siempre con la finalidad de guiar al docente en la toma de decisiones para propiciar el acercamiento de los chicos y los libros.
Pautas generales para la promoción de la lectura:
• Primero que nada: leerlos nosotros, explorarlos, conocerlos.
• Presentar “en sociedad” los libros, no sólo para los alumnos o los docentes de lengua, sino para la comunidad.
• Llevar el material a las aulas para descubrirlo junto con los chicos: mirarlos, tocarlos, explorarlos.
• Mostrarlos en exhibidores de cartón duro, en mesas de libros.
• Sugerirlos a otros colegas, invitarlos a la “presentación” de los libros.
• Generar un pacto institucional por el que los materiales estén disponibles en todo momento para los alumnos.
• Retomar espacios/tiempos de lectura en la escuela.
• Flexibilizar los espacios/tiempos ya ganados.
• Tomar posesión de nuestra escuela adoptando nuevos espacios: patios, galerías, biblioteca, salones; así como lugares accesibles de la comunidad: plazas, baldíos, etc.
• Organizar talleres de lectura.
• Crear jornadas de lectura institucionales y con la comunidad.
• Aprovechar los materiales ya existentes junto con los nuevos.
• Leerles (nosotros) a los chicos en voz alta.
• Invitar a los papás a que compartan con nosotros la lectura, a alumnos de otros cursos que deseen ir a leer a otros más chicos o viceversa.
• Invitar a la libre elección de los libros.
• Implementar el préstamo para la casa pues a menudo la lectura áulica no es suficiente.
• Leer (nosotros o ellos) voluntariamente textos al azar de las antologías.
• Proponer la lectura de los libros en las horas libres.
• Con los libros ilustrados: mirar los dibujos y desde allí imaginar la historia, leerlas, comparar anticipaciones.
• Organizar rondas de comentarios, desde lo voluntario progresando hacia roles más participativos.
• Elegir un título del índice, leer el primer párrafo o verso y luego dar ideas acerca de qué trata, concluir la lectura, comentar las anticipaciones.
• Jugar a identificar géneros de textos leídos por algún alumno.
• Proponer el rastreo de otros títulos de los autores que más les interesaron.
• Sugerir a los chicos que propongan textos para una nueva selección de lecturas.
• Realizar afiches publicitarios sobre obras y autores que más los convocaron, para contagiar las ganas de leer.
Gabriela Monzón

Historias de lecturas II

Estas vivencias pertenecen a alumnos con los cuales en algún momento coicidimos en el devenir de las aulas y me confiaron sus encuentros y desencuentros con la lectura...

  • "Mis experiencias con la literatura no han sido malas, salvo una vez. Era en el Círculo de Lectura, escogí un libro que me gustó por su contratapa; al leerlo disfruté de él, fue apasionante, era una novela relacionada con la vida real. Fue una de las pocas veces que quedé satisfecha al leer en el Círculo… Al finalizar el trimestre como todos los años se hacía una prueba sobre la novela leída; [...] tuve que hacer cinco veces el mismo trabajo, cambiando mis palabras por las que a la profesora le gustaban. Y en la última entrega con todas mis ideas derrumbadas, y la profesora cansada de leer tantas veces el mismo trabajo,... lo aprobó."

  • "A mí me pasó algo positivo en tercer año cuando leí Mi planta de naranja lima, porque yo siempre me preguntaba ¿cómo puede ser que haya personas que se pongan tristes al leer un libro? Y cuando leí este libro, no sólo me causó tristeza sino que hasta lloré y en ese momento descubrí que los libros no sólo se leen, también se sienten."

  • "Yo nunca leía. Ahora leo cada tanto, pero lo que me gusta. Creo que no leía porque no encontraba el autor que satisficiera todas mis necesidades, que escribiera y dibujara todo lo que quería leer y ver. Por eso leía sólo historias de detectives [...] y todavía me gusta leerlas. Pero hace un año y medio más o menos me encontré lo que durante tanto tiempo había buscado, algo que cumpliera todas mis reglas. Así, por la sugerencia de una conocida me enamoré de Tolkien, en principio por los dibujos, después leí un libro, y ahora no paro más."

  • "En las vacaciones del año pasado leí El amor en los tiempos de cólera, fue una experiencia única, que no podré olvidar. Fueron sentimientos confusos, agradables y no. Agradables porque conocí una historia espectacular y además porque descubrí una forma o un estilo diferente de escribir. Esto último me atrapó totalmente, porque era como si me trasladara en el tiempo de un instante a otro, lo cual hacía más atrapante la historia. Pero, por el contrario, esta experiencia no me agradó al darme cuenta de que yo no podía escribir ni siquiera tres palabras que concuerden."