viernes, 12 de marzo de 2010
martes, 9 de marzo de 2010
Trailer de La bestia, sobre la bellísima novela de Alex Flinn
Acá les dejo el trailer (BUENÍSIMO, por cierto) de la adaptación cinematográfica de la novela juvenil La bestia de Alex Flinn que en algún momento reseñé, y además ponderé muchísimo...
No puedo esperar a verla, aunque la chica no es de mis actrices más queridas precisamente, han acertado con el chico bonito...
Seguimos disfrutando de fragmentos de "La letra muerta", de Juan Domingo Agüelles
Como comentara en otra entrada, el talentoso
amigo mexicano Juan Domingo Argüelles, tuvo la gentileza de enviarme su libro
La letra muerta. Tres diálogos virtuales sobre la realidad de leer, y en estos
días me hallo disfrutádolo, paladeándolo para ser exacta, pues es un manjar que nos deja pensando y no puede ser
devorado de un golpe.
Antes de tener el libro posteé un fragmento
"Fundamentalismo y ortolectura",
y acá les dejo algunos segmentos que me parecen verdaderos bocados
deliciosos por su contundencia, agudeza y claridad.
Valgan para despertarles a Ustedes el
apetito...
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"[...] No es que se lea menos, es que las formas de leer se han modificado. Los weblogs están llenos de personas que comparten reflexiones sobre lo que están leyendo. Esas personas leer libros, revistas, diarios y diversa variedad de impresos, pero también leen la producción generada en la red misma. Creo, con toda evidencia, que ahora existen mayores posibilidades de lectura, y que la que ofrece la red no es desdeñable.
El libro se ha visto beneficiado con todo esto. Los que piensan que internet acabará con la lectura de libros, o son ingenuos o no son lectores de libros. [...] Además, por cierto, en la red circula una enorme cantidad de texos que la gente intercambia y, por supuesto, lee. Esto también es lectura. ¿Desde cuando la única lectura legítima es la que se hace en libros de papel?" (págs. 58.59)
"[...] la escuela está muy lejos de formar lectores. Da la impresión incluso de que este objetivo no le interesa. Los que han formado lectores en las escuelas son algunos profesores, de manera individual y por su propia pasión lectora. En cambio, la escuela como institución sigue interesada en los grados, la meritocracia y el currículum que en desarrollar las capacidades y potencialidades de la duda, la reflexión, el placer de descubrir y todo lo que se ha dado en llamar la inteligencia emocional que no es otra cosa que el gusto de aprender, poner en práctica y compartir lo aprendido sin ningún tipo de coacción." (pág. 52)
"Quien piense que, a través de un interrogatorio, puede decubrir toda la verdad íntima de un adolescente, o es ingenuo o se está engañando a sabiendas. Todos tenemos derecho a preservar nuestra intimidad, y el ordinario interrogatorio sobre las experiencias de lectura es abusivo e invasivo. Cierta psicología autocomplaciente, fundada en la revelación pública de lo privado y de lo íntimo, ha hecho mucho daño en todo esto, y no ha aportado gran cosa para comprender que no hay obligación ni beneficio en estar revelando todo el tiempo los componentes del mundo íntimo. [...]
Quienes nos dedicamos a promover la lectura y a tratar de compartir la experiencia de leer, debemos asumir la necesidad de conocer algo más que de los libros y las teorías de los libros: antes que de cualquier cosa, la condición humana, cuya esencia asoma siempre en nuestras reflexiones, dudas, cuestionamientos, cuando realmente nos interesa saber y no simplemente conformarnos con lo que creemos que sabemos." (págs 42-43)
"Mi propuesta es harto simple, sin que por ello tenga que ser simplista: si en vez de insistir dogmáticamente en la lectura de libros como panacea de todo, compartiéramos con los demás las virtudes del diálogo, la duda, el pensamiento, la reflexión y las emociones, leer libros vendría como una consecuencia maravillosamente natural, porque las dudas y las reflexiones, nos llevan a los libros y los libros, a su vez, nos regresan al diálogo, el pensamiento, la reflexión, las emociones y , por supuesto, el aumento creador y creativo de las dudas." (pág. 26)
"Sigo pensando, con Alberto Maguel, que la proporción de lectores con respecto al resto de la sociedad seguirá siempre muy pequeña. Esto no ha variado significativamente con el paso de los siglos: cada día aumenta el número de lectores, pero proporcionalmente se incrementa también la población mundial. Los lectores fueron minorías en los siglos XIX y XX, y siguen siendo minoría hoy. Manguel tiene una frase espléndida cuyo propósito es liberarnos de la angustia que puede producirnos esta realidad: 'Los lectores son una élite, pero una élite a la cual todo el mundo puede pertenecer'. Es de una sabiduría extraordinaria. " (pág.54-55)
miércoles, 10 de febrero de 2010
Insólito consejo para este blog, ¿no creen?: "Queridos jóvenes, es mejor no leer", de Alessandro Baricco
Andando los caminos de la web me topé con este texto interesantísimo, polémico y genial del escritor italiano Alessandro Baricco, al cual llegué -en realidad- a instancias de lo leído en el artículo de mi estimado colega mexicano Juan Domingo Argüelles, que habrán posido apreciar en una entrada anterior.
Se los dejo para pensar y opinar...
____________________
No tengo
ninguna duda que el placer de leer, así como la cultura del libro, están
fuertemente relacionados a una derrota. A una herida y a una derrota. Sobre los
libros, no tengo dudas. Sobre la música, teatro, cine, puede ser más
problemático.
Leer es siempre la revancha de alguien que en
la vida fue ofendido, herido. Me parece que leer libros es una manera
inteligentísima de perder. Relacionado a una especie de renuncia a combatir
sobre el campo. No sé si esto tiene alguna relación con la "humanidad ofendida",
de la cual escribía Adorno. Sé que la gente de libros es, por lo general, gente
que sufre.
Existe una tendencia a ser sumergido por esta
sensación de desequilibrio. Y es verdaderamente peligrosa.
Lo que pensaban de la novela en el siglo 19
las personas de buen sentido, es decir, que era peligrosa, es verdad; y está
bien que en el origen de la novela así haya sido percibido. Lo entendieron rápidamente
los médicos que prohibían a sus esposas la lectura de novelas, en la pureza
áurea de aquel objeto --la novela-- entendían una cosa que a nosotros
actualmente nos parece ridícula. Pero era verdadera en aquel entonces y
permanece como algo que tiene que ver también hoy con la experiencia de leer.
Para ser prácticos, veo a estos muchachos de
16 años que pasean, y que han leído todos mis libros, o bien demasiado Kafka o
demasiado Dostoievsky. Los veo. Y cuando me preguntan qué deben hacer, sólo una
cosa me llega a la cabeza: "Váyanse a jugar con el balón, tiren los libros,
paseen. Córtense los cabellos, píntenselos de verde. Hagan algo. Busquen estar
en el adentro. No afuera. Después de ello, regresen a los libros, por caridad,
pero no se dejen imbuir".
Si pienso en los jóvenes de hoy, en lo que
leen y lo que no leen, y si desde nuestra experiencia de Tótem puede surgir
alguna luz sobre esto, me vienen a la cabeza algunas cosas.
Antes que nada, se necesita una gran
disposición de nuestra parte para entender que la geografía del sentido de
estos jóvenes es objetivamente distinta de la nuestra. Y no por un proceso de
"vulgarización" o "denigración" de aquello que es noble. En
lo absoluto. Será noble como la nuestra, pero será distinta.
No se puede pretender que los Quartetti de
Beethoven cubran, en la geografía de la inteligencia de estos jóvenes, la misma
parte que han cubierto en la geografía de nuestra inteligencia. Y no precisamente
por un proceso de degradación. No, simplemente porque la geografía cambia.
Si nosotros, cada vez que se pierde un pedazo
de la geografía que nos ha generado, nos ponemos a pensar que ésta es una
pérdida estéril del mundo, y si nosotros debiéramos ser así de idiotas para
pensar esto en un modo apriorístico y dogmático, no se abrirá jamás un diálogo
con estos jóvenes.
Debemos
entender que su geografía será igual de noble que la nuestra, y además podría
ser más noble, si no existiera ningún vestigio de la nuestra.
Allá donde en nosotros existía un puerto, en
ellos no existe nada.
Han dejado
todo al nivel del suelo para dar vida a un gran estacionamiento. Y nosotros
debemos tener una gran e inmensa inteligencia para no despreciarnos por el
hecho de que hay un estacionamiento donde había un río, sino entender, antes
que nada, toda la geografía. Y pensar -casi como un acto de fe- que nuestra
geografía será igual de noble que la de ellos. Porque de hecho es así. Porque a
final de cuentas, en los últimos Quartetti, ¿qué criticaba Beethoven? Era el
mundo en movimiento. Después, la forma en la cual se puso en movimiento, porque
nunca estuvo en nuestras manos elegir dicha forma.
La única cosa que debemos odiar es la
inmovilidad. Porque es la muerte, es la dictadura, es el mundo en pausa.
Pero si el mundo comienza a vibrar,
necesitamos después, de vez en vez, entender la forma de esta vibración, que no
podrá ser siempre la misma.
El problema de la lectura, a final de cuentas,
es esto. Si partimos del supuesto de que cada joven que no lee es una pérdida
para la civilización, partimos de un supuesto erróneo. Estúpido. No es del todo
cierto que, dentro de 150 años, la lectura será el modo, la forma más apta para
la creación de sentido, para aprehender la vitalidad de lo real. Sin embargo,
¿esto quiere decir que no se puede hacer nada, que no podemos hacer nada, para
transmitir a un joven el sentido de aquello que para nosotros es noble? Nada en
absoluto. Nada es grandioso si uno no es capaz de explicar el porqué lo es.
Si los Quartetti de Beethoven son grandiosos
sólo porque son los Quartetti de Beethoven, y uno no parte de cero, y no sabe
explicar el porqué, aquella grandeza está acabada. Deviene en una imposición, justo
a lo que un joven siempre se rebela.
Cuando los jóvenes se rebelan a la lectura
únicamente porque les viene dada como un valor inexplicable, porque es mejor
que jugar Playstation, es necesario
preguntarnos si alguno les ha explicado de manera convincente por qué es mejor.
Aparte de que se trata, evidentemente, de una cuestión abierta --no sabemos
todavía bien qué cosa sucede en aquel nuevo mundo de mensajes visivos,
sensibilidad, velocidades distintas a la nuestra--, es por eso que los jóvenes viven
la lectura como una agresión a sus valores. El libro y el videojuego desde el
inicio resultaron contrapuestos. Entonces, o estamos en condiciones de
explicárselos, o bien estamos haciendo algo que los alejará más.
En cambio, el desafío es que a alguien que
juega con el Playstation le cuentes el Cyrano, y que, de pronto, te escuche.
Pero no le puedes decir: "¡Ve al teatro! A ver un Cyrano de Bergerac
doctísimo y aburridísimo". Así, nos la jugamos todos, ¡uno después del
otro! Esto nos ayudará también a
entender qué cosa está todavía viva y qué cosa está muerta. Cuando, en
resumidas cuentas, no puedo explicar a los jóvenes en la escuela Holden, por
qué creo que El hombre sin atributos de Musil es un libro para leer, cuando
advierto que me canso cada vez más, que cada vez tengo menos credibilidad, y
que no logro convencerlos, no sólo quiere decir que no soy lo suficientemente
bueno. Sugiere también que quizás, en la nueva geografía que está naciendo, El
hombre sin atributos no es un libro importante. Esto es algo muy probable, de
lo cual no debemos espantarnos. No lo digo para provocar. Los músicos que
Rossini admiraba en su oficio se llamaban Mozart, Haydn, pero otros tenían
nombres que hemos olvidado por completo. Las geografías cambian. Quizá El
hombre sin atributos no es importante por siempre.
Lo ha sido
para mí, para mi generación, pero cuando se comienza a no saber explicarlo,
cuando percibes que no te creen, es mejor buscar entender qué cosa está
pasando, cuál es la nueva geografía que está naciendo. Y prepararse para tomarla.
__________________________
Me parece sumamente valioso el concepto de "nuevas geografías" y la idea de que si no puedo explicar por qué algo es bueno, es que quizá deba empezar a pensar que es bueno para mí y no para otro.
Cuando no podamos ya comunicar a un niño, o a un adolescente, o a un adulto, por qué es desable leer un libro que a nosotros nos parece capital, tal vez quiera decir que algo nos está pasando..., tal vez debamos renunciar a hacerlo y empezar a adaptarnos a esas nuevas geografías en las que el otro vive.
Maravilloso.
domingo, 7 de febrero de 2010
Gone, de Michael Grant
Hace un tiempo hallé la reseña de
este libro en el blog El Cazador
de libros de Javier Ruescas, quien lo había
leído en inglés, y me llamó mucho la atención porque otra vez salía al ruedo la
ciencia ficción para jóvenes. Aún así, enterarme de su existencia me despertó
más que un rezongo puesto que, como todos sabemos, las ediciones al español
tardan bastante.
Así las cosas, y como es posible que
no tengamos que esperar eternamente sino que quizá ya este año 2010 la novela sea
por fin publicada en nuestro idioma, decidí hacer la crítica, pues la verdad es
que ansío de mil amores poder ir a la librería y volver con la misma a casa.
Devoré Gone -el primer tomo de lo que va a ser una saga- en dos días… y
debo decir que me pareció a-lu-ci-nan-te.
Si bien debo aclarar que para quien,
como yo, haya leído Stephen King -el viejo y querido King, el de Los Tommyknockers, el de Desesperación, el de Posesión, el de Apocalipsis-, la novela de Grant le traeré muuuuuchos recuerdos.
Claro que Grant escribe para jóvenes y King no es un autor “para jóvenes”, al
menos no me parece que los chicos actuales lean King aún cuando muchos de ellos
aman cualquier bazofia terrorífica que produzca el cine. Y lo digo
respetuosamente, sin el más mínimo afán de menospreciar sus lecturas, aunque en
cuanto a cine de terror tengamos serias discrepancias.
Ahora bien, Grant debe haber leído a
Stephen, podría apostar lo que sea a que es así. Hay en el modo de construcción
de la trama y en la trama misma un estilo heredero directo de nuestro querido
autor de Maine.
¿De qué va la cosa?
De un tipo de historia que está
entre mis debilidades (uno siempre tiene alguna), pues una cosa que adoro son
los relatos post-apocalípticos, es decir, en los que sucede “algo” y sólo queda
un grupo de humanos que deben sobrevivir cuando todo el resto ha desaparecido.
Y este es uno de esos casos…
De buenas a primera en un día común
de un pueblito americano todas aquellas personas que tienen desde 15 años en
adelante desaparecen. Sí, tal cual, se desvanecen sin siquiera un plop ante la mirada anonadada -cuando no
aterrada- de niños y adolescentes. Casas, oficinas, autos, escuelas, todo ha
quedado abandonado. Bebés, infantes y
chicos de hasta 14 años esperan en el sitio en que se hallaban, vagan sin rumbo
o lloran desesperados con la esperanza de que los adultos vuelvan. Y en el peor
de los casos sobreviven a duras penas a algún terrible accidente, si es que lo
logran.
Sam, Quinn y Astrid están en clases,
y por simple cuestión de solidaridad, unen fuerzas y salen a comprobar -aún
sabiendo la horrenda respuesta- si sus padres se hallan en algún lado. A ellos
se suma luego Edilio quien es el único que reacciona para ayudarlos cuando un incendio
atrapa una niña en un edificio. Juntos deciden buscar el hermanito autista de
la chica, Pete, a quien -al principio- no hallan por ningún lado. Cuando van al
lugar en que la mamá suele jugar tenis hacen un nuevo y horroroso
descubrimiento: que el pueblo se halla atrapado dentro de lo que parece un
campo de fuerza reflectante, el cual limita de manera indefinida tanto hacia el
cielo como hacia lo profundo de la tierra y el mar no sólo el poblado, sino una
gran extensión a su alrededor cuyo centro parece ser la planta nuclear que
abastece de energía al lugar.
Pero esto no será lo único
espeluznante que suceda, pronto notarán que muchos de ellos, incluso antes de
que el evento sucediera, han empezado a desarrollar extrañas habilidades:
telekinesis, fuerza extraordinaria, teletransportación, capacidad de generar
luz o fuego, poder para sanar heridas y multiplicidad de otros “dones”. A lo
que se sumarán mutaciones extraordinarias y más que inquietantes en los
animales: coyotes maléficamente inteligentes que hablan una lengua un tanto
elemental, serpientes aladas, gaviotas con garras de halcones. Y si de cadena
de horrores se trata, a veces cuando las cosas parece que mejorarán lo que hacen
realmente es empeorar: los acaudalados y extravagantes chicos de la academia
privada que se halla fuera de la ciudad llegan en sus lujosos coches y lo que
parecen generosas intenciones de organizarse cooperativamente y ayudarse
mutuamente a cuidar de los más pequeños termina transformándose en una dictadura
y luego una guerra.
Pronto descubrirá el lector que
quizá todo tenga un sentido, que lo que sucede no es un accidente fortuito sino
que una inteligencia maligna, poderosa y no humana está fraguando los eventos.
No sólo se podría encuadrar la
novela en el género de la ciencia ficción, sino que bordea ampliamente el
terror. El lector se entera como al pasar de que, décadas atrás aconteció un
misterioso accidente: un meteorito impactó en una de las torres de la planta
nuclear y dada la velocidad de la colisión y el calor generado por la fricción
se dijo que el uranio contaminante había sido sepultado a kilómetros bajo
tierra a la vez que aislado con cemento. En ese contexto, y tras el evento de
las desapariciones, una niña llamada Lana sobrevive a un accidente y, más
tarde, en el desierto halla en las profundidades insondables de una mina de oro
abandonada, una extraña entidad a la que los coyotes llaman la Oscuridad, por lo que el lector
puede fácilmente conectar los puntos.
Y no me dejan de pasar por la mente
eventos de los libros que mencionara de Stephen King: tanto Posesión como Desesperación involucran una antiquísima entidad maligna que es
desenterrada de una mina, la misma produce mutaciones y extraños poderes en las
personas, un niño autista es uno de los receptores de este ser que actúa a
través de él, y hay animales que se vuelven malignos: lobos, coyotes, arañas.
Imposible no establecer el paralelo con lo que sucede en Los Tommyknockers cuando en
el pueblito de Haven una mujer empieza a desenterrar una extraña nave en el
bosque, lo que desencadenará una serie de eventos paranormales a la vez que el
aislamiento del pueblo por un campo de fuerza; el primer hecho de la novela que
me viene a la memoria es la desaparición de un niño que su hermano realiza accidentalmente
al utilizar un juego para practicar magia. Y por supuesto que no queda afuera Apocalipsis, cuando la gripe elimina a
la humanidad entera, y en cada pueblecito o gran ciudad sólo quedan unos pocos
sobrevivientes que se van encontrando y uniendo las fuerzas en dos bandos
claramente identificables.
Espero impaciente la publicación,
ojalá que sea pronto, y quizá mi vaticinio de que están apareciendo buenísimas
novelas de ciencia ficción para jóvenes no esté tan errada.
100% recomendada. Imperdible.
Sobre el autor:
Michael Grant
es uno de los co-creadores y autores de la serie Animorphs. Criado en una
familia de padre militar, asistió a diez escuelas en cinco estados, así como a
tres instituciones en Francia. Confiesa que como adulto él se hizo escritor en
parte porque “era uno de los pocos empleos que no le atarían a un lugar
específico”. Actualmente vive en Irvine (California) con su esposa,
Katherine Applegate (también co-escritora de la serie Animorphs y de la serie
Eternia que ediciones B publicara en español hasta el libro 3), dos hijos y un
montón de animales domésticos.
Mención desde Colonia (Alemania) a mi reseña de Sally Lockhart , gentileza de Ricardo Bada
En el blog que Ricardo Bada -gentil escritor y periodista español residente en Colonia (Alemania)-hace para FONTERAD publicación periodística on line española, se halla mencionada la reseña que hiciera de las novelas del prolífico y genial Philip Pullmann: la serie de Sally Lockhart.
¿Por qué? Pues porque nuestro amigo, buscando en Google datos sobre los libros que dieran origen a la serie de tv de la BBC, halló mi querido ¡Piezas de a ocho!
Gracias, Ricardo, por la amabilidad.
Y un abrazo desde las costas del Paraná a quien se halla a Orillas de Rhin...
viernes, 5 de febrero de 2010
Shiver (Temblor), de Maggie Stiefvater
Leí hace un tiempo
ya esta novela y me sentía francamente mal pues debía la reseña que bien la
tiene merecida.
En este caso,
se trata de otro título que pronto hallará continuación, que se viene a unir a
la multitud de historias de romance sobrenatural para adolescentes que ha
inundado los anaqueles… Y en mi opinión debe su fenomenal abundancia a la magnífica
Stephenie Meyer, al menos en el sentido de que las editoriales -bien reacias a
publicar aquello que no supongan vaya a ser éxito- están apostando a sacar a la
luz un caudal inagotable de relatos dirigidos a los jóvenes -muy especialmente
jovencitas y otras que no somos tanto pero tenemos un tierno corazón- que
leyeron Crepúsculo y se enamoraron. Aclaremos sin duda que este fenómeno se da
prioritariamente en inglés, no en español, idioma en que los libros tardan años
luz en ser editados. Así las cosas, lenta, lenta, lentísimamente, van arribando
al mercado español al menos, ya que no al latinoamericano.
Así las cosas,
en este caso debo sacarme el sombrero ante una novelita que leí de un tirón, y
me pareció dolorosamente dulce, terriblemente tierna, apasionante y
entretenida, y sin duda creo que tendrá sus más aguerridos fans en los que
pertenezcan al “team Jake”.
Para seguir en
carrera con los amores inter-especies, en este caso la cosa se da entre humanos
“normales” y otros que se transforman en lobos.
Una
adolescente llamada Grace que sufriera el ataque de una manada de lobos cuando
era una niñita- hecho del que no tiene recuerdos muy precisos- siente una
extraña fascinación por ellos, incluso ha pasado toda su vida observándolos
cuando llega el invierno y a su vez siendo observada desde el bosque que se
halla al final de su patio. En el grupo se destaca un ejemplar al que ella
llama “su lobo” e identifica por sus insondables ojos dorados.
A raíz del
ataque por parte de una manada, que sufre un adolescente hijo de los poderosos
de la zona, se organiza una batida en el bosque y Grace enloquece de espanto sabiendo
que puede ser demasiado tarde para sus amigos, y aunque intenta detenerla no lo
logra.
Al volver a su
hogar halla un muchacho desnudo y herido arrastrándose desde el bosque y al ver
su rostro no duda de que se trata de “su lobo”, por lo que sin dudarlo lo auxilia
y lo lleva al hospital.
Desde ese
momento las cosas se precipitarán ya que Grace, quien se siente misteriosamente
unida al muchacho al que ayudara, se verá involucrada en un mundo que funciona con
otras reglas y descubrirá la identidad de quien fuera su salvador cuando
pequeña, sino qué misterios oculta la manada, qué sentimientos humanos la
motivan y qué rencores han desatado los últimos acontecimientos sucedidos en su
pueblo. Su vida, que había transcurrido en la soledad, junto a unos padres
indiferentes y escasamente involucrados en su existencia, de los que se sentía un
tanto protectora dada su incapacidad de asumir responsabilidades, se verá
sacudida de raíz, ya que ha encontrado a quien amar y no sólo es correspondida,
sino que se trata de la persona más maravillosa que pudo haber conocido. Sin
embargo puede que su amor esté condenado, pues el frío del invierno se va
acercando y quizá este sea el último año en que Sam haya podido cambiar a
humano.
Decididamente,
es una historia preciosa, atravesada de una intensa melancolía pues Sam debe
batallar cada minuto por permanecer junto a quien ama, atrapando lo que supone
pueden ser sus últimos momentos humanos.
Desgraciadamente
-pues es la única cosa que siempre he odiado de los hombres lobo- la
transformación que decide la autora para sus personajes es un proceso doloroso
y sufrido, nada del cambio mágico e instantáneo que crea Stephenie para sus
chicos lobos quileutes. Aún así… léanla, léanla, léanla…
Sobre la autora
Maggie
Stiefvater, escritora, ilustradora y música americana, es una
autora de literatura para jóvenes adultos.
Vive, según
sus propias palabras, una vida excéntrica en el medio de la nada de Virginia,
con su marido, dos pequeños niños, dos perros neuróticos, un gato insano de
manera criminal y un Camaro de ‘73 llamado Loki.
Su libro más
conocido a nivel internacional es Temblor,
aunque tiene publicada una serie de otras novelas, A gathering
of faerie, todavía no editadas en castellano.
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